THE OBJECTIVE
Opinión

Las drogas (malas) de Óscar Puente

«La peor droga que hay –eso sí quiero decirlo, y empezar por aquí- es la vanidad»

Las drogas (malas) de Óscar Puente

El ministro de Transportes, Óscar Puente. | Europa Press

No voy a insultar al señor ministro. Tengo entendido que colecciona insultos, los mete en cajitas y los enseña y alaba en fiestas de sociedad. Tanto el insulto como el elogio forman parte de lo mismo; un mendigo es también un millonario al revés, y por ahí podríamos seguir hasta el infinito. La peor droga que hay –eso sí quiero decirlo, y empezar por aquí- es la vanidad. Lo fundamental en cualquier gobierno, al igual que en la empresa más modesta, es el criterio de autoridad. Un ministro con sed de protagonismo no puede pasar por encima del señor presidente del Gobierno y de Su Majestad el Rey, en una crisis diplomática sin precedentes, por fardar de taleguilla, sacar jeta por las teles y enseñarle las fotos a la piba ocasional.

Toda la prensa nacional (a derecha a izquierda) desaprueba el comportamiento del señor Puente. Son injurias a granel, en estado puro, pero además gratuitas, porque ni él ni nadie saben lo que hace cada cual en su vida privada. Insulta gratuitamente el señor ministro Óscar Puente al presidente de la nación argentina, señor don Javier Milei, llamándole drogadicto y desaprobando con el brinco a sus mandos naturales y superiores: el propio presidente del Gobierno, el propio ministro de Exteriores, el propio rey de España, y aquí no pasa nada. El pueblo llano pide el cese, la destitución, la dimisión de este caballero que, día sí y día también, no deja de estar en la picota que él mismo se busca. Cierto día negó nuevamente al presidente Sánchez, cuando le recomendó dejar redes sociales tal y como las concebía el susodicho, una interminable bronca tabernaria, pendencia inaceptable con su cargo. Hoy desafía el señor Puente a toda autoridad superior, y ahorra toda rectificación o perdón inmediato. Desconoce lo que es un ministerio. Y un ministro cualquiera, bajo ninguna circunstancia, puede enemistar a un país con otro, además de su misma lengua, volviéndose faltón, orgulloso, prepotente y desafortunado.

La droga más barata es el insulto. Dicho afán de protagonismo es una barra libre, en horario 24/7, mirándose el jeto al espejo permanentemente y sin la menor atención ni escucha a los más cercanos (los primeros, quienes ahí lo pusieron). Editores vallisoletanos, compañeros de pupitre en educación básica y bachilleres macarras, fueron los primeros en decírmelo: «Con el primer cargo, nos dejó de hablar». A este señor en Valladolid lo conoce todo el mundo. Esta última chulería, esa bofetada todavía con marca en la cara ajena, debe pasarle factura. El sueldo incluye pensar dos veces antes de hablar, y vuelve a calentársele la boca fácilmente, cuando un mes atrás fue él quien sacó lo de las saunas del padre de Begoña Gómez, aludiendo a no sé qué investigación de los populares, y fuentes del propio PSOE pillaron el truco y la bolita antes de levantar el cubilete: «Este tío es el primero que quiere entrar en Moncloa. Se le ven los ojos hambrientos y los calcetines subidos». Salía rentable mencionar aquel informe del PP, real o falso, con tal de echar una última paletada sobre el hoyo recién abierto y vacío.

Fue el primero este caballerete, sí, en bautizar a THE OBJECTIVE como El Ojete, abrillantando su matonismo providencial, y disparando a continuación contra otras tantas cabeceras, creyéndose impune, absoluto, radical, ajeno a cualquier respeto mínimo o deontología elemental. Siguió con los bautizos, lengua larga y risa floja, y fue el primero en querer olvidar las saunas, cuando le pellizcaban por los tobillos, y poner a circular de inmediato otro artefacto: «Sánchez es el puto amo». Vive colgado de su misma equis, vive para escribir mucho en redes, porque se imagina un Trump de Valladolid con barba y sin gorra, mientras aspira al palacio monclovita, entre sorbos privados. Sus fotos en los toros con rubias son ya otra novela de estos días por esas mismas calendas. Ambos países y pueblos hermanos -redactan ahora desde presidencia y varias embajadas- quedan rotos por una lengua imprudente, viperina, ajena a todo protocolo y disciplina (nadie, con mayor o menor rango, puede repetir su escupitajo). Se ponen las primeras pomadas y ungüentos sobre la herida con temblor de todos los dedos en las negritas veloces («el Gobierno y el pueblo español seguirán manteniendo y fortaleciendo sus lazos fraternales y sus relaciones de amistad y colaboración con el pueblo argentino, voluntad compartida por toda la sociedad española») pero el daño ya está hecho y la sangre corre, barata y perversa dicha hemorragia.

Milei ingiere sustancias, según Óscar Puente, y acto seguido las balas cruzan el océano, donde se repudiaban las calumnias e injurias del ministro arrogante contra el presidente Milei. Guillermo Francos, titular homónimo de Interior en Argentina, no pudo ser más explícito por radio: «Si yo fuera Sánchez pediría la renuncia a Puente. Milei es el presidente democrático de la Argentina, un país de inmigrantes de España, que le dio cobijo a españoles y le dio cobijo a España cuando estaba mal. Acá hay montones de empresas españolas que han invertido. ¿Cómo puede ser que un personaje de esta calidad integre un gabinete, haga una declaración de esas características y no pase nada?». La droga más barata es la ignorancia. Un ministro raso, sin logros en su haber, no puede pasar por encima del presidente del Gobierno y del mismísimo Rey de España. Ni la voz del ojete (el pedo) resulta tan ofensiva a esos decibelios.

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D