The Objective
Fotomatón

Emiliano de la Rovere

«Page es nuestro Bardone, pero su partido le está convenciendo de que es un líder en la maraña sanchista»

Emiliano de la Rovere

Ilustración de Alejandra Svriz.

Siempre he tenido a Emiliano García-Page por un impostor, alguien que se arroga virtudes de las que carece para confundir a las almas cándidas dispuestas a creer que sí las tiene. Sin embargo, en el comité federal de ayer, Emiliano se quedó solo al exigir a Pedro Sánchez un adelanto de las elecciones generales ante la generalización de los casos de corrupción que asedian al número uno por tierra, mar y aire, vale decir por familia, municipio y partido, tan cerca conceptualmente de las unidades naturales de convivencia que contemplaba el Movimiento Nacional: familia, municipio y sindicato.

Lo que pasa es que Pedro Sánchez no necesitaba sindicato. A falta de uno, tenía dos: Comisiones Obreras y UGT, tan lejos ya de los tiempos de hierro del sindicalismo español, de Marcelino Camacho y Nicolás Redondo; baste citar sus nombres con todo el respeto que merecen. A cambio, ha incluido en el lote al Gobierno que preside y a las instituciones que de él dependen: la Fiscalía, que ha sufrido la condena del fiscal general del Estado por el Tribunal Supremo; el Tribunal Constitucional, a cuyo frente puso Sánchez a un presidente de parte; y el Consejo General del Poder Judicial, que también tiene presidencia amiga, según hemos podido ver al poner su voto de calidad al servicio de la ofensiva presidencial contra Juan Carlos Peinado, que es, como todos ustedes saben, el juez instructor de la causa contra la mujer de Pedro Sánchez y retirador de su pasaporte.

Tal vez pecó de exagerado Patxi López al decir que millones de españoles (y españolas, supongo) se echaban a las calles gritando: «Yo, con Begoña». Con toda seguridad son muchos menos, pero no me cabe la menor duda de que una de esas españolas, la que proclama con más convicción su toma de partido por Bego Pillafondos, es Isabel Perelló. ¿Quién nos lo iba a decir a nosotros, que la elogiamos tanto por aquella apariencia de ecuanimidad que nos transmitía en sus primeras declaraciones?

En su intervención, el presidente de Castilla-La Mancha ha dicho que «en el peor momento para el PSOE, España se pregunta solo cuándo se dará la palabra a la ciudadanía». Ya de paso, ha aclarado al número uno, que también lo es del partido, que hay que «anteponer los intereses del país a los propios y los del PSOE de mañana a los de cualquier dirigente».

En medio de la degradación general que está experimentando el socialismo español, quizá hemos subestimado a Emiliano García-Page, que está actuando como el general de la Rovere, el personaje central de una memorable película de Rosellini. El protagonista, Vittorio de Sica, es Bardone, un chulo de poca monta. Detenido y encarcelado por la Gestapo, es confundido en prisión con un mítico héroe de la resistencia contra el fascismo. Todos los presos le toman por el general de la Rovere, debido a su parecido físico, y él se deja llevar por la imagen favorecedora que le devuelve ese espejo hasta las últimas consecuencias, muriendo en el paredón de fusilamiento mientras le grita al pelotón: «¡Viva Italia!».

El presidente de Castilla-La Mancha es nuestro Bardone, pero sus compañeros de partido le están convenciendo de que es un líder democrático en la maraña sanchista y, por su comportamiento de ayer en el Comité Federal, parece que él se lo ha creído. Laus Deo. Hasta ahora, todos los socialistas decentes estaban fuera del partido, por expulsión o bien por voluntad propia; pongamos que hablo de José Luis Corcuera, Nicolás Redondo, Joaquín Leguina, Paco Vázquez, José María y Rubén Múgica y unos poquitos más.

Tal como veníamos diciendo, dejaron solo al pobre Page, con argumentos de calibre más bien pequeño: la convocatoria de las elecciones generales es «una decisión que compete exclusivamente al presidente». Ya la habían empleado los socialistas y sus adláteres de Sumar al hacer valer su mayoría en la Mesa del Congreso para rechazar las enmiendas del PP y Junts para que el Congreso instara al Gobierno a adelantar las elecciones por la «debilidad» del Ejecutivo. 

La idiotez medioambiental del equipo de Gobierno se toma a la tremenda el hecho de que el adelanto de elecciones o la moción de confianza son prerrogativas que solo tiene el presidente del Gobierno. Nadie puede adelantar las elecciones en su nombre ni pedir para él una moción de confianza. Pero hace falta ser muy estólido para considerar que ni siquiera se le pueda pedir por parte del Poder Legislativo un adelanto electoral o que presente una moción de confianza. Cuando finalmente el PP sacó adelante, con el apoyo de Vox y Junts, su iniciativa, el chulo de la Moncloa se reía y aplaudía a los bancos de la oposición y animaba a los suyos a levantarse y hacer lo propio. ¿Y a ellos qué más les daba? Ya habían aplaudido a su mano derecha, José Luis Ábalos Meco, durante más de un minuto y medio.

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