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Nuevamente Manuel Chaves Nogales

«Cuando Chaves muere en Londres, tras una operación de peritonitis, su nombre de escritor pasa a un enorme olvido»

Nuevamente Manuel Chaves Nogales

El periodista y escritor Manuel Chaves Nogales.

Pocos o ningún autor de los preteridos tras la Guerra Civil, exiliados muchos, aunque por diferentes motivos, han sido objeto de una recuperación tan justa, amplia y apasionada como el sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944). Cuando muere en Londres solo, tras una operación de peritonitis que se complica, su nombre de escritor y de periodista brillantísimo que llena los años veinte y treinta del pasado siglo, pasa a un enorme olvido. Yo mismo —frecuentador de olvidados y asiduo de las beneméritas librerías de viejo— no supe de Chaves Nogales sino hacia 1990 y fue Abelardo Linares quien me puso en la pista.

Era 1992 cuando se editó la primera de las obras recuperadas de Chaves, El maestro Juan Martínez que estaba allí, original de 1934. Aunque reconozco que fue en enero de 1994, empezando a leer la Obra narrativa completa, al cuidado de María Isabel Cintas, cuando me aficioné a la narrativa —periodística de fondo casi siempre— de Chaves Nogales. No fui —o acaso sí— un pionero. Desde entonces, el conocimiento y encumbramiento de Chaves como gran prosista de la llamada Edad de Plata no ha hecho sino crecer, aunque no falten los antichavistas, que piensan que todo ha ido demasiado lejos, inmerecidamente.

Cuando en 1922 Manuel llega a Madrid, entra en contacto con el mundo de la masonería y trabaja en El Heraldo de Madrid, allí se cruza con el que sería el otro gran periodista y, como él, escritor de la época, César González Ruano. Eran cercanos y bien diferentes, pero cuando Ruano fue releído, dejando de lado su adscripción a los vencedores en la contienda y su lado golfo y aún un tanto canalla (nada que ver con el estilo), también se dijo que íbamos muy lejos…

Bien que, por encima de su general calidad y de la vibración apasionada y espléndida con que conoció y contó la turbulenta historia de su época, el libro de Chaves que llamó poderosamente la atención de los lectores nuevos, ya en el tema y conflicto de nuestra tremenda Guerra Civil, fue la edición —inicialmente en el tomo de narrativa antedicho— de su libro de crónicas-relato A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires en España, publicado en Chile en 1937, aunque muchos de los episodios, como tantas cosas de Chaves, se habían publicado antes en periódicos y revistas de Europa y América.

Los nueve relatos llevan un prólogo duro y leal del propio Chaves (que salió de España en noviembre de 1936), donde se sincera contra las famosas dos Españas. Recordemos unas líneas: «La sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes». Alguien que no quería ni a los unos ni a los otros, lógicamente se vuelve un puntal de esa rica Tercera España que irrita —no sé del todo por qué— a tantos. Y, entonces, alguien recuerda que Chaves fue director en Madrid del moderno diario Ahora, republicano de centro y que, en los primeros brutales meses de la contienda —aunque el rotativo estaba ya incautado por un consejo obrero—, ejerciendo su cargo, Chaves Nogales escribió editoriales claramente probolcheviques. ¿Traidor a unos o a otros? No, un periodista que podía asumir una voz que no era la suya (lo demostraría muy pronto) para poder escapar de un infierno que no entendía.

Es fácil que, de haber estado de acuerdo con aquella República —ya no la del 31— que se volvía urgentemente soviética, se hubiese quedado en Madrid. Pero huyó a Barcelona y de allí, y rápido, con su familia a París, donde ya está instalado en enero de 1937. En 1933, cuando conoció la Alemania nazi y entrevistó, entre otros, a Goebbels, usó para describir al jerarca nacionalsocialista las mismas palabras con las que antes se había referido a Lenin: duro, enconado, implacable.  Y ese mismo año dio en Madrid una conferencia titulada: Cómo se acaba con una república. Del comunismo ruso al fascismo alemán. ¿No estaba ya muy claro lo que había de irse viendo enseguida? Chaves Nogales fue fiel a la República de 1931, pero supo entender que, a partir de febrero y sobre todo de julio de 1936 (tras la sublevación militar y fascista), aquella República era otra ya.

Como a muchos —recuerdo las palabras de Rosa Chacel que me lo contaba y que también abandonó España por las fechas mismas que Chaves— ni los comunistas ni los fascistas le gustaban. Luis Cernuda, que tardó algo más en percatarse, terminará escribiendo de la España de Franco como de «ese país que regentea hoy la canalla», pero de los comunistas escribió también: «A diario, en el hotelucho/ en que parabais,/oías a medianoche/ el ascensor, subiendo/ al piso donde algún sacripante del Partido/ subía por nueva víctima». El Partido —no hay que decirlo— era el PCE. ¿No hay razón y nombres, muchos, para esa Tercera España que Chaves quiso?

Una obra inesperada suma diez relatos, clara continuación o complemento de A sangre y fuego, a la visión de Manuel Chaves Nogales sobre la guerra de España: «Guerra total. Episodios de la guerra civil española» son textos publicados en revistas múltiples y a veces sin nombre, que Abelardo Linares, cómo no, editor de Renacimiento, acaba de sacar a nueva luz. Escritos a fines de 1937 e inicios del 38, se trata de una evidente continuación de A sangre y fuego, donde Chaves (pero el libro es, además, buena literatura, fluidísima prosa) vuelve a pintar, distinto, igual, el heroísmo y la bestialidad de aquella contienda que nos persigue todavía. Guerra total. Relatos de un gran escritor que aboga por una España diferente.   

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