The Objective
El zapador

Claro que hay mensajes de Zapatero en el auto

Imputar a Zapatero estaba más que justificado. Y aparecerán más pruebas, no tengan ninguna duda

Claro que hay mensajes de Zapatero en el auto

José Luis Rodríguez Zapatero. | A. Pérez Meca (EP)

Hubo un tiempo —antes de que Twitter convirtiera el análisis en pancarta y la pancarta en sueldo— en que mentir fuerte exigía cierto pudor escénico, una mínima coreografía retórica que disimulara el embuste. Hoy basta con que un tertuliano abra la boca, mire fijamente a cámara y suelte aquello de que «en el auto no aparece ni una conversación de Zapatero» para que media España asienta como si le hubieran recitado un versículo del Levítico. Si lo dice un tertuliano con tanta vehemencia, será verdad. La otra media, claro, la España del progreso y de la bondad, no ve capaz a Zapatero de hacer ningún mal. No hallan mácula en él. Además, pocos tertulianos se han molestado en abrir el documento: total, ¿para qué leer 85 páginas redactadas con esmero quirúrgico por el juez Calama cuando puede uno limitarse a repetir el mantra que esa misma mañana ha bajado de las alturas?

Y sin embargo —ay, prosaica realidad, qué incómoda eres siempre para los catequistas del régimen— el auto está plagado de Zapatero. No solo lo mencionan, no solo lo invocan, no solo lo tienen agendado con la inicial Z como si fuera personaje de novela de espías de saldo: es que el hombre resulta que también escribe. Escribe mensajes, manda excels, participa en chats grupales… Pero vamos al meollo, que es cuando uno se echa a llorar. Sostienen los heraldos de la opinión sincronizada —desde el subdirector de uno de esos seudomedios que no le gustan a Sánchez (esto realmente me ha sorprendido) hasta la inefable Sarah Santaolalla, pasando por el imprescindible magistrado emérito Martín Pallín (siempre al quite)— que en el auto «no sale ningún mensaje autoinculpatorio de Zapatero». Pues, lo siento, pero no es cierto. 

Lo cierto, lo documentado, lo que figura negro sobre blanco en el sumario es que un tal Z —es decir, Zapatero— envió el 31 de julio de 2021 un mensaje al empresario Julio Martínez Martínez —el de Análisis Relevante, el de las facturas, el testaferro— que decía, en lacónica prosa de quien sabe lo que celebra: «En tiempo y forma. Exitosa gestión…». 

Para los amantes de la prueba documental, tenemos el envío directo desde el teléfono del propio Zapatero —el bueno, el civilizado, el que usaba WhatsApp, no el Zapatero malo que usaba un Nokia 3310 de prepago para asuntos más turbios— de dos archivos Excel titulados LISTA AR OK.xlsx y direcciones email JM.xlsx. Está también la llamada de 11 minutos del 30 de abril de 2020 en la que Julio Martínez Sola (el presidente de Plus Ultra, no el testaferro de igual nombre) «le explicó todo» a nuestro expresi. ¿El qué? No sabemos los detalles, pero ahí se expuso la situación de la aerolínea de cara a la búsqueda de apoyo político o financiero. El auto del juez, asimismo, habla del chat grupal, AR, en el que el propio Zapatero participaba. Ese AR es por Análisis Relevante, la principal sociedad pantalla de la trama.

Hay más, naturalmente. Hay un mensaje reenviado por un tal Eudoro Antonio González Dellán, un abogado venezolano parlanchín que orbitaba la trama con nexos con el chavismo y la oposición. En una conversación, Eudoro reenvía un mensaje a Julio Martínez Martínez y aclara al final que es la «Respuesta de Z». Y ese «Z», Zapatero de nuevo, escribe de su puño y tecla sobre cierto Ocariz, un exalcalde opositor insolente que tuvo la osadía de presentarse como interlocutor cuando se intermedió en la salida de Edmundo González, el ganador de las elecciones en Venezuela, al que Maduro y Delcy expulsaron como a un perro apaleado. Y Zapatero, por supuesto, medió en esa expulsión. Dice Z, textualmente: «Ocariz es un osado, con dosis de ansiedad […]. En fin, a ver si así me le quito de encima». Eso dice el auto, por lo que el interlocutor válido parece que fue Eudoro, que incluso aparece en una de las fotos junto a Edmundo y los hermanos Rodríguez.

Pero aquí está lo realmente importante: la cadena de mando. Porque el juez no es tonto y no se ha tragado el cuento del hombre que «permanece en la sombra». El auto de Calama acredita —con una pulcritud exquisita— que los venezolanos no escribían directamente al expresidente para no contaminarle el terminal, sino a Martínez Martínez, al que llamaban «Presidente», para que hiciera de correa de transmisión. Y luego Martínez Martínez borraba sus mensajes. Los que le mandaban y también los que le escribía o reenviaba a Zapatero. Quizás después también llamaba a Zapatero a través de uno de esos terminales de prepago (que Alejandro Entrambasaguas acreditó) para mantenerle bien informado de todo. Que «[su] pana Zapatero», antaño abanderado de la Alianza de Civilizaciones y heraldo del talante, ande con móviles desechables como hacen los narcotraficantes resulta —cómo decirlo— estéticamente raro. Uno esperaba más sofisticación del hombre que rigió el destino de España, aunque ya supiéramos que era un golfo que se hacía retratar con los señores feudales de Caracas. 

