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Deporte en vacaciones: cómo bajar el ritmo sin acabar con el hábito

Piensa, antes de arrepentirte de los kilos de más en septiembre, cómo puedes reducir tu ritmo deportivo sin pararlo por completo

Deporte en vacaciones: cómo bajar el ritmo sin acabar con el hábito

Dos personas haciendo paddle surf. | ©Unsplash.

De buenos propósitos están los veranos llenos. Leer, ponernos con esa serie que teníamos pendiente, desconectar, aparcar el teléfono o no abandonar las zapatillas de running que nos acompañan durante todo el año están entre los clásicos. El problema, aunque no es pese, es que solemos dejar de hacer deporte durante nuestras vacaciones y luego septiembre llega cuesta arriba.

El problema, como en toda actividad física, es que la memoria del cuerpo es ingrata y breve, siendo bastante fácil perder registros o ganar algo de peso si no mantenemos un nivel relativamente acorde a lo que solemos hacer el resto del año. Parar en verano, aparte de recomendable, también sirve para hacernos reconectar, aunque esto a veces suene a antítesis si hablamos de hacer deporte. Por suerte o por desgracia, los días libres de los que gozamos durante las vacaciones pueden pasar cierta factura.

Depende en gran medida del tipo de deporte que practicamos y nuestras ambiciones, evidentemente, pero no es necesario que durante nuestras vacaciones suspendamos por completo el deporte que solemos hacer —hacer deporte siempre estará bien—. Eso no significa que necesariamente sostengamos las mismas rutinas que el resto del año, sobre todo por aprovechar al máximo el tiempo libre del que gozamos durante las vacaciones y de otros planes que no podemos llevar a cabo fuera de ellas.

Ni martirio —por no hacer deporte— ni esclavitud —por conservar la rutina—, esas deberían ser las claves de tu deporte saludable en verano, sobre todo cuando tenemos en cuenta que salvo ciertas excepciones, suelen ser momentos en los que podemos seguir haciendo deporte de forma más o menos constante. Pensemos en playas y piscinas, pero también en el tiempo libre que unos días en el pueblo o en ciertos destinos nos podrían facilitar.

Es evidente que hay planes veraniegos que chocan de frente con intentar conservar la forma física. Especialmente aquellos en los que se bebe y come mucho o en los que se duerme mal y poco (no olvidemos lo importante que es el descanso para mantener el tono físico), pero suponemos que a la persona que le preocupa su forma física durante 11 meses no va a convertirse en un destroyer de la noche a la mañana en el mes de agosto. Suponemos, claro.

Hacer deporte en verano: realismo, consecuencia y constancia

Puedes pretender tener el buen propósito de ponerte en forma cuando llevas un año sin hacerlo. Es lícito y poco condenable, pero no suena realista. Lo que sí suena realista es intentar conservar cierta actividad sin que eso suponga los ratios habituales y, sobre todo, buscar alternativas que se acomoden a lo que haces cuando no es verano.

También hay que tener claro el tipo de deporte que practicas y qué intenciones sueles tener con él. Si entrenas mucho, a diario y te marcas objetivos como tiempos, repeticiones o pesos has de tener claro que dejar por completo la actividad va a influir en la vuelta de septiembre. Ser consecuente es parte de la clave de esta recuperación y si tus metas se basan en esos propósitos es conveniente que, antes de irte, marques con tu entrenador o preparador ciertos hábitos para conservar el tono en verano.

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Los gimnasios de hotel son un lugar perfecto para no perder ripio deportivo en vacaciones. ©Unsplash.

Si los tiempos y estas metas no te afligen tanto puedes levantar algo la mano y, sobre todo, ver qué puedes llevarte en la maleta (de manera metafórica) para no dejar de hacer deporte. Además, como el resto del año, siempre es importante que el deporte que concibamos en vacaciones sea de una forma lúdica y no tomarlo como obligación o suplicio.

