The Objective
Montanoscopia

Las guerras civiles que deja atrás el Papa

«A los españoles les va la marcha guerracivilista, eso es todo»

Las guerras civiles que deja atrás el Papa

Imagen generada con IA.

1. Se va el Papa dejando atrás un reguero de guerras civiles en España. No nuevas, sino reactivadas. Y no por el Papa en particular, sino por los ufanos españoles con la excusa del Papa, como con la excusa de cualquier cosa que les echen. A los españoles les va la marcha guerracivilista, eso es todo. Y permítanme que hable en tercera persona, porque yo soy demasiado fino para ser español. A lo que diga mi carnet no le hagan caso. De los sermones del Papa se han servido las izquierdas y las derechas para tomar el trozo de la redonda pizza papal que les convenía y apedrear con él a los de enfrente. El efecto ha sido el de un mensaje fragmentado, como el espejo del que habla Eliot en La tierra baldía: «un montón de imágenes rotas donde golpea el sol» (traducción de Irles). Esta ha sido la guerra civil ideológica o partidista. También ha estado la guerra civil geográfica, con los apedreamientos entre Madrid y Barcelona, es decir, entre la cosa populachera y la cosa burguesa. Mi tesis es que resultan equiparables, porque la Sagrada Familia viene a ser un Himno a la alegría cantado por Bustamante de piedra; pero qué más da. Y por último la guerra civil entre católicos y ateos, en la que los católicos les han lanzado a los ateos la pizza papal completa; teniendo los ateos para lanzar apenas sus lecturitas y su envalentonamiento ante la nada. Yo estaría aquí, pero también da lo mismo. Solo han sido felices de verdad —felices y ecuménicos— mis amigos Peláez y Bustos, que han vivido como niños su semana en Disneylandia, traduciéndola en fabulosas crónicas papales. 

2. Otros amigos como Garrocho, Mejía, Arias y Ovejero se han esforzado en filosofar, el primero con el Papa y los otros contra el Papa, pero productivamente todos. Aparte están los del ateísmo parroquial, esos autoproclamados ateos (habitualmente apacentados en El País o la SER) que, a pesar de lo rumbosos que se ven a sí mismos, no son más que unos obedientes beatos de comunión diaria en la religión sanchista, bajo la vigilancia de una Inquisición de muerte a la que no osan incomodar. Lo humano, lo único excusable, es que su prioridad son los negocios.

3. Conforme más se evidencia la podredumbre corrupta y criminal del sanchismo, más me pasman los misceláneos de los miércoles, el jomacho de los sábados y las cheerleaders de los domingos: ratas que no saltan, paralizadas como conejos ante los faros del camión. Solo tienen un problema técnico, aunque lo van sorteando con pericia: el de la búsqueda del tema del que hablar para no hablar de lo que tendrían que hablar. Al cabo, son misceláneos todos y nada humano les es ajeno, salvo (como puntualizaba Toscano) las fechorías de Sánchez.

4. Feijóo, por su parte, trata de difundir un mensaje regeneracionista que no cuela. ¡Que lo dice desde el PP, macho! ¡El partido al que tumbaron por corrupción! Será menos malo que gobierne el PP, incluso en tétrica alianza con Vox, solo porque detendrá la entropía del sanchismo, que nos lleva a un agujero negro. Pero ni hay proyecto, ni hay ilusión, ni hay nada. Y entre los votantes, únicamente hastío hacia (contra) esta generación de políticos mediocres; que, eso sí, vaya si les representan. ¡Hipócrita elector, su semejante, su hermano!

5. Premio Princesa de Asturias de las Letras a Julian Barnes. Un autor agradable y menor al que los autores españoles adoran porque han aprendido de él cómo ser menores. Algo que logran con facilidad. No así lo de ser agradables.

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