Los cuatro errores nutricionales que casi todos cometemos en verano (sin darnos cuenta)
Marta Fuertes, nutricionista, desmonta los mitos más extendidos sobre la alimentación durante las vacaciones

Descubre los errores nutricionales más frecuentes del verano | Foto: Magnific
Las ensaladas se convierten en las reinas del verano. Después de una comida copiosa, llegan los «mañana solo como fruta» o «me salto el desayuno para compensar». Y como hace calor, muchos destierran los hidratos de carbono convencidos de que ya no los necesitan.
Son algunos de los errores nutricionales más habituales de esta época y, aunque parezcan inofensivos, pueden hacer que nuestra alimentación pierda calidad. Hablamos con la nutricionista Marta Fuertes para desmontar los mitos más extendidos sobre cómo comer en verano.
En verano casi todo cambia. Dormimos más tarde, improvisamos más planes y las comidas dejan de parecerse a las del resto del año. Un día toca paella en la playa; al día siguiente, una ensalada rápida porque «ayer ya me pasé».
Hay más terrazas, más aperitivos, más helados y más comidas fuera de casa. Y también más intentos de compensar. El problema no es disfrutar de esos planes. Tampoco comer de más un día o cambiar los horarios durante las vacaciones.
El verdadero riesgo está en las pequeñas decisiones que repetimos casi sin darnos cuenta: pensar que una ensalada siempre es una comida completa, eliminar los hidratos de carbono porque hemos cometido un exceso o pasar horas sin comer para «equilibrar la balanza».
«El verano suele asociarse a comer más ligero, pero comer más ligero no significa comer menos ni alimentarse peor», resume la nutricionista Marta Fuertes. Insiste en que el objetivo no debería ser compensar, sino mantener una alimentación completa adaptada a esta época del año.
Error 1. Creer que cualquier ensalada es una comida completa
Cuando hace calor, pocas cosas apetecen más que una ensalada. Son frescas, rápidas y saludables. El problema aparece cuando se convierten, día tras día, en el plato principal sin apenas ingredientes más allá de unas hojas verdes.

Según explica Marta Fuertes, una ensalada puede ser una comida excelente, siempre que esté bien construida. Cuando solo contiene verduras, suelen faltar proteínas de calidad, hidratos de carbono complejos y grasas saludables.
El resultado es una comida poco saciante que deja al organismo sin parte de los nutrientes que necesita y hace que el hambre reaparezca poco después.
Para convertirla en un plato completo basta con añadir una fuente de proteína, como huevo, pollo, pescado o legumbres, hidratos de carbono de calidad, como patata, arroz o quinoa, y grasas saludables procedentes del aceite de oliva virgen extra, el aguacate o los frutos secos.
Error 2. Desterrar los hidratos de carbono porque hemos comido de más
Es uno de los mitos que más se repiten cada verano. Después de una comida abundante o durante las vacaciones, muchas personas eliminan el pan, la pasta o el arroz convencidas de que así compensarán los excesos.
Sin embargo, los hidratos de carbono siguen siendo la principal fuente de energía del organismo. Reducir las cantidades cuando hacemos menos actividad física puede tener sentido, explica la nutricionista, pero eliminarlos por completo no.

De hecho, restringirlos suele producir el efecto contrario: aumenta la sensación de hambre, favorece el picoteo entre horas y hace más difícil recuperar una alimentación equilibrada.
Error 3. Intentar compensar un exceso pasando hambre al día siguiente
Quizá sea el error más frecuente de todos. Tras una cena con amigos, una barbacoa o una comida familiar aparece la sensación de culpa y con ella llegan las promesas: «mañana no desayuno», «hoy solo como fruta» o «voy a hacer un detox». Pero el cuerpo no funciona así.
«Nuestro organismo no es una calculadora en la que una comida muy abundante se anula con otra muy pequeña», explica Marta Fuertes.

Saltarse comidas o restringir la alimentación al día siguiente no compensa el exceso anterior. Al contrario, aumenta el hambre, dificulta el control del apetito y hace más probable volver a comer en exceso unas horas después.
Además, estas estrategias suelen alimentar una relación poco saludable con la comida basada en la culpa y la compensación.
La mejor decisión, asegura la especialista, es mucho más sencilla: volver a la rutina habitual, hidratarse bien, hacer comidas completas y retomar la actividad física cuando sea posible.
Error 4. Pensar que en vacaciones da igual perder cualquier rutina
Las vacaciones invitan a olvidarse del reloj. Desayunamos cuando podemos, comemos más tarde y las cenas se alargan hasta bien entrada la noche.
Para la nutricionista, el problema no está en cambiar los horarios, sino en perder cualquier estructura.
Cuando desaparece por completo la regularidad resulta más fácil improvisar, consumir alimentos menos nutritivos y dejar de prestar atención a las señales de hambre y saciedad.
La clave no es seguir un horario estricto, sino mantener una cierta organización adaptada al ritmo de las vacaciones.
Lo que realmente marca la diferencia son los hábitos que repetimos la mayor parte del tiempo.
Por eso, el objetivo durante el verano no debería ser comer menos ni vivir intentando compensar los excesos, sino seguir disfrutando de la comida desde el equilibrio, sin culpa y sin caer en mitos que pueden alejarnos, precisamente, de una alimentación saludable.
