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Byung-Chul Han, filósofo, ya lo dijo a sus 62 años: «La búsqueda obsesiva de la felicidad no es buena, acaba produciendo cansancio y vacío»

Su diagnóstico abre una pregunta sobre el modo en que las sociedades contemporáneas gestionan el malestar

Byung-Chul Han, filósofo, ya lo dijo a sus 62 años: «La búsqueda obsesiva de la felicidad no es buena, acaba produciendo cansancio y vacío»

Byung-Chul Han | Inteligencia artificial

A los 62 años, el filósofo surcoreano-alemán Byung Chul Han vuelve a colocar en el centro del debate una de las ideas más persistentes de su pensamiento, la felicidad, cuando se convierte en obligación social, deja de ser un horizonte deseable para transformarse en una fuente de desgaste. En una entrevista concedida al diario El País con motivo de la publicación de La sociedad de los cuidados, afirmó que la búsqueda obsesiva de la felicidad no es buena, porque acaba generando cansancio y vacío.

La reflexión no es aislada, sino que forma parte de un diagnóstico más amplio sobre las sociedades contemporáneas. Han sostiene que el sistema neoliberal ha sustituido las formas clásicas de disciplina por una lógica de autoexigencia constante. El individuo ya no es forzado desde fuera, sino que se autoimpone estar bien, producir más y mostrarse permanentemente optimista.

En este contexto aparece su idea de la dictadura del positivismo, una cultura en la que el malestar deja de ser aceptado como parte de la vida para convertirse en un fracaso individual. Diversos especialistas en filosofía contemporánea han señalado que este enfoque permite leer fenómenos cotidianos como el agotamiento laboral o la saturación digital desde una perspectiva cultural más amplia.

Las declaraciones fueron realizadas en el marco de la promoción de La sociedad de los cuidados, un texto en el que el autor profundiza en la necesidad de recuperar la atención, la pausa y la vulnerabilidad como contrapeso a la lógica del rendimiento. El interés mediático por sus ideas se explica por la continuidad con obras anteriores como La sociedad del cansancio, donde ya analizaba la fatiga como rasgo estructural del presente.

Según Han, la promesa de felicidad permanente que circula en redes sociales, discursos motivacionales y entornos laborales no solo es inalcanzable, sino que puede resultar dañina. La exigencia de estar siempre bien genera una presión interna que deriva en agotamiento emocional, incluso cuando no existe una coerción externa visible.

La dictadura del positivismo

Uno de los conceptos más citados de su obra es precisamente el de la dictadura del positivismo. Con él, el filósofo describe un entorno en el que todo debe ser interpretado en clave de oportunidad, crecimiento o éxito personal. En ese marco, emociones como la tristeza o el cansancio dejan de ser legítimas y pasan a ser problematizadas.

Este enfoque ha sido ampliamente difundido en el ámbito académico y cultural, aunque también ha recibido críticas. Algunos analistas consideran que su diagnóstico subraya en exceso la dimensión cultural del problema y deja en segundo plano factores económicos y laborales más concretos que también influyen en el malestar contemporáneo.

Salud mental y sociedad del rendimiento

El interés por estas ideas ha crecido en paralelo al aumento de debates sobre salud mental, especialmente en entornos urbanos y digitales. La sensación de agotamiento constante, la dificultad para desconectar del trabajo o la autoexigencia permanente son experiencias cada vez más extendidas en distintos sectores sociales.

En este sentido, la propuesta de Han conecta con una preocupación colectiva más amplia, aunque no exenta de controversia. Su lectura pone el acento en cómo la cultura del rendimiento puede transformar incluso el ocio y el descanso en espacios de productividad simbólica.

Frente a esta dinámica, el filósofo introduce el concepto de cuidado como eje alternativo. Cuidar implica desacelerar, aceptar la fragilidad y devolver valor a la atención sostenida hacia uno mismo y hacia los demás. No se trata de abandonar la actividad, sino de cuestionar la lógica de la aceleración permanente.

En La sociedad de los cuidados, esta idea se articula como una respuesta filosófica a la fatiga contemporánea. El cuidado aparece así como una forma de resistencia frente a la presión por rendir sin pausa, recuperando dimensiones de la vida que no se miden en términos de productividad.

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