Español el que no bote
El odio está permitido en los campos de fútbol españoles, pero solo cuando es dirigido contra España
España es el único país del planeta, y les reto a que me nombren cualquier otro, en el que se tolera que se pite el himno nacional. Pero sólo el himno nacional. El pasado 31 de marzo, se armó la mundial porque durante un amistoso entre España y Egipto unos chavales pitaron el himno del país africano y corearon «musulmán el que no bote». El Gobierno salió aquel día en tromba a denunciar el «fascismo», «racismo» y «xenofobia», con los ministros Óscar Puente, Félix Bolaños y Ángel Víctor Torres vinculando el episodio, cómo no, a la «ultraderecha».
Dos semanas después, estos mismos ministros, rehenes de los nacionalistas vascos y catalanes, no tuvieron a bien comentar la pitada al himno nacional que se produjo en la final del Rey, ni los cánticos proetarras proferidos por una parte de la afición de la Real Sociedad: «Somos la banda de Anoeta… ¡ETA!». Y no es que se quedaran sin wifi, o sin voz, sino que siguieron una norma no escrita que dicta que el odio está permitido en los campos de fútbol españoles solo cuando es dirigido contra España.
