The Objective
Gente

Los tres proyectos que ilusionan a Norman Foster a sus 90 años: «Siento que me queda todo por lograr»

El arquitecto se ha convertido en todo un referente en el mundo del diseño de edificios y no tiene pensado jubilarse

Los tres proyectos que ilusionan a Norman Foster a sus 90 años: «Siento que me queda todo por lograr»

Norman Foster, en una imagen de archivo. | EP

Norman Foster es uno de los arquitectos más brillantes de nuestro país. El inglés pasa la mayor parte de su tiempo entre Madrid y Londres. Es en estas dos ciudades europeas donde tiene sus proyectos más especiales, tanto a nivel personal como profesional. Y es que, desde que conociera a Elena Ochoa, se enamoró, no solamente de ella, sino, también, de la cultura y de la vida de su país. A sus 90 años, Foster todavía sigue muy activo, trabajando, cada día, en sus proyectos y poniendo su cariño y experiencia en cada uno de los edificios a los que da forma.

Norman Foster mantiene una energía y una curiosidad que desafían al tiempo. Lejos de pensar en la jubilación, el arquitecto británico —que lidera gran parte de su actividad a través de su fundación en Madrid— ha confesado que sigue sintiendo «que le queda todo por lograr». A esta edad, sus mayores motivaciones no son los rascacielos corporativos tradicionales, sino ideas vanguardistas enfocadas en la supervivencia climática, la habitabilidad extrema y la dignidad social. Los tres grandes frentes y proyectos que más le ilusionan y ocupan su tiempo son tres.

Norman Foster, imparable a sus 90 años

Norman Foster, en una imagen de archivo. | Gtres

El primero de ellos es el proyecto Essential Homes. Este es, probablemente, el proyecto con mayor carga social y emocional para Foster en los últimos años, desarrollado a través de la Norman Foster Foundation en colaboración con la cementera Holcim. Ante la crisis global de refugiados y desplazados climáticos, Foster se rebeló contra la idea de que los campamentos de refugiados deban ser asentamientos precarios de tiendas de lona que duran décadas. Diseñó un prototipo de vivienda industrializada, modular, sostenible y de bajo coste que se puede montar en cuestión de horas pero que ofrece aislamiento térmico real, seguridad y dignidad a las familias.

Ver cómo la arquitectura de vanguardia puede bajar a la tierra para resolver una de las crisis humanitarias más apremiantes del planeta, sustituyendo la precariedad por un verdadero sentido de «hogar». Además, también está centrado en su máster en Ciudades sostenibles. Foster está volcado en educar a las próximas generaciones de urbanistas para rediseñar las grandes capitales del mundo ante el cambio climático. A través del Norman Foster Institute —con sede central en Madrid—, lidera personalmente un ambicioso programa académico.

Los tres proyectos que ilusionan a Norman Foster

El proyecto no se queda en las aulas; utiliza ciudades reales de todo el mundo como laboratorios —desde Ciudad del Cabo hasta Bilbao o Atenas—. Los estudiantes analizan datos de emisiones, movilidad y densidad urbana para proponer soluciones de regeneración que el propio Foster supervisa. Su ilusión es la de dejar un legado metodológico. A Foster le entusiasma la idea de que el futuro de las ciudades no dependa de «edificios estrella», sino de un enfoque científico y humano que recupere el espacio público para los ciudadanos.

A gran escala arquitectónica, el proyecto que redefine los límites de su estudio es el diseño de Laheq Island, un revolucionario concepto de isla residencial y autosuficiente en el mar Rojo. Foster ha diseñado un descomunal anillo flotante sobre el agua concebido como un «jardín infinito». El proyecto desafía las condiciones climáticas más extremas del desierto y el mar mediante arquitectura bioclimática: estructuras elevadas que generan su propia sombra, pérgolas con vegetación autóctona y sistemas de energía limpia que permiten que más de 740 residencias coexistan en un entorno hostil de manera completamente ecológica.

Norman Foster y Elena Ochoa, por las calles de Madrid en febrero de 2019. | Gtres

Su objetivo es el de demostrar que el lujo del futuro no reside en la opulencia, sino en la sensibilidad hacia el paisaje, la autosuficiencia energética y la integración absoluta de la naturaleza en la arquitectura. Lo cierto es que su historia personal tiene mucho que ver con la superación. A diferencia de otros arquitectos de renombre de su generación, Foster no venía de una familia acomodada. Tuvo que trabajar como cajero de banco y cumplir el servicio militar en la Royal Air Force antes de poder pagarse los estudios de arquitectura en la Universidad de Mánchester.

Su vida cambió cuando ganó una beca para estudiar un máster en la Universidad de Yale (EE. UU.). Allí conoció a otra futura leyenda, Richard Rogers, y descubrió la arquitectura americana: ligera, industrial y abierta. A su regreso al Reino Unido, fundaron junto a sus respectivas esposas el revolucionario estudio Team 4 (1963-1967). En 1967 fundó su propio estudio, Foster + Partners, que hoy en día es una de las firmas de arquitectura más gigantescas y respetadas del planeta. Foster empezó a destacar por dejar a la vista los esqueletos de los edificios —es decir, tuberías, vigas de acero o tensores—, convirtiendo la ingeniería en arte.

No tiene pensado jubilarse

Norman Foster tiene varios proyectos que le emocionan. | Gtres

El edificio que lo consagró a nivel mundial fue la Sede del banco HSBC en Hong Kong (1985). Fue un hito absoluto: se construyó por módulos en distintas partes del mundo y se ensambló allí, redefiniendo por completo cómo debía ser un rascacielos moderno. El catálogo de obras maestras de Foster es inabarcable. Rediseñó el parlamento alemán tras la reunificación y, también, cambió la vista de Londres con la torre The Gherkin. Diseñó junto al ingeniero Michel Virlogeux el puente de carretera más alto del mundo. Una obra de ingeniería tan esbelta que parece flotar sobre las nubes del valle del Tarn. La excelencia de su carrera le ha valido los mayores honores posibles en su profesión.

Además, Norman Foster tiene una relación íntima y muy especial con España, un país clave en su vida. Está casado con la editora y psicóloga española Elena Ochoa, y ha elegido Madrid como sede de la Norman Foster Foundation, un centro neurálgico desde donde custodia su archivo histórico y financia investigaciones sobre el futuro de las ciudades. En España ha dejado obras icónicas como la Torre Cepsa —en Madrid—, las estaciones del Metro de Bilbao —conocidas popularmente como fosteritos— o la bodega Portia —de Ribera del Duero—.

Publicidad