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Economía

El textil topa con la división sindical en su intento de superar cinco años de conflicto laboral

La falta de consenso respecto al largamente esperado convenio colectivo complica el fin de las movilizaciones

El textil topa con la división sindical en su intento de superar cinco años de conflicto laboral

Una manifestación de trabajadores del sector textil en Santander el pasado 2 de mayo. | EFE

El sector de la moda y especialmente la distribución textil lleva desde 2021 inmerso en una serie de episodios de conflictividad y movilizaciones laborales, tanto por las condiciones económicas de los trabajadores como por los despidos colectivos de empresas, como H&M, afectadas por la dura competencia de actores low-cost digitales como Shein y Temu. Con el objetivo de poner fin a las huelgas y choques reiterados entre empresas y plantillas, tanto la patronal ARTE, que agrupa a firmas como Inditex, Mango, H&M, Primark y Uniqlo, como los sindicatos llevan años tratando de consensuar un convenio colectivo que aporte estabilidad a esta actividad.

Tras cinco años de conflictividad, este escenario está más próximo gracias al preacuerdo que —previsiblemente— dará lugar al nuevo convenio, contando como lo hace con el apoyo de la patronal y de los sindicatos mayoritarios: Fetico y CCOO. Sin embargo, el hecho de que UGT y CGT se hayan descolgado del entendimiento apunta a una situación en que las protestas pueden seguirse produciendo a pesar de la mejora de condiciones pactada.

Los representantes que han suscrito la mejora argumentan que se avanza en las condiciones económicas de los empleados del 80% del territorio, sin implicar ninguna pérdida para el resto, con alzas salariales de entre el 6% y el 38% y una reducción de jornada de una media de 50 horas anuales, además de la condición de voluntariedad para trabajar en festivos y el pago del 100% de los domingos y festivos trabajados. Las organizaciones críticas, en cambio, se detienen en el mínimo salarial de 18.000 euros —si bien esta cifra puede aumentar según el grupo— y perciben los incrementos como insuficientes para compensar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores ante el mayor coste de vida.

Neus Soler, profesora colaboradora de los estudios de Economía y Empresa de la UOC, considera que «desde la perspectiva laboral, la conflictividad laboral no se eliminará e incluso tal vez se incremente» por la «presión» de los sindicatos contrarios. Considera que, si UGT y CCOO estuviesen de acuerdo, la etapa de conflictos podría darse por cerrada, pero augura que el hecho de que UGT esté «de espaldas» a la propuesta será «un problema». Recuerda que las mejoras «se irán implementando progresivamente» y que el preacuerdo tiene un trasfondo «positivo», como la limitación de 38,5 horas semanales en un sector con horarios extensos donde a menudo se superaba esta jornada.

Más allá de la mejora de condiciones, reconoce que «los 18.000 euros mínimos brutos generalizados pueden ser un problema si vives en Madrid o Barcelona», de modo que «las huelgas quizá no serán generalizadas, pero sí por provincias, regiones o empresas», ya que, por ejemplo, al quedar las condiciones de Inditex por encima de las del convenio, los trabajadores de firmas como Mango o H&M podrían tratar de ir más allá. Soler apostilla que la no obligatoriedad de trabajar en domingos y festivos será de difícil gestión en la práctica, ya que si todos los empleados o la gran mayoría rechazan hacerlo de forma voluntaria, «habrá que obligar a alguno», por lo que cree que este aspecto está «cogido por los pelos».

Quedaría pendiente «unificar criterios en toda la industria» en lo que se refiere a las condiciones laborales para evitar rotación laboral por condiciones heterogéneas en distintas zonas y empresas. Este objetivo solo queda parcialmente cumplido, quedando el convenio en un segmento inferior al de las marcas del grupo Inditex, sin una estandarización total. Desde este punto de vista, la docente subraya que «una marca no se reduce a un logotipo; vende mucho más la reputación, por ejemplo, porque la gente trabaja ahí a gusto, que cualquier campaña publicitaria», ya que «la reputación de una marca tiene un efecto brutal en las ventas y en la percepción de valor», algo que se ve reforzado por «el hecho de que la gente quiera trabajar en una empresa». Como contraparte, los establecimientos de proximidad pueden tenerlo más difícil para competir con las grandes cadenas, también en lo que respecta a las condiciones económicas y los festivos que pueden generar dificultad para atraer y mantener personal, en un momento en que muchos pequeños negocios han experimentado un aumento de costes.

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