A Sánchez le gustó más Mercedes
«Con lo que le gustaba a un servidor ese momento de romanticismo personal y político de cuatro hombres en un coche»

Pedro Sánchez y Adriana Lastra junto al famoso Peugeot 407. | @sanchezcastejon (X)
Ni siquiera la historia del Peugeot era cierta. Con lo que le gustaba a un servidor ese momento de romanticismo personal y político de cuatro hombres en un coche de esa marca recorriendo España en busca de una confianza perdida y un futuro prometedor. A mí me dejaron de interesar los coches el día que decidí que no me sacaría el carnet de conducir. Uno, al contrario que Sánchez, es conocedor de los riesgos que puede acarrear conducir y controlar un amasijo de metales, plásticos, caucho y vidrio, y que pesa más de mil kilos. Uno puede asumir el riesgo y el atropello provocado por un artículo, y reconocer todas sus consecuencias, pero llevar una bestia de acero de ese tonelaje me provocaría la misma sensación que si no hubiera nadie al volante.
El Peugeot resultó ser un Mercedes. Están de plena actualidad las transiciones de género, pero este es el primer caso en que un vehículo cambia de marca. Y es que Pedro Sánchez sabía que viajaba en un Mercedes, pero él quería creer, y sobre todo hacer creer a los demás, que lo hacía en un Peugeot, una marca de gama media, y más adecuada al bolsillo de la mayoría de los españoles. Un coche más socialista en las formas, aunque en el fondo el que les gusta, y los que utilizan son los de gama alta como el Mercedes.
La noticia de que el Peugeot fue solo utilizado para tomar su nombre en vano, y que la niña de los ojos de Sánchez con forma de coche era otra, y de nombre Mercedes, aparece en el libro que se va a publicar el próximo 29 de abril por parte de la subdirectora y periodista de investigación en THE OBJECTIVE, Ketty Garat. Su título es Todos los hombres de Sánchez, y trata de cómo se organizó la mayor trama de corrupción de la historia de la democracia en España.
A un servidor lo que le da pena del capítulo del libro relacionado con ambos coches y que ayer adelantó en exclusiva THE OBJECTIVE es el trato vejatorio efectuado a ese viejo Peugeot 407 de color negro, el coche familiar de los Sánchez. Un vehículo que se sintió importante por un periodo demasiado corto de tiempo. La casualidad hizo que fuera el coche utilizado por «los cuatro fantásticos» para ir desde el pueblo navarro de Santos Cerdán, de nombre Milagro. Y es que la realidad siempre supera a la ficción con los nombres de algunos lugares asociados a según qué personas, pues fue precisamente un milagro que utilizaran ese vehículo para ir hasta Aldeanueva de Ebro en La Rioja para acudir a un acto. Que hubiera fotografías de ese póker de jugadores expertos en jugar con las cartas marcadas fue lo que hizo que Sánchez lo utilizara como símbolo de su campaña para recuperar el mando del partido socialista. Un hombre que viaja en su viejo coche acompañado de los pocos que aún creían en él, y recorren España por carreteras secundarias en busca de la confianza perdida, parando solo en bares de carretera para comerse un bocadillo de chistorra y renovar energías para seguir con tan noble objetivo. La auténtica y principal conductora de ese coche era Begoña Gómez y lo utilizaba para llevar a sus dos hijas al colegio cada mañana y para el resto de sus actividades diarias en Madrid.
Cuando Sánchez decide estrenarse como candidato a las primarias como secretario general del PSOE contra el pupilo de Rubalcaba, Eduardo Madina, decide sondear a militantes y compañeros suyos de la federación madrileña como Juanma Serrano. Le pareció un temerario, pero con la seguridad necesaria para creer en sus opciones. Serrano le preguntó si estaba dispuesto a llegar hasta el final y Sánchez asintió con convicción. Demostró tal seguridad que le convenció y se convirtió en su número dos. Serrano se involucró tanto en su candidatura que le cedió su coche, un Mercedes blanco clase C. Una berlina prácticamente nueva que era difícil de asociar con el candidato de las bases. «No podemos llegar con un Mercedes a las casas del pueblo», decía Juanma Serrano. Así que Serrano aparcaba a 300 metros de la agrupación de la localidad donde estuviesen y Sánchez hacía su entrada a pie. Una imagen que escondía una falsa humildad y un coche de alta gama aparcado en la calle de al lado.
Poco más tarde, Juanma Serrano sustituyó ese Mercedes por otro vehículo de la misma marca, un GLC Coupé de color negro y con un precio de unos 70.000 euros. El cambio se produjo por un servicio de renting de la marca alemana que obligaba a cambiar de coche cada tres años. Fue en este último vehículo donde recorrió los 10.000 kilómetros de la campaña de las primarias, y no lo hizo acompañado de sus amigos del alma, Ábalos, Koldo y Santos Cerdán. Estos quedaban perfectos como personajes secundarios en su fábula de superación personal, acompañados por tres hombres de apariencia torrentiana, pero que eran los únicos que confiaban en él, y todos metidos en un coche viejo de alma gris. El viaje real tuvo otras compañías y otras soledades, pero sobre todo fue sobre ruedas. Unas que sostenían un lujo y un confort que no ha abandonado desde entonces.