Que la secretaria, María Gertrudis Alcázar, gestionara desde la oficina de Ferraz 35 la cuenta [email protected] ejecutando órdenes, coordinando facturas falsas, nos debería hacer, como mínimo, sospechar. ¿Me quieren hacer creer que el señor Z no se enteraba de nada? Por cierto, qué humildad onomástica la del personaje: bautizar la propia oficina con el cargo perdido, como un mariscal destituido que sigue luciendo la guerrera. Pero hay más. Las hijas de Zapatero, Alba y Laura, regentan la agencia Whathefav SL y por ella circularon cientos de miles de euros en concepto de «redistribución de flujos económicos» como empresa finalista de la trama investigada. No lo digo yo, lo dice el informe de la Oficina Nacional de Investigación del Fraude. Pobres, las hijas tampoco se enteraban de nada. Pero bien que luego derivaron el dinero a sus bolsillos. De hecho, el padre figura como autorizado en las cuentas bancarias personales de sus dos hijas. Esto significa que legalmente tenía acceso a ellas y podía sacar dinero. Por cierto, hay que ser malvado para meter a tus hijas en un negocio criminal de estas características.

Vamos a ver, esto va por esa grey de panfletistas a sueldo que tratan de exculpar a nuestro «pana»… Si Zapatero no tiene nada que ver, entonces hemos asistido, como asegura un hilo que leí en X, al mayor brote psicótico colectivo de la historia clínica española. Una decena larga de ejecutivos, intermediarios venezolanos, empresarios madrileños, secretarias y hasta las propias hijas habrían padecido durante cuatro años el mismo delirio paranoide: imaginar reuniones que jamás existieron, fabricar mensajes con su nombre, redactar correos, recibir dinero de la trama, abrir empresas pantalla en Dubái, todo ello con la convicción esquizoide de actuar bajo las órdenes del expresidente. Lo siento. La medicina no recoge precedentes así. Ni las vidas de santos registran una sincronía psicótica tan exquisita.

La virtud del auto de Calama —escrito, conviene insistir, con una prosa tan minuciosa que parece concebido para resistir los embates del ejército de Pallines que se le venía encima— consiste precisamente en eso: en no dejar al lector espacio para el wishful thinking. Las cuentas hablan, los teléfonos hablan… Imputar a Zapatero estaba más que justificado. Y aparecerán más pruebas, no tengan ninguna duda. La caja fuerte de Ferraz 35 (aquella que se resistieron a abrir durante el registro y de la que finalmente salieron documentos y objetos hoy bajo análisis) seguro que habla. Pero sobre todo habla el dinero, que no sufre brotes psicóticos. Siempre hay que seguir la pista del dinero.

Y mientras tanto, los sospechosos habituales —los tertulianos sonámbulos, los periodistas a sueldo, los magistrados eméritos reciclados en hooligans togados— repiten como zombis: «No hay pruebas, no hay pruebas…». Como si estuviéramos en juicio oral y no en fase de instrucción. Como si los indicios racionales de criminalidad fueran un brindis al sol y no el umbral preciso que la ley fija para imputar. Como si registrar oficinas, bloquear cuentas y rastrear decenas de sociedades fantasma sin actividad real ni empleados constituyera el pasatiempo favorito de un sábado por la tarde en la Audiencia Nacional. Da igual. No conciben que Zapatero, con esa cara de corderito, sea capaz de hacer algo malo. Y claro, si cae Zapatero, puede que todo el gobierno caiga detrás.

Lo cantó Machado y los necios siguen sin enterarse: «Todo necio confunde valor y precio». La sincronizada confunde, además, juicio oral con instrucción, indicios con pruebas. Basta con leer el auto, contrastarlo con el manual de instrucciones del régimen sanchista y dejar que el ridículo se sirva solo. Y que la historia siga su curso. Esto, como advierten muchos analistas, no es más que la puntita del iceberg. Vendrán hidrocarburos, vendrá la SEPI, vendrá la financiación irregular, vendrá Washington con sus carpetas. Y vendrán, claro está, más sincronizados explicándonos que sigue sin haber pruebas. Nos quieren hacer creer que nuestro Bambi Zapatero era un jubilado de la política que pasaba las tardes podando hortensias o haciendo running. No cuela. Aunque hay que contarlo todo: para mi sorpresa, estos días, algunos se están bajando del barco tras los indicios más que abrumadores. Desde Rufián hasta Intxaurrondo. Mientras tanto, en un despacho de Ferraz, una caja fuerte exhala el aire viciado de 20 años de talante.  

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