¿El Servicio Secreto puede saberlo todo sobre nosotros?
La minería de datos les permite tener a su disposición una cantidad ingente de información sobre cualquiera de nosotros

Edward Snowden, el exagente de inteligencia estadounidense que reveló el escándalo de espionaje ciudadano de la NSA. | Henrique Casinhas (EP)
La pregunta me la formulan habitualmente: ¿el Servicio Secreto lo sabe todo de nosotros? Lo primero que siempre hago es matizar el enunciado: ¿el servicio secreto puede llegar a saber casi todo sobre nosotros? La respuesta es sí.
El CNI tiene a su disposición una información colosal almacenada en memorias y, gracias a herramientas informáticas, puede elaborar perfiles sobre las personas que está investigando y sobre quienes están próximas a ellas. A la sede del servicio secreto llega información procedente de satélites, centros de escuchas, drones, sistema Sitel, espionaje en internet, agentes de campo, agentes operativos, información obtenida por la División Técnica y bases públicas de datos a las que tienen acceso directamente o mediante las claves concedidas a los policías destinados en la BOA —Brigada Operativa de Apoyo—.
Haciendo un poco de historia, la filtración de los documentos conseguidos por el antiguo agente estadounidense Edward Snowden demostró que la NSA guarda todo tipo de datos de millones y millones de personas con los que elabora perfiles de ciudadanos, lo que le permite reconstruir sus vidas desde varios años antes. En una entrevista en La Sexta con Ana Pastor, el hoy prófugo de la justicia escondido en Rusia dijo lo siguiente:
—Por supuesto, el Gobierno español, el alemán, el británico, están espiando igual que Estados Unidos. Es barato, es sencillo.
—Quiero leerle algo —señaló Pastor— que ha dicho sobre su caso, hace solo unos días, Félix Sanz, el responsable de los servicios secretos: «En España no se ha vulnerado el derecho a la intimidad. No se leen nuestros correos, no se escuchan nuestras llamadas».
—[Carcajada de Snowden] Una declaración más honesta sería reconocer que sí están recogiendo información de todos los ciudadanos, porque es más fácil que intentar recabarla de individuos concretos. A no ser que España diga que no realiza recogida de datos masivos y que no los comparte con otros Gobiernos para cualquier objetivo, no puede decir que algo así no está ocurriendo.
El ocultismo que ampara las actividades del CNI le permite almacenar una cantidad de información que tienen prohibida la Guardia Civil o la Policía. Si todo lo relacionado con el CNI es secreto, sus bases de datos tienen una protección extrema. Nadie sabe qué guardan ni cómo lo utilizan. Lo único lógico es deducir que almacenan la información de sus propias fuentes por satélite, internet… y de todas aquellas a las que tienen acceso gracias al almacenamiento realizado por otros.
Investigar todo lo que existe sobre una persona
La «minería de datos» consiste en utilizar el mayor número posible de bases de datos que acumulan información útil de cualquier tipo para los investigadores y seleccionar con procedimientos avanzados todo lo que haya sobre una o varias personas.
El primer paso son las llamadas «bases primarias», que acumulan información sobre temas particulares. Existen muchas en España y sería interminable abarcarlas, pero puedo mencionar algunas. El SUBA es el Sistema Unificado de consultas de las Bases de Datos, compartido por la Policía y la Guardia Civil, al que nadie duda de que tiene acceso el CNI —o sus agentes de la BOA, que es lo mismo—. Aquí están las bases de datos del DNI —en la que están todos los españoles—, viajeros —alimentada por los hoteles, que tienen la obligación de enviar las fichas de sus clientes—, alquiler de vehículos, reconocimiento de voces —Saivox—, ADN y huellas dactilares —esta última llamada SAID, Sistema Automatizado de Identificación Dactilar—.
Otras bases de datos primarias que funcionan a pleno rendimiento son el SRI —Sistema de Registro de Investigaciones—, la base de datos de la Agencia Tributaria, el SIS-SIRENE del espacio Schengen, el Perpal-BDSN de señalamientos nacionales, Adextra, sobre la situación legal de los extranjeros en España, y Senda, sobre el crimen organizado.
A todas ellas habría que sumar muchas otras informaciones a las que el CNI puede tener acceso, como el PNR (Passenger Name Record), el localizador de los billetes de avión, el código que sirve para encontrar los datos de cualquier viajero: nombre y apellidos, trayecto, línea aérea, número de vuelo, ruta, fecha, horario, clave de servicio, teléfono de contacto y sistema de pago.
Información propia y exclusiva del CNI
La información procedente de estas bases de datos se suma a la de otras creadas por el propio CNI con la información que obtiene de internet, Sitel, satélites y demás fuentes propias. A ellas se une la enorme cantidad de información almacenada en sus archivos durante decenas de años. Después, esa información es tratada selectivamente y da origen a las bases de datos secundarias, en las que ya hay una fijación de objetivos, tales como terrorismo islamista, blanqueo de dinero, contrainteligencia rusa o ataques a la economía nacional.
Entre tal ingente cantidad de datos, el servicio de inteligencia tiene la capacidad de seleccionar los necesarios para construir una imagen detallada de la vida de cualquiera de sus objetivos. Y puede llegar a hacerlo sin necesidad de haberle estado siguiendo por la calle, gracias a que esa persona ha hecho llamadas telefónicas, ha viajado, ha navegado por internet, tiene DNI o ha sacado una licencia de armas. Sí, el servicio secreto puede llegar a saberlo casi todo de nosotros.
