El 82% de los hombres jóvenes cree que cuidar al niño es responsabilidad de la mujer
Cerca del 70% del total de personas encuestadas no piensa en tener más hijos en el futuro

Una madre con su hijo. | Freepik
El Ministerio de Igualdad ha financiado un informe que dibuja un panorama preocupante sobre la situación de las familias españolas, el coste de la crianza y la evolución de los roles de género. El estudio, Estado de las Paternidades en España 2026, elaborado por Fundación Cepaim dentro del Plan Corresponsables, concluye que las dificultades económicas, la insuficiencia de los apoyos públicos y el deterioro de las condiciones para conciliar están condicionando la decisión de tener hijos y generando una elevada sobrecarga tanto en padres como en madres.
Uno de los datos más llamativos del informe es el retroceso detectado entre los hombres jóvenes. Según la investigación, el 82% de los hombres de entre 18 y 25 años considera que «cambiar los pañales, bañar y alimentar a los hijos o hijas es responsabilidad únicamente de la madre», frente al 47% de las mujeres de esa misma edad. El propio informe advierte de que existe una «tensión entre avance y retroceso» y afirma que «persisten —e incluso se intensifican— discursos tradicionales y estereotipos de género, especialmente entre las generaciones más jóvenes». Añade que «este retroceso simbólico pone en riesgo los avances logrados y señala que el cambio no es lineal ni irreversible».
La investigación también relaciona directamente la crisis demográfica con la situación económica de las familias. El resumen ejecutivo señala que «cerca del 70% del total de personas encuestadas no piensa en tener más hijos o hijas en el futuro» y explica que esa decisión «aparece profundamente condicionada por factores como la precariedad económica, el alto coste de la vida, el acceso a la vivienda, la inestabilidad laboral o la falta de apoyos públicos suficientes». Es decir, el propio estudio sitúa las condiciones económicas como uno de los principales frenos a la natalidad.
Los investigadores describen incluso la existencia de «una tensión estructural entre el sistema socioeconómico y las necesidades de cuidado», sosteniendo que «cuidar implica asumir costes económicos, laborales y personales elevados». El informe concluye que el sistema actual obliga a las familias a asumir «renuncias constantes» para poder sacar adelante la crianza.
En el plano económico, los resultados reflejan una situación de gran fragilidad. El documento afirma que el 62% de la muestra se encuentra en una situación de inseguridad financiera que no le permite cubrir con tranquilidad sus gastos habituales o afrontar imprevistos. Además, la principal preocupación de la mayoría de las familias no son otros aspectos de la crianza, sino precisamente el dinero: «más de la mitad de las personas encuestadas (54%) considera que su principal preocupación es su seguridad económica actual para cuidar a su familia y/o el futuro económico de sus hijos e hijas».
Las consecuencias laborales también aparecen reflejadas de forma reiterada. El estudio explica que las familias realizan numerosas adaptaciones profesionales para poder cuidar de sus hijos y señala que la falta de conciliación sigue siendo un problema estructural. Según el documento, «las importantes adaptaciones y renuncias que madres y padres deben realizar para poder cuidar de sus menores reflejan las dificultades de conciliar y equilibrar los cuidados con el empleo».
Aunque el informe mantiene que las madres siguen haciéndose cargo de la mayoría de los cuidados, también describe un incremento de la presión sobre los padres. En este sentido, recoge que muchos hombres comienzan a cuestionar su papel tradicional de proveedores económicos, pero chocan con «estructuras laborales rígidas y culturas organizativas poco corresponsables», lo que dificulta una mayor implicación en la crianza.
Otro de los grandes problemas detectados es la falta de tiempo. El informe habla de una auténtica «pobreza de tiempo» y señala que el 62% de los padres no dispone de tiempo suficiente para descansar, el autocuidado o el ocio, mientras que el 61% tampoco encuentra tiempo para formarse o ampliar sus capacidades. En el caso de las madres, la proporción es aún mayor. Los investigadores concluyen que «el sistema actual no garantiza condiciones mínimas para una vida sostenible».
La salud mental constituye otro de los capítulos más duros del estudio. Los resultados muestran diferencias importantes entre hombres y mujeres en la forma de experimentar el malestar asociado a la crianza. Mientras las madres presentan con mayor frecuencia síntomas físicos relacionados con la ansiedad, los padres declaran más conductas de riesgo y problemas psicológicos invisibilizados. El informe señala expresamente que «un 21% ha tenido pensamientos suicidas» durante las dos últimas semanas y que un 19% manifestó dificultades para cumplir con sus tareas habituales debido al consumo de alcohol. Los autores consideran que estos datos «apuntan a la necesidad de incorporar una mirada diferenciada en el abordaje del bienestar parental».
La investigación también destaca el rol de los servicios públicos destinados a facilitar la conciliación. Según el informe, el 45% considera que los servicios públicos de cuidados en España «no son suficientes ni adecuados». Los autores sostienen que «lo público no alcanza a cubrir las necesidades reales» y que las familias terminan sosteniendo el sistema «con esfuerzo propio». Añaden que «las políticas públicas aparecen como parciales o fragmentadas, incapaces todavía de articular un sistema integral de cuidados».
A pesar de reconocer avances como la equiparación de los permisos por nacimiento y su ampliación, el estudio advierte de que estas medidas resultan insuficientes por sí solas. El informe afirma que «su impacto sigue condicionado por factores culturales y laborales, como el miedo a represalias en el empleo o la persistencia de normas sociales que asignan a las mujeres el rol principal de cuidadoras».
El trabajo concluye que el modelo actual necesita una transformación profunda. Los autores defienden reforzar los servicios públicos de cuidados, mejorar la conciliación, ampliar los apoyos económicos a las familias y promover una corresponsabilidad efectiva entre administraciones, empresas y hogares. En palabras del propio informe, «situar los cuidados en el centro no es únicamente una cuestión de bienestar privado, sino un reto colectivo que interpela al conjunto de las políticas públicas, al mercado de trabajo y a la organización social en su conjunto».
El documento termina con una advertencia que resume buena parte de sus conclusiones: aunque existe un consenso creciente sobre la importancia de la implicación de los hombres en los cuidados, el estudio detecta al mismo tiempo un resurgimiento de valores tradicionales entre los más jóvenes y considera que ese fenómeno «pone en riesgo los avances logrados». Para los autores, el cambio hacia una mayor igualdad «no es lineal ni irreversible» y dependerá de que las condiciones económicas, laborales y sociales permitan realmente a las familias compatibilizar empleo y crianza.
