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El refugio español de Jonathan Andic y Paula Nata está en Baleares: 70 kilómetros de costa, inspiró a Julio Verne y no tiene semáforos

El hijo del que fuera dueño de Mango, desde la muerte de su padre, ha hecho vida normal; viaja y ha tenido un hijo

El refugio español de Jonathan Andic y Paula Nata está en Baleares: 70 kilómetros de costa, inspiró a Julio Verne y no tiene semáforos

Paula y Jonathan Andic, en una imagen de sus redes sociales.

Jonathan Andic no está pasando por su mejor momento. El hijo del dueño de Mango fue detenido, la pasada semana, tras una ardua investigación de los Mossos por el homicidio de su padre. El empresario multimillonario murió tras precipitarse por una ladera cuando se encontraba dando un paseo con Jonathan, su primogénito, con quien, en los últimos años, había protagonizado algún que otro desencuentro. En todos estos meses, desde que se produjera la muerte de su padre en diciembre de 2024, Jonathan ha llevado una vida totalmente normal; ha tenido un hijo y, también, se ha refugiado en las Baleares, uno de sus lugares favoritos en nuestro país.

Formado en el IESE Business School, Jonathan Andic comenzó desde joven a prepararse para liderar el imperio familiar. Su carrera dentro de Mango se estructuró a través de varios hitos importantes. En 2007, asumió el reto de lanzar y dirigir la línea masculina de la firma —originalmente llamada H.E. por Mango—, la cual logró expandir internacionalmente de forma exitosa. En 2012, su padre lo nombró presidente ejecutivo del grupo con la intención de delegar el mando. Sin embargo, tras unos años de dificultades financieras y de gestión en un mercado muy competitivo, Isak Andic regresó brevemente de su retiro en 2018 para enderezar el rumbo.

La relación de Jonathan Andic y Paula Nata

Paula Nata y Jonathan Andic, en una imagen de las redes sociales.

En 2020, Jonathan cedió el puesto de consejero delegado a Toni Ruiz —el actual CEO que ha devuelto a Mango a cifras récord de facturación—, mientras él regresaba a sus funciones como responsable de Mango Man y vicepresidente del consejo de administración. Jonathan está casado con Paula Nata. Fundó su propia agencia de comunicación, All About Management, centrada en marcas de lujo, diseño y creadores de contenido.

Su relación con Jonathan Andic —que en ese momento dirigía Mango Man— era la unión perfecta de dos personas apasionadas por la misma industria. Durante su noviazgo, se convirtieron en una de las parejas más discretas, pero a la vez más influyentes y elegantes, de la alta sociedad y los círculos artísticos barceloneses. El vínculo más importante entre ambos se consolidó con el nacimiento de su hijo en común, el pequeño Isak —llamado así en honor a su abuelo, el fundador de Mango—. El nacimiento del niño supuso una gran alegría para la familia Andic, asegurando la continuidad del nombre del patriarca en la siguiente generación.

A pesar de haber formado una familia, la relación de pareja llegó a su fin. Fieles al estilo que siempre ha caracterizado a los Andic —especialmente a Jonathan, que siempre ha intentado mantener su vida privada alejada de los focos a diferencia de otros herederos—, la ruptura se gestionó de manera muy discreta, sin comunicados ni escándalos en la prensa del corazón. A raíz de la investigación judicial a Jonathan Andic, el entorno del empresario ha vuelto a ser analizado al detalle. La defensa de Jonathan ha querido poner de manifiesto que, a pesar de la separación, el empresario mantenía un entorno familiar estructurado y que la relación con Paula Nata en lo que respecta a la crianza de su hijo en común seguía cauces de normalidad.

Su refugio en las Baleares

En todo este tiempo, su refugio en Formentera ha sido uno de sus lugares favoritos. La familia Andic —con el patriarca Isak a la cabeza— siempre apostó por la máxima discreción. Mientras otros grandes empresarios o herederos preferían la opulencia y las fiestas de Ibiza o Marbella, los Andic encontraron su paraíso en Formentera. Allí poseen una impresionante propiedad cerca de Es Caló de Sant Agustí, una de las zonas más auténticas, pesqueras y salvajes de la isla. La casa está diseñada para mimetizarse completamente con el paisaje mediterráneo: rodeada de pinos, sabinas y con acceso directo a aguas turquesas. Para Jonathan, esta casa no era un simple destino de vacaciones, sino un templo de desconexión absoluta.

