The Objective
Política

Igualdad gasta 420.000 euros en reprochar a las universidades que fomenten el patriarcado

El Instituto de las Mujeres culpa a los cromañones, la IA y las teorías económicas de perpetuar una sociedad machista

Igualdad gasta 420.000 euros en reprochar a las universidades que fomenten el patriarcado

Ana Redondo en una manifestación el 8-M. | Europa Press

El Instituto de las Mujeres, relanzado por José Luis Rodríguez Zapatero durante su Gobierno y adscrito desde 2020 al Ministerio de Igualdad, ha gastado 420.000 euros en la creación y publicación de nueve guías para aconsejar a las universidades cómo impartir sus clases correctamente. Bajo el nombre de Cátedra Extraordinaria Valores Democráticos y de Género, el organismo de la cartera de Ana Redondo persigue, junto a la Universidad Complutense de Madrid, «defender y difundir los valores democráticos incorporando el conocimiento en materia de género», según defiende en su web oficial.

Las guías que componen este proyecto se dirigen directamente al profesorado universitario de Biología, Economía, Historia, Comunicación y Prehistoria, entre otras carreras, para que incorporen la perspectiva de género y la feminista tanto en la docencia como en la investigación. Las nueve publicaciones persiguen que se «revisen» los contenidos, la bibliografía, los métodos docentes e incluso algunos enfoques «tradicionales», ya que el Instituto considera que hasta la fecha no se han impartido de forma «neutral», sino que estarían condicionados por una «visión androcéntrica» a la que se cita en multitud de ocasiones y que conviene corregir, según dicho organismo de la cartera de Igualdad.

Aunque cada guía se centra en un campo académico distinto, todas comparten la tesis de que el conocimiento impartido no es neutral y que muchas áreas se han construido desde una «perspectiva androcéntrica», por lo que se propone incorporar perspectiva de género, lenguaje, bibliografía —los documentos, de carácter académico, solo citan a autoras— y nuevas metodologías de enseñanza. Estas guías suponen el principal producto académico de una cátedra financiada con 420.000 euros de fondos públicos y reflejan el enfoque que el Instituto de las Mujeres y la Universidad Complutense pretenden impulsar en el ámbito universitario.

La Biología, también desde la perspectiva de género

Una de las guías más llamativas está dedicada a la enseñanza de la Biología, precisamente por enseñar a los profesores de este ámbito que las diferencias entre género vienen determinadas por la discriminación que sufren las alumnas en las aulas y la falta de equiparación de autores y autoras y la sobrerepresentación de varones en los estudios científicos. Las autoras de este documento sostienen que la perspectiva de género no debe limitarse a las ciencias sociales, sino extenderse también a las ciencias experimentales.

«Un ejemplo claro muy ligado a la biología sería su papel fundamental en el estudio de la evolución de la especie humana», se indica en el documento de Igualdad.«En este sentido, algunos estudios indican que la evolución ha estado muy condicionada
por rasgos sociales y culturales, en los que el género ha tenido un papel determinante. Por tanto, se necesitan nuevos enfoques para evitar el modelo antropocentrista de la teoría evolutiva». Después, enumera las diez claves que son, a juicio del Instituto, indispensables, como las siguientes: «Incorporar la perspectiva de género en todas las áreas de la biología» de forma transversal, «actualizar el material didáctico» por parte de cada docente y «establecer códigos de conducta en las salidas al campo», además de que «el profesorado tiene que esforzarse para cambiar temarios y guías docentes e incluir los descubrimientos y aportaciones teóricas que realizaron o realizan destacadas mujeres en esa disciplina».

La publicación sostiene que la enseñanza tradicional de esta disciplina puede haber reproducido determinados sesgos y propone revisar cuestiones como los ensayos clínicos, la bibliografía utilizada en las asignaturas, los ejemplos empleados en clase o la presencia de mujeres científicas en los programas docentes. Asimismo, plantea revisar determinadas interpretaciones de la evolución humana para incorporar «nuevos enfoques» que, según la guía, permitan superar visiones condicionadas por el androcentrismo.