No menos importante es comprender cómo pretendemos torpedear nuestra figura a base de kilos de más durante las vacaciones. En esta parte de ser consecuente debemos remarcar lo que estamos haciendo —o dejando de hacer— y lo que esto va a suponer si nos pesamos o medimos al volver a la realidad.

Por último y casi más importante que todo lo anterior es tener claro el tiempo del que disponemos en nuestras vacaciones. No va a cometer el mismo atentado contra nuestra forma física estar un mes parado que estar cuatro días. Cuantos más días permanezcamos ociosos, peor, como resulta evidente. Así que, si vamos a tener la suerte de gozar de muchos días de asueto, pensemos en ciertas rutinas que nos puedan echar una mano.

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La marcha nórdica es un ejercicio perfecto para no dejar de hacer deporte en verano. ©Unsplash.

Como colofón, es óbice recordar que… ¡estamos de vacaciones! Eso significa tiempo libre y también muchas alternativas divertidas para hacer deporte casi sin pretenderlo y con poca obligación. Unas sencillas palas con una pelota en la playa y nuestros hijos es una forma de mantenerse activo, tanto como nadar en la piscina o playa, o aprovechar unos días en el campo para hacer senderismo o todo tipo de deportes en la naturaleza. A ello hay que sumar los clásicos deportes de verano, muchos de ellos vinculados al mar, como pueden ser el paddle surf, la marcha nórdica, el kayak, el piragüismo u opciones algo más complejas como el surf.

Cuatro ejercicios para no decir adiós al deporte en verano

No todos los deportistas practican el mismo ejercicio ni existe una tábula rasa que sirva de fórmula mágica. Aún así, comprendamos que hay ciertas rutinas que pueden ser extrapolables a distintas personas y que nos permitan alcanzar ciertas metas. Por un lado, hablemos del interés en mantener un nivel de cardio saludable, mientras que por el otro hay que entender que queremos mantenernos tonificados y eso suele implicar un trabajo de fuerza de una forma u otra.

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Tanto el boxeo como el fitboxing permiten una mezcla alta de cardio con ejercicio de fuerza y resistencia. ©Unsplash.

Hay una serie de ejercicios que, incluso en casa, podríamos hacer para mantener el ritmo sin necesidad de parar por completo. No será lo mismo que ir al gimnasio donde nos esperan nuestras clases de crossfit. Tampoco será lo mismo que nuestros 15 kilómetros diarios a cuatro minutos de media, pero es mejor que no hacer nada.

  • Burpees: llevan de moda unos cuantos años y los motivos para practicarlo son de sobra conocidos pues permiten entrenar fuerza y resistencia al mismo tiempo y no exigen nada más que una esterilla —o ni eso—. Si quieres saber cómo hacerlos bien, presta atención a este reportaje.
  • Máquinas (ciclos indoor y cinta): para todos aquellos que estén en hotel, el gimnasio puede ser una bicoca, incluso para los que tienen poco tiempo. Además, es muy frecuente que descubramos otros aliados allí como las máquinas de remo, que son una opción perfecta para añadir parte de ejercicio de fuerza al ya clásico cardio que haríamos en bici estática o cinta.
  • Fitboxing y boxeo: ya os hemos hablado de sus beneficios en más de una ocasión y no necesitan ni un espacio grande ni mucho tiempo. Una sesión breve de 20 minutos, con la rutina que tengamos, haciendo sombras (marcando los golpes, pero sin dar) nos vendrá bien para conservar un buen tono aeróbico y para tonificar.
  • Senderismo: allí donde haya un camino para hacer trekking o caminar por el monte puede haber una oportunidad para hacer deporte. Es evidente que tiene un perfil de resistencia y cardio antes que un ejercicio de fuerza, pero puedes combinarlo con la marcha nórdica y así también tendrás tonificación en el tren superior sin apenas darte cuenta.

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