Sánchez y Zapatero, modelo Trump
«El 'caso Zapatero' ha estallado muy embrionariamente porque queda mucha mierda por delante»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. | Claudia Alba (Europa Press)
Dos acreditados periodistas del añorado Grupo Crónica me lo comentaban así: «La reacción del Gobierno, del PSOE y de Sánchez al escándalo de Zapatero la podría suscribir Trump». ¿Cómo es esto? Pues sí: primero, han empezado por negar la realidad. Nada es verdad, todo es fango, todo es mentira; es la ultraderecha la que está detrás. Segundo, en consecuencia, no existe responsabilidad política alguna: nadie tiene por qué dimitir. Tercero, acometida brutal contra los periodistas, que o bien son directamente unos fascistas o bien obedecen a los dictados de personas indeseables que pretenden acabar con el progresismo. Cuarto, una vez realizado el ataque contra la prensa, vamos contra los jueces, protagonistas de un lawfare infame.
La reacción del Gobierno, del PSOE y de Sánchez al escándalo de Zapatero la podría suscribir Trump.
Donald Trump, ya se sabe, no se conformaría con lo dicho: accionaría incluso su ataque al Asalto al Capitolio de Estados Unidos. Aquí no llegamos a tanto, aunque escraches se han producido y, es más, seguro que algunos de ellos vamos a sufrirlos más pronto que tarde.
Tiene la desfachatez el PSOE de exigir el respeto a la tópica «presunción de inocencia». De acuerdo, adoración máxima hacia ese principio, pero vamos a ver: ¿quiénes son los socialistas para reclamar ese derecho, ellos que fustigan sin ambages a la Justicia en general, como está sucediendo en este llamado caso Zapatero? Pero ¿de qué hablan estos individuos tan procaces?
Claro está que en la misma mañana en que se conocía la imputación del presidente del Gobierno, Zapatero y, por tanto, Sánchez, recibían la ayuda inesperada de Vox que, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, urgía al Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo a presentar una moción de censura contra Pedro Sánchez. O sea, en los momentos precisos en que la oposición tiene argumentos suficientes como para iniciar una persecución política al presunto delincuente, Vox desgasta sus armas y sus argumentos tratando de colocar al PP en un trance comprometido.
No hay moción de censura que valga porque no hay posible triunfo en ella. Una operación de este estilo no haría otra cosa que tapar, o disimular, el ruido provocado por la imputación contra Zapatero con un debate sobre la conveniencia de la moción y, más tarde, desde luego, su clarísimo fracaso. Un pan como unas tortas. Parece ser que, como casi siempre, Vox está más en zurrar al PP que en contribuir a la caída del peor gobernante que haya tenido nunca España: Pedro Sánchez.
¿Qué se puede esperar, pues, en estos días de la oposición responsable? Pues que no se pierda en piruetas baldías; que trate de organizar una respuesta nacional contra unos malhechores que están destruyendo todo el erario histórico nacional. Ni más ni menos.
El día 23, la Sociedad Civil España tiene convocada una manifestación directamente contra Sánchez y el PP debería apoyarla sin vergüenza alguna, digan lo que digan sus enemigos, a los que quebranto afecto profesa. Eso y, además, seguir llegando a acuerdos razonables con la derecha radical, por más que esto le pueda apestar, con razón, a gentes como Juan Manuel Moreno Bonilla.
Queda un año para las demás elecciones y lo que no puede ser es que se cumpla la profecía del saltimbanqui Iván Redondo: «Que la remontada sea posible». Ahora el caso Zapatero ha estallado muy embrionariamente porque queda mucha mierda por delante. La oposición debe aprovecharla.
