El paranormal Jordi Évole
«Su falsedad es palmaria. Siga ejerciéndola, pues le ha sacado mucho provecho, pero no dé lecciones»

Jordi Évole. | Gtres
En este mundo tan extraño ya puede suceder cualquier cosa, hasta organizar un acto donde lleven a Silvia Intxaurrondo, Ignacio Escolar y Jordi Évole a algo que se llame «Festival de las Ideas y la Cultura». Parece un oxímoron, pero fue una realidad. De la primera no diré nada en este artículo porque está de vacaciones, y a un servidor le gusta santificar las fiestas. Del segundo tampoco lo haré porque bastante tiene con la que se le viene encima con la demanda que tiene el medio de comunicación del que es director por parte de Julio Iglesias. Espero que le saque hasta los higadillos, y es que no se puede jugar con el honor de una persona. También hay que decir que la razón para que le invitaran a un festival de dos conceptos tan elevados es porque precisamente era su medio quien lo organizaba. Pero hoy quiero que el protagonista sea Jordi Évole. Y es que cada vez que habla lleva el sectarismo a lo más alto.
En esa jornada del festival, el tema era el periodismo actual, y para hablar sobre él llevaron a ese triángulo de las Bermudas de una profesión tan noble cuando se ejerce con respeto y de manera honrada. Y es que ellos imaginan que hacen periodismo, pero hacen seguidismo rastrero de una ideología y de unos partidos políticos determinados. Cuando le tocó el turno de palabra a Jordi Évole me entristecí. Él, que empezó a hacerse conocido teniendo relativa gracia con ese personaje que era «el follonero», que se sentaba en la grada entre el público que acudía al programa que tenía en ese momento Buenafuente, vacilándole un poco a este de una manera más o menos fresca, y cómo ha ido perdiendo ese «humor» al ritmo que se iba enriqueciendo y haciendo cosas supuestamente más serias.
Verle tan serio y sentencioso puso en evidencia que había perdido la mucha o poca gracia que tenía en esos principios, y que desde hace un tiempo ha desaparecido por completo. Dijo que había «un auge peligroso de programas de televisión que lo que están haciendo es intoxicar de manera descarada. No es muy normal que en este país el señor que nos explicaba que venían los ovnis ahora nos esté explicando la corrupción del país. Lo paranormal no puede llevarse a lo normal. Ese programa es líder de audiencia y en él se dicen cosas muy locas. Si ustedes ven un programa al que va Aldama, no se lo crean».
Para dar lecciones de lo que debe hacer cada uno, y más cuando los terrenos pisados son parecidos, hay que asegurarse de que tu hoja de servicios está impoluta y es ejemplar. Iker Jiménez, que es a quien se está refiriendo sin nombrarle, es periodista, concretamente es licenciado en Ciencias de la Información, y el antiguo follonero no tiene ni una ni otra titulación. Así que, si nos vamos a poner tiquismiquis, como es en su caso, Iker tendría más derecho a presentar un programa de la temática que fuera que el que pasó de narrar partidos de fútbol regional a una grada de un estudio de televisión a decir un par de tonterías.
Un servidor no escribe este artículo para defender a un profesional como Iker Jiménez, su trayectoria lo hace por sí sola. Lo escribo para defender la dignidad y el trabajo no solo del director de ese programa junto a su mujer, Carmen Porter. Al programa Horizonte van los mejores periodistas de investigación de este país, que con su trabajo están sacando a la luz toda la basura que parece molestar al que prefiere demostrar su síndrome de Diógenes galopante. Todo lo que dicen en ese programa y escriben en sus diferentes medios esos profesionales intachables se acaba demostrando con el paso del tiempo. Para muestra, el botón de Teresa Gómez o Ketty Garat en THE OBJECTIVE con la sentencia a Ábalos y Koldo. Pero hay quien prefiere vivir entre cubos de basura, raspas de pescado y mondas de patatas. Debería agradecer que haya quien quiera limpiarle la casa, él que dice que es «tan español como los de derechas».
Jordi Évole es quien escribió que Santos Cerdán tendría que tener una calle con su nombre. Le faltó llamarle «Súper», como su admirado Zapatero. El que hacía espectáculo ruin con la pobreza energética en los tiempos de Rajoy entrevistando a una anciana que no podía poner la calefacción por el precio que tenía. Pero ahora calla cuando la cesta de la compra, la luz, la vivienda, todo, ha subido como nunca. Debe pensar que, como él es millonario, los demás lo deben ser.
Lo de millonario no lo dice un servidor, lo dijo nuestro protagonista cuando fue al programa de Broncano, con el que comparte casi todo de lo aquí dicho. Cuando tuvo que contestar cuál era su patrimonio total, la respuesta fue una horquilla entre 900.000 y 30 millones de euros. Les puedo asegurar que está mucho más cerca de la segunda cifra que de la primera. Y es que su productora cae bien y es recompensada, siendo pagada generosamente. La poca gracia que tenía cuando era el follonero la perdió cuando pasó a ser un periodista «serio», haciendo reportajes poco sesgados y tendenciosos, y entrevistas amables o severas dependiendo de quién fuera el personaje.
A Jordi Évole le sorprende que alguien que se ha dedicado a informar sobre ovnis, entre otras cosas, ahora hable de política y sea líder de audiencia. A un servidor le sorprende que, con las audiencias de las últimas temporadas de su programa, se lo sigan renovando. Pocas cosas hay más democráticas que elegir el canal de televisión que se quiere ver, pero parece que esas personas no merecen el respeto de Évole. Las mayorías solo son buenas y aceptables según el criterio del anteriormente conocido como el follonero, o cuando le dan la razón a él. Y es que el problema con la libertad que tiene esta gente es alarmante.
Iker Jiménez demuestra criterio seleccionando para ir a su programa a los periodistas que están dejándose la piel investigando a un Gobierno infestado por los casos de corrupción y cuyas cloacas son su hábitat natural. Usted, señor Évole, sin ser periodista como Iker Jiménez, pasó de payasear entre el público de un programa, o retransmitir un partido del Reus, a entrevistar a presidentes del Gobierno españoles y extranjeros, a un Papa, a gente reputada de la cultura y del deporte. Eso sí que es paranormal. Su falsedad es palmaria. Siga ejerciéndola, pues le ha sacado mucho provecho, pero no dé lecciones a quienes trabajan de manera valiente, libre y, sobre todo, digna.