«Este documento pretende sentar las bases sobre cómo abordar la formación en biología en las aulas universitarias de manera igualitaria, inclusiva y equitativa», menciona la guía. «hay un claro sesgo en el papel de las mujeres en la historia de la biología, que han pasado a un segundo plano a pesar de los grandes descubrimientos que se les atribuyen en la actualidad», asegura también. Para ello, hay que «fomentar la investigación con perspectiva de género», «promover la participación estudiantil independientemente
de su género» —porque ellas tienen mayor miedo de participar en clase a viva voz—, «utilizar un lenguaje inclusivo no sexista» y «establecer modelos de grupos de investigación igualitarios».

«Ninguna teoría o política económica es neutral»

Otra de las publicaciones más contundentes es la dedicada a la Economía. Su punto de partida es una afirmación explícita: «Ninguna teoría o política económica es neutral en cuanto al género». A partir de esa premisa, la guía defiende incorporar la denominada economía feminista como herramienta para la docencia y la investigación universitarias. El texto sostiene que las teorías económicas tradicionales invisibilizan el trabajo doméstico y de cuidados, presentan como universales experiencias que responderían principalmente a la realidad masculina y no tienen suficientemente en cuenta cómo afectan las políticas económicas a hombres y mujeres.

«Las categorías económicas tradicionales son insuficientes para explicar la desigualdad de género en el trabajo, el mercado laboral y la distribución de recursos», aseguran las dos primeras autoras a las que cita el documento relativo a Economía, ya que «las estructuras de poder basadas en el género, a través de las cuales hombres y mujeres tienen acceso a diferentes niveles de poder económico, social y político, determinan la división sexual del trabajo».

Entre las recomendaciones figuran revisar los manuales utilizados en las facultades, incorporar estadísticas desagregadas por sexo y analizar la economía desde una perspectiva que tenga en cuenta las relaciones de género. La guía menciona las siguientes «buenas prácticas» como ejemplo: «Incorporar diferentes perspectivas teóricas. Más allá de la síntesis neoclásica, explorar perspectivas alternativas como la economía ecológica y la economía feminista para obtener una visión más integral y crítica de los procesos económicos», «incorporar contenidos feministas en todas las asignaturas y en todos los temas» y «no limitar la perspectiva de género a cursos específicos» y «emplear criterios de evaluación que promuevan el pensamiento crítico y la reflexión sobre la perspectiva de género en la economía, fundamental para fomentar un aprendizaje significativo y transformador».

«Medir la pobreza y la desigualdad desde una perspectiva feminista», pide también la guía relativa a esta disciplina, que también propone «incorporar a los marcos teóricos las obras de mujeres economistas que han realizado aportaciones significativas
a la disciplina. Recuperar el legado de las economistas feministas y reconocer su papel en la construcción de un conocimiento económico más justo y equitativo».

«Es necesaria una deconstrucción de la historia»

La guía dedicada a la Historia sostiene que el relato histórico tradicional ha invisibilizado a las mujeres y que no basta con añadir algunos nombres femeninos a los manuales. En palabras del propio documento, «se hace necesaria, por tanto, una deconstrucción de la historia y de su enseñanza». La autora considera que la historiografía ha prestado una atención preferente a figuras masculinas y propone revisar los currículos, la bibliografía y los materiales docentes para incorporar una perspectiva de género que permita reinterpretar algunos episodios históricos y dar mayor protagonismo a las aportaciones de las mujeres.

«¿Qué es la historia y cómo se ha construido», se preguntan las autoras del documento nada más comenzar, en el primer título. Bajo ese epígrafe se explica que «este pasado construido no era la veracidad de los hechos ni sus interpretaciones, sino la formación de hitos clave de ancestros o religiones de cada comunidad que fueron transmitidos a través de las generaciones primero por tradición oral y más tarde por escrito». «más de la mitad de la población, la que forman las mujeres, sigue quedándose fuera del foco», protesta.

La publicación dedicada a la Prehistoria invita a revisar algunas de las interpretaciones más conocidas sobre la evolución humana. Según el documento, muchos de los relatos tradicionales fueron construidos durante el siglo XIX por arqueólogos varones y habrían proyectado sobre las sociedades prehistóricas estereotipos propios de su época. La guía afirma que esos tópicos «han afectado especialmente a las mujeres, ocultándolas y caricaturizándolas a través de estereotipos actuales». En consecuencia, propone revisar la imagen del hombre como principal cazador y de la mujer como cuidadora exclusiva, defendiendo que investigaciones recientes permiten reinterpretar esos papeles.

