The Objective
El buzón secreto

Kennedy, Franco y Trump: matar o defender a los Castro

Nuestro dictador fue mucho más comprensivo con Cuba que los demócratas Kennedy, antes, y Trump, ahora

Kennedy, Franco y Trump: matar o defender a los Castro

Fidel Castro. | Keystone Pictures USA

Fidel Castro llegó al poder el 1 de enero de 1959 y 67 años después su hermano Raúl sigue siendo el símbolo del poder en Cuba, poder que ahora están heredando sus nietos. En todo este tiempo, han sido muchísimos los intentos de descabalgar a los Castro utilizando medios y tácticas salvajes, incluso más crueles que las que vemos en este momento crucial. Un asedio contra Cuba por parte del gobierno y los servicios de inteligencia de una democracia como Estados Unidos, que no solo no fue respaldado en España, sino que el dictador Franco y el presidente Adolfo Suárez les prestaron una ayuda vital para sobrevivir. No hay que olvidarlo.

La historia de odio eterno empieza en 1959, cuando la llegada de Castro daña los intereses de las empresas estadounidenses y de sus mafias en Cuba. Esto lleva a que el presidente Dwight Eisenhower dé su aprobación a un programa de acciones clandestinas contra el régimen cubano. Este plan de la CIA se lo encuentra en 1961 el nuevo presidente, John F. Kennedy, y lo respalda, pero pone límites. La primera medida es la invasión de Cuba por 1.500 exiliados cubanos que deben desembarcar en la bahía de Cochinos. A diferencia de lo que hace ahora Donald Trump, Kennedy no quiere figurar como atacante y no les envía los aviones de combate necesarios para el golpe. Y fracasan.

Después vienen las operaciones que buscan acabar con Castro con ese matiz de que nadie pueda saber que Estados Unidos está detrás. Entre ellas hay algunas que son mis favoritas por la locura existente en la mente de los diseñadores.

La desgracia del astronauta Glenn

Aprovechando que mandaban al astronauta John Glenn al espacio el 20 de febrero de 1962, propusieron que, si algo fallaba, fuera cual fuera el motivo, las autoridades competentes hablarían de unas interferencias electrónicas enviadas desde Cuba contra la nave, la causa del accidente. La jugarreta les salió mal porque Glenn terminó su misión con éxito. Visto desde el día de hoy, me parece ridículo pensar que alguien se hubiera creído que un país tan poco desarrollado como Cuba dispusiera de medios para cargarse una nave en el espacio.

Otra de las propuestas para crear una situación de crisis que justificara una invasión en toda regla era un ataque a la base de Guantánamo, que Estados Unidos tiene en la isla y a la que ningún militar local se acercaba por nada del mundo. Pensaron en contratar exiliados cubanos a los que adiestrarían para poder lanzarlos en paracaídas. Vestidos con uniformes del ejército cubano, aparecerían en imágenes dando vivas a Fidel junto a cuerpos supuestamente asesinados de soldados estadounidenses.

También pensaron en repetir el supuesto utilizado contra España en la bahía de La Habana en 1898, cuando aprovecharon el hundimiento del acorazado Maine para declarar la guerra a España. Tenían estudiado incluso el detalle de entregar a la prensa una lista de marinos fallecidos.

También prepararon otros supuestos, como derribar un avión de pasajeros que saliera de un aeropuerto estadounidense con personas reales para crear un ambiente de mayor drama, aunque el atacado sería otro avión sin gente. O poner una bomba en Miami o Washington, incluso bombardear un país latinoamericano, el único caso en el que los fallecidos serían reales, pues no serían ciudadanos estadounidenses.

La mafia y la negación plausible

Ni Kennedy ni su sustituto Lyndon B. Johnson autorizaron ninguna de esas operaciones, aunque sí permitieron otras montadas por la CIA con el objetivo de matar a Fidel Castro. Como ningún estadounidense, espía o no, debía estar relacionado con su muerte, establecieron una alianza con la mafia, que albergaba sus propios motivos para matarle: había acabado con sus prósperos negocios de juego y prostitución en la isla.

En esta alianza, unos ponían las ideas y los medios —la CIA— y otros a los asesinos sobre el terreno —la mafia—. Lo intentaron envenenando unos puros habanos que tanto le gustaban a Fidel, trucando una máquina de rayos X que en lugar de ayudar a sanar le enviara radiaciones malignas y manipulando productos de aseo personal mezclados con otros tóxicos. Nada dio resultado.

En todo este tiempo y en años posteriores, Franco mantuvo abierto el intercambio comercial tan básico para Cuba y la compañía aérea Iberia garantizó la conexión de la isla con Europa. Fue tan buena la relación que, tras el fallecimiento del dictador español, Fidel decretó tres días de luto en Cuba. Ese vínculo se mantuvo en la Transición con el presidente Suárez, que hasta visitó la isla en 1978, lo que sorprendió a todo el mundo. Luego, ya con Felipe González, todo se normalizó; hubo buenos momentos, pero también graves enfrentamientos.

Con el paso de los años, muchos años, llegó Trump a la presidencia y Estados Unidos dejó atrás esa política tradicional —compartida por la mayor parte de los países del mundo—, que intenta ocultar sus acciones más agresivas detrás de una negación plausible de las acciones encubiertas de los servicios de inteligencia. Trump prohibió a Venezuela entregar petróleo a Cuba y presume públicamente de haber conseguido asfixiar a un régimen que casi siempre ha tenido unos gobiernos desastrosos, especialmente en el tema económico. ¡Cómo ha cambiado la política internacional!

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