The Objective
Hastío y estío

Begoña Gómez y el vagabundo de las estrellas

«Tanto si al final es declarada culpable como para el momento actual, un humilde servidor le recomienda que lea»

Begoña Gómez y el vagabundo de las estrellas

Ilustración de Alejandra Svriz.

A Begoña Gómez el juez Peinado finalmente le ha retirado el pasaporte. Podrá seguir utilizando el Falcon dentro del territorio nacional, como ha hecho desde que su marido es presidente del Gobierno. Viajar en él para seguir yendo a los festivales de música que más les gustan. Que no solo den la nota los artistas y grupos musicales, sino el matrimonio presidencial. Moverse por nuestra piel de toro, si no fuera porque en cuanto son vistos por los ciudadanos corren un grave riesgo de ser corneados. Y es que el pueblo está cansado de que, además de ser cornudo, está siendo apaleado. Una humillación que ahora parece sentir en sus carnes Begoña Gómez al ser tratada como una ciudadana más, y no esa reina consorte como mujer de su «sanchidad». Tratarla igual que a cualquier otro presunto delincuente.

El juez Peinado ha decidido enviar a juicio con jurado popular a Begoña Gómez. Cada 15 días tendrá que mostrar su rostro protegido por los techos de Moncloa, hasta que esa tez se vaya tornando morena bajo el sol de la isla de Lanzarote en ese casoplón de uso y disfrute para ese matrimonio tan sobrio y de gustos sencillos, equiparables a los que se puede permitir la clase trabajadora que dicen defender. La Mareta se convierte en el búnker vacacional, el Palacio de la Moncloa con vistas al mar. El lugar perfecto para dos náufragos a la deriva.

Begoña Gómez se quedará sin pasaporte. Un documento que te permite legalmente viajar a otros lugares fuera de nuestras fronteras y con los que no haya ningún tipo de acuerdo especial. El «malvado» juez Peinado se lo confisca, obligándola a estar en un país donde ni ella ni su marido pueden dar un paso sin ser «elogiados y vitoreados». Puede que Peinado no sea tan perverso como ella cree y la esté preparando para su posible vida futura. Que vaya viendo lo que es estar bajo techo sin poder salir de las cuatro paredes donde se encuentra. Eso sí, sin los lujos y comodidades de Moncloa. Que hacer turismo sea salir a los jardines monclovitas o al patio de la cárcel.

Tanto si al final es declarada culpable como para el momento actual, donde no puede salir del país, un humilde servidor le recomienda que lea El vagabundo de las estrellas, de Jack London. Es una novela que cuenta la historia de un preso condenado a pena de muerte y una metáfora del placer emancipador de la lectura. Ante su próxima ejecución y maltratado por el personal penitenciario hasta el punto de que es obligado a llevar una camisa de fuerza que le imposibilita llevar a cabo cualquier labor, entre ellas leer libros, se ve obligado a evadirse de esa cruenta realidad a través de su mente. Empieza haciendo un repaso de su vida desde su infancia para ir poco a poco avanzando en su biografía. Después lo va mezclando con acontecimientos históricos donde juega con los hechos. Divaga y filosofa sobre lo ocurrido, a veces poniéndose en el centro del hecho histórico, y otras se aleja y se conforma con ser el narrador omnisciente, y otras, dudoso, donde sus pensamientos y su imaginación se mezclan para hacer de su realidad la mejor ficción posible. Y es que «la gran evasión» es nuestra mente, además del título de una gran película, también carcelaria, donde Steve McQueen es prisionero en un campamento nazi de prisioneros de guerra.

Ante la falta de pasaporte, Begoña podría viajar todo este verano con su imaginación. Fantasear con lo que es compartir celda con una presa que sí cometió sus delitos y no fue por llevar una vida acomodada y fácil. Puestos a imaginar y a inventar «realidades mentales», podría acogerse a ese periódico que para ella y los suyos no es ni un pseudomedio ni escribe bulos, que es El Plural. Para un servidor es lo más parecido al BOE «sanchista», pero seguro que es una mala jugada de mi pervertida mente. Recordemos esa gran exclusiva de este medio cuando dijo que el juez Peinado tenía dos DNI. Pues un servidor ahora sube la apuesta: si el magistrado tenía dos documentos nacionales de identidad, ¿por qué no va a tener dos pasaportes? Si es así, que le dé uno a Begoña, para que se entretenga con él y se imagine viajando por el mundo, de la misma manera que se creía licenciada en Marketing o directora de una cátedra, cuando no solo no es doctora, sino que no tiene una licenciatura. Que imagine, pero que no quiera llevar a cabo esas monumentales abstracciones. Es mejor que deje los delirios de grandeza para los virtuosos en esa materia. Y es que no es una ciencia exacta aquello de que dos que duermen en un colchón se vuelven de la misma condición.

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