«Al carecer de escritos, en un primer momento se utilizaron deducciones, más o menos interesadas, que se transformaron en clichés carentes de base científica», se asegura en la guía para enseñar prehistoria, que pone en duda las siguientes afirmaciones clásicas: «el patriarcado es lo natural: ergo, la prehistoria era patriarcal», «el hombre cazador VS (sic) la mujer recolectora», que «La sexualización de los cuerpos de las mujeres es una constante en la interpretación de la (pre)historia» y que solo los hombres portaban armas.

Una inteligencia artificial machista

La última de las publicaciones analiza el fenómeno de las violencias machistas en Internet. La guía sostiene que «las violencias machistas digitales no son nuevas violencias», sino «el patriarcado adaptándose a los nuevos tiempos». El documento examina fenómenos como el acoso en redes sociales, la sextorsión, el grooming o el stalking, pero también dedica espacio a la inteligencia artificial y a los algoritmos, alertando de que pueden reproducir sesgos y estereotipos de género si no se diseñan desde una perspectiva adecuada.

La guía comienza definiendo algunas ciberviolencias que «deben ser visibilizadas»: Sexting sin consentimiento, que consiste en el envío de fotos con contenido sexual; molka, que es la instalación ilegal de cámaras ocultas/espía en lugares públicos como baños para la obtención de material sin consentimiento; la sextorsion: se trata de la utilización de técnicas de chantaje; el grooming, cuando un adulto que se pone en contacto con un niño, niña o adolescente con el fin de ganarse poco a poco su confianza para luego involucrarle en una actividad sexual, entre otras.

«La IA no es neutra ni objetiva si los datos que se introducen para sus predicciones no representan la diversidad social existente, si sus equipos de creación, diseño y ejecución están masculinizados y si los algoritmos que emplea están sesgados», recuerda el documento, que protesta porque «las voces de las asistentas virtuales que tenemos en nuestras casas son de mujeres, ¿por qué? Siri, Alexa, Cortana, Google Asistant, el GPS… se considera que las voces femeninas son más agradables, menos autoritarias, cuando la autoridad debe provenir de quien manda».

Este sesgo de género no solo perpetúa estereotipos relacionados con la docilidad y la servidumbre femenina de la asistencia en general, sino que también ha hecho que las asistentas virtuales reciban violencia de género, e incluso que sus respuestas a la violencia explícita fueran de sumisión, obediencia y aceptación. Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) sobre ello le dijo a Siri ‘Eres una cualquiera’, a lo que ella respondió, ‘si pudiera me sonrojaría’», pone este documento como ejemplo.

Comunicación, política y herencia patriarcal

La guía sobre Comunicación parte de otra tesis central: el lenguaje y los medios de comunicación se habrían construido desde una visión androcéntrica. El documento sostiene que «el mundo, aún hoy, se define en masculino» y que el hombre «se atribuye la representación de la humanidad entera», una situación que identifica con el concepto de androcentrismo. Sobre esa base, la publicación recomienda revisar el lenguaje empleado en la comunicación pública, analizar la representación de mujeres y hombres en los medios y evitar la reproducción de estereotipos. También incorpora conceptos habituales del feminismo contemporáneo, como la cultura de la violación o la violencia simbólica, para analizar determinados mensajes presentes en la esfera pública.

Un planteamiento similar aparece en la guía dedicada a la Historia del Pensamiento Político. El documento sostiene que el canon académico tradicional ha privilegiado a autores masculinos y afirma que «las teorías políticas clásicas parten de una idea universal del ser humano que, en realidad, solo incluía a los hombres». La guía propone revisar los programas universitarios para incorporar autoras tradicionalmente poco estudiadas y analizar desde una perspectiva de género conceptos como ciudadanía, poder o justicia. También recurre al enfoque interseccional para interpretar la evolución de las ideas políticas.

La guía destinada al Trabajo Social es una de las más explícitas en su planteamiento. Desde las primeras páginas sostiene que «la perspectiva de género y feminista es fundamento ético del trabajo social». El documento considera que la profesión arrastra una «herencia patriarcal» y denuncia una «ceguera de género» que habría condicionado tanto su desarrollo histórico como la formación de los profesionales. A partir de ese diagnóstico, propone incorporar de forma transversal la perspectiva feminista en la investigación, la docencia y la práctica profesional.

Publicidad