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María Dolores de la Puerta, especialista en medicina integrativa: «Cuanto mejor esté tu microbiota, más feliz, generoso y empático serás»

Ese conjunto de microorganismos del intestino influye de forma importante en cómo sentimos

María Dolores de la Puerta, especialista en medicina integrativa: «Cuanto mejor esté tu microbiota, más feliz, generoso y empático serás»

María Dolores de la Puerta | Instagram

La microbiota intestinal lleva años ocupando titulares por su relación con la salud digestiva, el sistema inmunitario o el metabolismo. Pero ahora, la conversación científica se desplaza hacia un terreno más sensible, la personalidad y las emociones. Para la especialista en medicina integrativa María Dolores de la Puerta, el estado del ecosistema intestinal podría influir en cómo nos sentimos y cómo nos comportamos. Su afirmación es clara, «cuanto mejor esté tu microbiota, más feliz, generoso y empático serás».

El hallazgo clave, diversidad bacteriana y bienestar emocional

La base de esta hipótesis se apoya en la idea de que existen patrones de microbiota asociados a formas de ser. Según explica la experta, uno de los primeros hallazgos fue la relación entre diversidad microbiana y bienestar emocional. Cuanto más rica, variada y estable es la microbiota, mayor parece ser el bienestar general y por lo tanto la sensación de felicidad. En este perfil se situarían personas más alegres, empáticas y con mayor tendencia a la generosidad. La comparación que se utiliza es ecológica, un sistema diverso es más fuerte y, por tanto, más estable.

En el extremo contrario aparecen los ecosistemas intestinales menos diversos. En estos casos, la estabilidad del sistema disminuye y, según la hipótesis planteada, también lo haría la regulación emocional. Se describen perfiles emocionales más asociados a la irritabilidad, el rencor o la envidia. No se trata de una relación determinista, pero sí de una posible correlación entre el estado del intestino y la tendencia emocional de la persona.

Microbiota

Uno de los conceptos clave para entender este enfoque es el eje intestino cerebro, un sistema de comunicación constante entre el sistema digestivo y el sistema nervioso. La idea central es que esta relación es bidireccional. El estado emocional influye en el intestino y, al mismo tiempo, el intestino influye en el estado emocional. No es un flujo en una sola dirección, sino un diálogo continuo.

El intestino tiene un papel relevante en la producción de neurotransmisores como la serotonina o la dopamina. De hecho, gran parte de la serotonina del cuerpo se produce en el entorno intestinal, lo que ha llevado a muchos expertos a considerar este órgano como un actor clave en la regulación del estado de ánimo. Cuando la microbiota está equilibrada, estos procesos bioquímicos tienden a funcionar mejor, lo que podría asociarse a una mayor estabilidad emocional y sensación de bienestar.

Un sistema en equilibrio que se retroalimenta

Otro de los puntos más controvertidos de esta visión es la relación entre pensamientos y bioquímica. Según esta interpretación, cada pensamiento genera una respuesta molecular en el organismo. Los pensamientos positivos se asocian a procesos antiinflamatorios, mientras que los pensamientos negativos podrían favorecer respuestas proinflamatorias. Esta idea refuerza el concepto de conexión estrecha entre mente y cuerpo, aunque sigue siendo un campo en investigación.

La relación entre microbiota y emociones no sería lineal, sino circular. Una microbiota sana favorecería estados emocionales más positivos, y esos estados emocionales, a su vez, contribuirían a mantener una microbiota equilibrada. Este efecto de retroalimentación refuerza la idea de que el bienestar no depende de un único factor, sino de un conjunto de sistemas interconectados.

Hábitos de vida como pieza clave del equilibrio intestinal

Más allá de la teoría, los especialistas coinciden en que factores como la alimentación, el descanso o el ejercicio tienen un impacto directo en la microbiota. Dietas ricas en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados favorecen la diversidad bacteriana. Por el contrario, el consumo habitual de ultraprocesados puede alterar ese equilibrio. A esto se suman el estrés, la falta de sueño y el sedentarismo, que también influyen en el ecosistema intestinal.

Aunque todavía se trata de un campo en desarrollo, esta línea de investigación plantea una lectura más amplia de la salud mental. El bienestar emocional no dependería únicamente de factores psicológicos o sociales, sino también de procesos biológicos que ocurren en el intestino.

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