The Objective
Crónicas del caos

España se refugia en un líder mundial, León XIV

«Sin quererlo, además, ha dejado retratados a mindundis que quisieron comerle la merienda del protagonismo»

España se refugia en un líder mundial, León XIV

El Papa León XIV en Barcelona. | Kike Rincón (EP)

Ha sido un éxito sin precedentes. El Papa se ha consagrado como líder mundial en solo seis días en España. En un momento en que no se atisban por el mundo personajes de esta enjundia, León XIV nos ha devuelto la esperanza. Sin quererlo, además, ha dejado retratados a mindundis que quisieron comerle la merienda del protagonismo y se han quedado en un espectacular ridículo, con señora y ministros ateos incluidos. El aprovechado y jeta Pedro Sánchez trató de realizar una doble pirueta: cobijarse bajo la sotana del pontífice en los escenarios fáciles y huir como un cobarde sin remedio en los difíciles. Y, al alimón, ese par de independentistas catalanes, unos aldeanos de tomo y lomo, que, como parlamentarios de España, abjuraron de su lengua y hablaron a Prevost en inglés y en italiano. Mastuerzos. Luego, en Cataluña, el Papa les dio una lección de universalidad, incluso en Montserrat, donde desde hace muchos años el monasterio se había convertido en un convento de secesionistas más cerca del traidor y cobarde Companys que del mismo Dios.

León XIV, según ha demostrado en España, se ha quedado como único solista en el concierto internacional. Lejos están aquellos tiempos en que su antecesor, Juan Pablo II, tenía como interlocutores a Reagan, Gorbachov o Thatcher. Ahora sufrimos, por todo tener, a un energúmeno en Washington cuya única especialidad es comenzar guerras que luego no sabe terminar; a Putin en Moscú, que, mírese por donde se mire, es el que posee un proyecto autónomo en su cabeza, resucitar la Gran Rusia de los zares o la Unión Soviética de Lenin y Stalin; y a nadie más. Figuras de celofán en Francia o el Reino Unido y un desaprensivo sin principios ni fundamentos en nuestro país, que ya solo necesita ganar tiempo para evitar que sus huesos reposen cuanto antes en Soto del Real. Al tipejo de aquí, León XIV le ha propinado un revolcón sin precedentes. Ha obligado a aplaudir a la izquierda casposa del país aun durante los pasajes en que estos seres, deshilachados de moral, han tenido que sufrir la advertencia del Papa: la vida humana es inviolable desde la concepción hasta el ocaso. Una idiota reputada, la podemita Irene Montero, ha acusado al Papa de constituirse en el jefe de una teocracia. Ella, que no condena ni uno de los asesinatos de los jeques de Irán, se permite bromas vomitivas con el hombre que ha devuelto al mundo su sentido de la historia y de la humanidad.

Pero el problema es que el Papa se nos ha ido y, como este país almacena los recuerdos en sepulcros, día llegará en que las excelsas y cercanas intervenciones del obispo de Roma se nos olviden absolutamente. Por ejemplo, ¿qué decir de este Gobierno miserable que ovaciona con palmas artificiales mientras está desmontando, piedra a piedra, la Basílica de los Caídos? Ellos están a lo suyo, que no es otra cosa que no dejar pista alguna de nuestra España eterna. Han transformado esta nación en el reducto amplio del aborto sin condiciones y en el apeadero de la eutanasia y de todas las muertes a la carta.

Ahora, ya que el Papa ha vuelto a Roma y no tienen que fingir, «¡que le vayan dando!», dirán. ¿O es que algún bobito cree que van a aceptar algunas de las propuestas espirituales y sociales que ha dejado sobre la mesa León XIV? ¡Ca! ¡Cómo va a soportar Sánchez que un cura de Roma vestido de blanco le avise, como lo ha hecho, de que un Gobierno sin fundamentos legales y morales no es legítimo! Años venimos afirmando algunos, pocos, que este Ejecutivo de Sánchez hace mucho tiempo que ha dejado de ser legítimo, por más que todavía goce de una mayoría parlamentaria a trancas y barrancas. Por cierto, el discurso ágrafo de Armengol fue deleznable de la cruz a la raya, pero, sobre todo, a la hora de escoger los términos de su relato. ¿Cómo que en el Parlamento reside la «soberanía popular»? Es la nacional, chavala balear, ocupante de un sitial que le viene grande tanto por indecencia intelectual como por falta de adscripción constitucional.

«El descomunal movimiento de resistencia que ha protagonizado España con el Papa como líder no se va a quedar aquí. Por eso la izquierda rechina»

Desde luego, Robert Prevost, americano de dos continentes, no ha mostrado hacia nuestros gobernantes actuales el menor rasgo de condescendencia. Tampoco de connivencia. Ha venido a proclamar sus verdades sin tapujos y con gran solvencia. Fuera de las generalizaciones sobre los comportamientos con la inmigración que todos —salvo Abascal y sus corifeos— suscribimos, la herencia cercana de este Papa no puede repartirse entre los integrantes de estas izquierdas henchidas de poder; no, los herederos son esos millones —millones— de jóvenes que han rezado el rosario con mucha más fe de la que entonan las canciones de una Rosalía cualquiera. No le viene bien, nada bien, a este Gobierno de malhechores que en nuestro país renazcan dos hábitos que Sánchez desdeña: la religiosidad y las corridas de toros. Estas las han querido prohibir; la primera les repugna. El descomunal movimiento de resistencia que ha protagonizado España con el Papa como líder no se va a quedar aquí. Por eso la izquierda, rabiosa, rechina. Hace falta que este alud se convierta en el banderín de enganche de la nueva España, que ha hallado, por fin, algo cierto a lo que agarrarse. Un líder mundial. Es todo lo contrario, opuesto por el vértice, a lo que representan Pedro Sánchez y sus verdugos. Esto es lo que queda del Papa.

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