El milagro que encoge en la cesta de la compra
«¿Cuántos meses de IPC al 3,4 % necesitamos ver antes de aceptar que el modelo de crecimiento tiene un problema?»

El lunes 14 de abril, el INE publicó el IPC de marzo: 3,4% de variación anual. Más de un punto por encima del dato de febrero. El Banco de España había proyectado, apenas una semana antes, que la inflación cerraría todo 2026 en el 2,1%. Ya hemos superado esa previsión en el primer trimestre del año. Si hay una cifra que resume la brecha entre el relato oficial y la realidad del día a día, es esta.
El Gobierno lleva meses celebrando el mejor ciclo económico en décadas. Estupendo trabajo de titulares que reproducen con alegría los acólitos: el PIB creció un 3,2% en 2025, el mercado de trabajo registra máximos de afiliación y el Banco de España acaba de elevar su previsión de crecimiento para 2026 al 2,2%, cuatro décimas más que en su estimación anterior. El nuevo ministro de Hacienda responde, ufano, a las críticas de Trump con un tuit. El consumo de los hogares, señalan los analistas, es el principal motor. Los españoles gastan. Lo que nadie añade es qué parte de ese gasto lo están financiando con precios más altos.
Desestructuremos el dato. El componente de Transporte se disparó en marzo al 5,3% anual, frente al 0,1% de enero, arrastrado por los combustibles. El epígrafe que recoge el gasto de las familias en los servicios básicos y los costes asociados a su vivienda habitual acumula un 3,7%. Salir se ha puesto imposible, con una subida de restaurantes y alojamientos del 4,7%. Y la inflación subyacente, la que excluye energía y alimentos frescos, la que refleja la presión de fondo sobre los precios, subió dos décimas hasta el 2,9%. Esta última cifra es la más incómoda para quien gobierna, porque no puede culparse al chivo del petróleo y el gas. Es la economía doméstica girando a demasiadas revoluciones.
El objetivo de inflación del BCE es el 2%. España lo supera en 1,4 puntos. La eurozona, en cambio, va convergiendo hacia ese umbral. El diferencial de inflación entre España y sus socios no es anecdótico; encarece nuestras exportaciones en términos reales, erosiona la competitividad y, sobre todo, devora en silencio lo que el crecimiento nominal prometa. Un PIB que crece al 2,2% mientras los precios suben al 3,4% no es crecimiento real, es pérdida de capacidad adquisitiva con etiqueta de éxito.
El Gobierno tiene su propia explicación: la fortaleza de la demanda es señal de salud económica. Es cierto, en parte. Pero hay un mecanismo que los gestores públicos prefieren no nombrar, y es que cuando el sector público gasta por encima de sus ingresos, como lo hace España desde hace veinte años, con una deuda que sigue en el 100,7% del PIB y que aquí hemos denunciado, inyecta demanda en la economía que el sector privado no ha generado. Esa demanda adicional empuja los precios hacia arriba. El gasto público puede comprar actividad a corto plazo; lo que no puede hacer es comprarse inflación gratis. Alguien paga la factura, y ese alguien es el consumidor que va al supermercado.
La subida de salarios, que en 2025 superó el 4% de media según la negociación colectiva, ha preservado el poder adquisitivo de muchos trabajadores. Pero esa misma subida, sin el acompañamiento de mejoras de productividad, se traslada a costes empresariales que acaban en precios. El círculo se cierra solo.
Nada de esto aparece en el relato oficial. El Gobierno mide el éxito por el PIB, el empleo y el déficit, tres indicadores que hoy, en efecto, lucen bien en los titulares. La inflación se trata como un accidente climático, algo que llega de fuera y pasa solo. Pero el dato de marzo, publicado dos semanas después de que el Banco de España elevara sus previsiones de crecimiento, recuerda que el motor del consumo tiene temperatura. Y que los termómetros llevan meses en el rojo.
Esta es la pregunta que el Gobierno tendría que responder, y que nadie en el debate público parece dispuesto a formular: ¿cuántos meses de IPC al 3,4% necesitamos ver antes de aceptar que el modelo de crecimiento tiene un problema de precios?