Paula Nata y Jonathan Andic. | Redes sociales

Durante los años que duró su relación con la experta en comunicación Paula Nata, Formentera fue el escenario principal de sus veranos. Al ser una isla donde apenas hay prensa del corazón y se respeta profundamente la privacidad de los visitantes, la pareja podía hacer una vida completamente normal. Era habitual verlos navegar por las aguas de Ses Illetes, comer arroz en los chiringuitos más exclusivos pero rústicos de la isla —como el famoso Es Molí de Sal o Juan y Andrea—, o pasear en moto por las carreteras sin semáforos de la isla. Allí compartieron los primeros veranos de su hijo en común, el pequeño Isak.

La pasión de la familia por la isla es tal que bautizaron a una de sus embarcaciones más queridas con el nombre de la isla: el Nirvana Formentera —un velero clásico de corte espectacular—. Jonathan, gran apasionado de la navegación, utilizaba este barco como un refugio flotante dentro del propio refugio, pasando semanas enteras fondeado en las calas de la isla, lejos de las reuniones del consejo de administración de Mango. Formentera es una isla pequeña —tiene poco más de 83 kilómetros cuadrados—, pero debido a su forma tan recortada y llena de accidentes geográficos, cuenta con una extensión de costa sorprendente, Formentera tiene 69 kilómetros de litoral.

Formentera, un lugar mágico

De esos 69 kilómetros de costa, no todo es arena —hay muchos acantilados y zonas de roca—, pero la isla está rodeada de playas y calas kilométricas. En el archipiélago balear existe el dicho popular de que «Formentera es un queso». Esto se debe a su naturaleza geológica caliza. El subsuelo de la isla está completamente perforado por el agua, creando un laberinto de grutas, pasadizos y cuevas subterráneas —como la famosa Cova de Can Marroig o la Cova Foradada—. Básicamente, pisas sobre un queso emmental flotante. El color caribeño de sus aguas no es casualidad; se debe a las praderas de Posidonia oceánica. Entre Ibiza y Formentera se encuentra un único espécimen de esta planta marina que mide unos 8 kilómetros de largo y tiene más de 100.000 años de edad. Está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y actúa como una gigantesca depuradora natural que oxigena y aclara el agua.

Es uno de los pocos lugares de Europa donde no existe ni un solo semáforo. Para regular el tráfico de sus pequeñas carreteras, la isla confía exclusivamente en las rotondas y en una velocidad máxima muy reducida. Además, para evitar la masificación, el acceso de coches de no residentes está estrictamente limitado en los meses de verano. En los años 60 y 70, Formentera fue la meca del movimiento hippie y bohemio europeo, atrayendo a grandes estrellas del rock que buscaban desaparecer del mapa. El grupo Pink Floyd pasó largas temporadas en la isla. De hecho, el icónico molino de viento Es Molí Vell —en el Pilar de la Mola— aparece en la película More (1969), cuya banda sonora compuso la banda británica.

En el imponente Faro de la Mola hay un monolito dedicado a Julio Verne. El escritor francés situó en los acantilados de Formentera parte de la acción de su novela de ciencia ficción Héctor Servadac —donde un meteorito arranca un trozo de la Tierra para viajar por el espacio—. Lo curioso es que Verne jamás pisó la isla; se documentó únicamente con mapas y cartas náuticas de la época. En el extremo norte de la isla se encuentra el islote de S’Espalmador, una isla privada deshabitada y protegida de 3 kilómetros de largo. Lo asombroso es que, cuando la marea está muy baja y el mar está en calma, se puede cruzar literalmente caminando —o vadeando con el agua al pecho— desde Formentera a través de una lengua de arena llamada Es Pas.

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