Julito va a cantar
«En su entorno familiar se dice que su ayuda va a ser total, sin límites ni ambages. Caiga quien caiga»

Julio Martínez Martínez. | Carlos Luján (Europa Press)
Julito va a cantar, y no me refiero a Iglesias. El cantante español ya lo ha hecho durante mucho tiempo, ganándose tan bien la vida que ahora puede dedicarse en cuerpo y alma a ver arder a eldiario.es. Y es que hay chapuzas periodísticas que un servidor solo pensaba que se perpetraban en El Plural. Pero se ve que en esa parte del tablero ideológico-seudoperiodístico se compite por ver quién se hace merecedor de una de las frases más famosas de su amado líder. Unos dicen que el juez Peinado tenía dos DNI, y otros que Julio Iglesias ha acosado sexualmente a varias trabajadoras de la casa donde vive, con una documentación y unos audios de las supuestas víctimas más cutres que llevar en verano camisa de manga larga y, de cintura para abajo, un bañador.
El Julito que va a cantar es el compañero de correrías, o de running, según se mire, del expresidente Zapatero. Un servidor puede hablar con conocimiento de causa: correr es el deporte que practico en una búsqueda inasequible de huir de mí mismo, consiguiendo solo cansarme más de llevarme encima. No cualquiera vale como compañero de correrías; de eso se han dado cuenta Aldama y ahora Julito. Pero es que en el running un mal compañero de zancadas convierte el título del libro La soledad del corredor de fondo, del que hicieron una película de culto, en una verdad incuestionable. En dicho libro, el protagonista es un joven de clase obrera enviado a un reformatorio. Al descubrir su talento para el atletismo, las autoridades le permiten entrenar para ganar una competición, pero él usa sus carreras solitarias como un espacio mental para desafiar a la autoridad y resistirse al sistema.
En eso, tanto Julito como Zapatero sí se pueden ver identificados. Correr para que los pensamientos se ordenen y ayuden a encontrar la mejor manera de poder evadir las normas, las leyes y beneficiarse de ello. Dar «pasos» que lleven a lucrarse de manera tan generosa como corrupta e ilegal; eso sí, con las zapatillas impolutas, como si estuvieran por estrenar. Convertir correr en un acto filosófico-delictivo. Lo deportivo queda para elegir un coche de ese modelo pagado con el sudor de la corruptela.
Julito va a cantar porque se va a cansar aún menos que cuando salía a «trotar» con ese caballo percherón de nombre Zapatero. Más lento que el caballo del malo, y puede que por eso le hayan «pillado». Su exministro de Cultura, César Antonio Molina, al que cesó por no quebrar económicamente el Ministerio, o Felipe González, han dicho que nunca ha sido el lápiz más afilado del estuche. Que es un hombre de ideas simples y que, para que aprenda algo nuevo, se lo deben dar masticado y casi digerido. Puede que por ello, cuando quedaba con Julito para emular a Fermín Cacho, a quien más se parecía era a Forrest Gump, sobre todo cuando la conversación, entrecortada por el cansancio, derivaba en los «negocios». Los otros peces gordos de la trama le habían recomendado: «Coge el dinero y corre», y él, cómo no, se lo tomó de manera literal.
Pero si nos hemos enterado de que Julito no quiere correr por el patio de la cárcel es gracias a la exclusiva que en este periódico ha dado este miércoles el gran Pelayo Barro. En la noticia que ha firmado en THE OBJECTIVE, ha adelantado que tanto su familia como su nueva abogada le han insistido en que colabore con la justicia. El próximo 21 de julio tiene que declarar en la Audiencia Nacional ante el juez Calama, donde manifestará su intención de colaborar en la investigación. Sus hermanos han sido una pieza clave, entre ellos el tocayo de un servidor, Manuel, administrador único de la veintena de sociedades que administra Julito desde una única sede en una nave industrial de Petrer (Alicante). Le habría aconsejado esa colaboración con la Fiscalía para su beneficio procesal. En su entorno familiar se dice que su ayuda va a ser total, sin límites ni ambages. Caiga quien caiga.
Lo tiene decidido. Sobre todo desde que Zapatero se desmarcó de cualquier operación de Julito en su declaración ante el juez. Lo que habían unido El Pardo, sus caminos y las zapatillas de running, lo separó la poca deportividad del expresidente.
