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La encuesta que desnuda el fracaso del socialismo en Venezuela

Este año la universidad sorteó la censura y la represión que la llevaron en 2025 a pasar el estudio anual bajo la mesa

La encuesta que desnuda el fracaso del socialismo en Venezuela

Delcy Rodríguez, presidenta de Venezuela. | EP

Sin nunca proponérselo, la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) también resume los 10 peores años de la historia reciente venezolana, bajo el control de Nicolás Maduro, e ilustra las ruinas que dejó en el país el heredero designado a dedo por Hugo Chávez, el responsable del fracasado movimiento socialista, populista y nacionalista llamado «revolución bolivariana». La encuesta Encovi, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), una de las más prestigiosas de Venezuela, también ilustra el tamaño de los problemas del país.

Este año la universidad sorteó la censura y la represión que la llevaron en 2025 a pasar el estudio anual bajo la mesa. En julio de 2024, el Gobierno encarceló durante días o meses a varios economistas y académicos, autores de otros estudios que refutaban la supuesta prosperidad proclamada por la propaganda chavista. Venezuela sufre un severo deterioro de sus servicios públicos, que recrudece los apagones, la falta de agua y que la gente se mantenga a la expectativa de ver si la supuesta reactivación económica llega tras años de una de las peores crisis económicas y sociales documentadas en cualquier país del hemisferio occidental.

Los cortes de luz, de hasta 12 horas en algunas localidades, recrudecen en estos días en medio del calor tropical. Hay un déficit de al menos 3.000 megavatios en el sistema de generación y transmisión, según expertos calificados. Esa cantidad es la que demandan unos siete millones de hogares en Venezuela. Solo está disponible entre el 36% y el 40% de la capacidad instalada y no habría electricidad suficiente para sustentar una recuperación de la economía.

Pero esa reactivación sigue en el terreno de las expectativas, aunque el Banco Central (BCV) afirma que el producto interno bruto acaba de encadenar entre enero y marzo su vigésimo trimestre seguido de crecimiento, con una inflación de un solo dígito a finales de abril, que se mantendrá en mayo. En abril la inflación oficial fue de 10,6% y la anualizada de 611%. La expansión del crecimiento está asociada al alza de la producción en algunos campos petroleros y a más exportaciones de petróleo, gracias al alivio de las sanciones impuestas por Estados Unidos.

Entre apagones y falta de personal

La falta de electricidad y de mano de obra calificada limitan una recuperación económica sostenida, advierten empresarios, economistas y académicos. Según la encuesta Encovi, en el 39% de los hogares del país la electricidad se va «diariamente varias horas»; en el 35% falla alguna vez por semana y en el 15% alguna vez por mes. Solo en el 10% nunca hay apagones.

En el convulso año 2014, cuando se iniciaron las fuertes protestas callejeras pidiendo la salida de Maduro del poder, los apagones diarios golpeaban a «solo» el 21% de los hogares. Pero durante todos estos años la luz no solo ha faltado en los hogares, también en escuelas, fábricas, comercios, hospitales, cuarteles y dependencias públicas, lo que contribuye al hundimiento de la economía y encarece los costos de producción.

El Gobierno atribuye la crisis eléctrica a las sanciones impuestas por Estados Unidos y que se recrudecieron desde 2019, cuando Maduro asumió otro período de gobierno considerado ilegítimo porque provino de unas elecciones también fraudulentas. Pero en realidad la crisis eléctrica se agravó, según estudios técnicos, porque el país depende del sistema de generación hidroeléctrica en el sureño estado Bolívar, y hay fallas en los sistemas de transmisión y distribución.

Mientras, las grandes plantas termoeléctricas de respaldo solo trabajan a cerca del 15% de su capacidad, porque fueron desmanteladas, mal construidas u otras nuevas no salieron del papel, en un recordado episodio de corrupción masiva en el cual miles de millones de dólares fueron saqueados por funcionarios del régimen, de la mano de empresarios vinculados a ellos, los llamados bolichicos.

En educación, el fracaso del modelo chavista se ilustra con la diáspora masiva de mano de obra altamente calificada, hoy esparcida por el mundo. A Venezuela le costará mucho reponerse de esa descapitalización de recursos humanos porque el sistema educativo hizo aguas, mientras los migrantes no ven condiciones para regresar. Encovi encuentra un estancamiento en la cobertura educativa en la población de 3 a 17 años y, en el grupo de entre 18 y 24 años, una enorme caída. «La recuperación dependerá de la mejora de las economías familiares y de la oferta educativa», precisa Encovi. Solo el 64% de los niños y jóvenes entre tres y 24 años están estudiando. Esto significa que hay 1,2 millones de niños y adolescentes fuera de las aulas; la mayoría estará trabajando en empleos mal calificados y mal pagados. Entre los 18 y los 24 años solo el 22% se está educando, contra el 47% en el año 2014.

En definitiva, solo el 44% de los estudiantes asiste regularmente a clases. La falta de agua, electricidad y comida en el hogar son las tres principales causas de inasistencia. Medida por ingresos, la pobreza agobia al 76,5% de las personas en Venezuela. De ellas, el 38,5% está en pobreza extrema porque lo que recibe no alcanza para comprar la canasta alimentaria. Aunque en los últimos años han mejorado estos índices de ingresos en medio de cierta flexibilización de la economía y relajamiento de los controles, lo que ha moderado la todavía muy alta inflación, esa mejora no se traduce en más bienestar. La «pobreza multidimensional» alcanza al 55% de la población, comparado con el 39% en 2014, según Encovi. Este índice más amplio toma en cuenta no solo los ingresos, sino también las privaciones en vivienda, servicios, educación, empleo y salud.

«La recesión económica junto a la hiperinflación contribuyó al empobrecimiento de la mayoría de los venezolanos». Es la pobreza de ingresos. «En cuanto a los niveles de pobreza extrema, es evidente su disminución después de 2021, pero todavía en 1 de cada 3 hogares los ingresos no son suficientes para satisfacer las necesidades alimentarias», encuentra Encovi. En este contexto, y pese a mejoras dentro de la crisis, falta ver si los venezolanos afincados en el exterior, tras la estampida migratoria desatada por este colapso, están dispuestos a retornar al país. Encovi encuentra que el 10% tiene planes de hacerlo, contra el 17% en 2023.

La mayor propensión a regresar está entre los más pobres (15%) y en general entre las mujeres migrantes (21%). Por edades, las mayores tasas se encuentran entre los mayores de 50 (19%) y menores de 14 (25%). «Han regresado las personas con menor capital educativo y que se desempeñaban como trabajadores de los servicios o en ocupaciones elementales», señala el estudio.

Coincidencialmente, un reciente informe a marzo de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, encuentra que el 35% de los migrantes en cinco países americanos está inclinado a regresar, aunque solo el 9% tiene intenciones de hacerlo en los próximos 12 meses. La reunificación familiar es el principal impulso de esta aspiración, pero la mayoría expresa que ese regreso va a requerir una mayor estabilización política y económica en Venezuela. Por lo pronto, los trasiegos a través de la frontera continúan sus mismos patrones estacionales y las mismas tendencias históricas para esta parte del año, «mientras que movimientos de retorno a larga escala no se han materializado», según Acnur.

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