La visita de Carlos III y Camila a EEUU: marcada por el tiroteo a Trump, con una fiesta en la Casa Blanca y para reforzar su relación
El rey de Reino Unido y Camila están en el país americano para intentar reforzar la relación maltrecha entre ambos países

Donald Trump y Carlos III | Gtres
El rey Carlos III de Inglaterra y Camila han llegado este lunes en Washington para iniciar una visita de Estado de cuatro días en la que tratará de reforzar una «relación especial» maltrecha, sobre todo en el ámbito comercial y de defensa, después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. El primer ministro británico, Keir Starmer, cree que la visita puede servir para acercar posturas con la Administración estadounidense y ayude a dejar atrás los ataques verbales que Trump ha lanzado contra él en los últimos meses.
El avión oficial de la Corona británica tomó tierra en la base de Andrews poco antes del mediodía del lunes. A pie de pista les esperaban una alfombra roja y una guardia de honor perfectamente coordinada, imagen que simbolizaba el peso diplomático de una visita muy esperada en ambas orillas del Atlántico. Las banderas del Reino Unido y de Estados Unidos ondeaban en la cabina del aparato, subrayando el carácter oficial del desplazamiento.
El contexto, sin embargo, no podría haber sido más delicado. Apenas dos días antes del aterrizaje, un hombre disparó en el exterior del recinto donde Donald Trump y Melania Trump asistían a la cena de gala anual de corresponsales de la Casa Blanca, un acto en el que también estaba presente el vicepresidente J.D. Vance. El incidente obligó a evacuar de urgencia al presidente y a la primera dama, elevando el nivel de alerta en torno a todos los actos programados para la visita real.

A pesar de ello, el Palacio de Buckingham confirmó que el viaje se desarrollaría «según lo previsto». Fuentes diplomáticas señalaron que los equipos de seguridad de ambos países llevaban semanas coordinando los dispositivos, y que la confianza en su eficacia seguía siendo total. Solo se realizaron ligeros ajustes de última hora, sin que ello supusiera ninguna alteración drástica de la agenda.
Una taza de té como primer gesto diplomático
Lejos de comenzar con discursos formales, el primer acto de relevancia del día adoptó un tono deliberadamente más íntimo: un encuentro privado para tomar el té entre Carlos III y Camila y los Trump. Una escena que, pese a estar cargada de protocolo, buscaba proyectar una imagen de cercanía y confianza mutua entre dos figuras que se conocen desde hace años.

Este tipo de gestos forma parte de lo que los expertos en relaciones internacionales denominan «diplomacia blanda»: la convicción de que una conversación distendida o incluso una taza de té pueden tener más alcance que cualquier declaración pública. En ese sentido, Carlos III cuenta con una baza importante: su capacidad para conectar a nivel personal con líderes de todo el mundo.
Trump, por su parte, no ha ocultado nunca su admiración por la monarquía británica, un vínculo que se remonta a su infancia y que ha mantenido a lo largo de los años. Cuando la BBC le preguntó si esta visita podría contribuir a mejorar las relaciones entre ambos países, el presidente respondió sin dudarlo: «Por supuesto. Es fantástico. Es un hombre fantástico […] Lo conozco bien, lo conozco desde hace años. Es un hombre valiente y un gran hombre. Sin duda sería algo muy positivo». Cabe recordar que el propio Trump realizó una visita de Estado al Reino Unido en septiembre pasado, donde fue recibido por el monarca en el castillo de Windsor.

Una agenda intensa para cuatro días clave
A partir del martes, el programa ceremonial completo tomará el relevo. La jornada arrancará con una ceremonia de bienvenida oficial con honores militares. Tras el acto protocolario, las agendas se dividirán: Carlos III y Donald Trump celebrarán una reunión bilateral en el Despacho Oval, mientras que Camila y Melania Trump asistirán juntas a un evento intercultural con estudiantes en el Pabellón de Tenis de la Casa Blanca.
Ese mismo martes, el rey tiene previsto dirigirse al Congreso de los Estados Unidos, convirtiéndose así en el primer monarca británico en hacerlo desde 1991. La jornada concluirá con una cena de Estado celebrada en el Salón Este de la Casa Blanca. El miércoles 29 de abril, los reyes viajarán a Nueva York, donde participarán en una ceremonia de homenaje en el monumento conmemorativo del 11-S, con motivo del próximo 25.º aniversario de los atentados. Se espera que el alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, les acompañe en este acto. Después, la agenda se trasladará a Virginia, donde los monarcas participarán en los actos conmemorativos del 250.º aniversario de la fundación de Estados Unidos, incluyendo una «fiesta de barrio comunitaria».

El jueves, Carlos III y Camila regresarán a Washington para la despedida oficial en el pórtico sur de la Casa Blanca. A continuación, la visita se extenderá hasta las Islas Bermudas, con actos previstos el 1 y el 2 de mayo. Será la primera vez que Carlos III visita de manera oficial un territorio británico de ultramar desde su ascenso al trono.
El trasfondo político: una relación bilateral en horas bajas
La visita adquiere una relevancia especial si se tiene en cuenta el estado actual de las relaciones entre el Reino Unido y Estados Unidos. Desde que Washington e Israel lanzaron ataques contra Irán, Trump ha dirigido una serie de críticas al primer ministro británico, Keir Starmer, y a su Gobierno, a raíz de la negativa del Reino Unido a sumarse a la ofensiva. El presidente estadounidense ha llegado a afirmar en varias ocasiones que Starmer «no es Winston Churchill», entre otros comentarios despectivos hacia el líder laborista.
En este escenario de tensión política, el papel de Carlos III resulta especialmente significativo. Aunque su posición como monarca constitucional le obliga a mantenerse al margen de los asuntos políticos, su habilidad para establecer vínculos personales con líderes internacionales representa una de sus principales fortalezas en el ámbito de la política exterior. Y en este caso concreto, la buena relación que mantiene con Trump parece jugar claramente a favor de los intereses del Reino Unido.
El mensaje que ambas delegaciones quieren transmitir durante estos cuatro días es claro: normalidad, estabilidad y continuidad en una relación bilateral que, pese a las turbulencias recientes, sigue siendo estratégicamente fundamental para ambos países. La imagen del primer día —la monarquía británica y la política estadounidense encontrándose en un momento especialmente sensible— augura una visita que dará mucho que hablar, dentro y fuera de los focos.
