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Cultura

Lo que internet le debe al sexo: Mindy Seu revisa la historia de la red en Sónar+D

La artista presentó una performance participativa que explora la relación entre deseo, tecnología, censura y poder

Lo que internet le debe al sexo: Mindy Seu revisa la historia de la red en Sónar+D

Mindy Seu revisa la historia de la red en Sónar+D.

Este año, el festival Sónar ha incluido a la artista y profesora de la UCLA Mindy Seu dentro de sus invitados. Su presentación se lleva a cabo al final del viernes en el Sonar+D en el nuevo espacio ubicado en el edificio histórico de la Llotja de Mar. Apenas utiliza el escenario que le han preparado, a diferencia de los otros participantes, quienes han ocupado el espacio central instalado para las conferencias. Seu prefiere caminar entre las filas de espectadores y susurrarnos instrucciones.

Lo que sigue es una performance, no una conferencia. La artista ha pedido a todos los asistentes que lleven al máximo el brillo y el volumen de sus teléfonos móviles, ya que, durante casi una hora, leeremos una historia colectiva. Nos pide ir a una cuenta de Instagram en donde las stories funcionarán para que tanto el público como Seu lean un guion compartido en voz alta mientras la artista se desplaza entre la audiencia.

A través de esa lectura coral, entendemos el proyecto libro-performance A Sexual History of the Internet, donde Mindy Seu nos propone una genealogía alternativa de la creación de la red. Una historia en la que la sexualidad es una de las fuerzas que impulsaron la innovación tecnológica. Por ejemplo, la célebre imagen de Lena Sjööblom publicada en Playboy en 1972, utilizada durante décadas para probar sistemas de compresión digital y llevar las fotografías a formato JPG; el ratón del ordenador convertido en vulva y objeto fetichista; el joystick reinterpretado como símbolo fálico; o el papel de las trabajadoras sexuales en las primeras economías digitales son solo algunos de los ejemplos que aparecen durante la performance.

La tesis de Seu es sencilla: internet no puede entenderse sin hablar de sexo; sin embargo, para indagar sobre el tema, conversamos con la artista sobre la relación entre archivo y performance, la censura en las plataformas digitales y las transformaciones de la intimidad en la era de las redes.

«Para mí, la performance y el libro son complementarios», explica. Su investigación existe en ambos formatos, pero cada uno responde a necesidades distintas. «La performance se siente muy personal. Tienes conexiones con la gente que está en la sala. Es una experiencia colectiva». Sin embargo, reconoce que esa misma condición efímera la vuelve difícil de conservar. «Por eso también existe el libro, como una forma de crear un recuerdo intencional de la experiencia».

Ambos formatos no establecen jerarquías, ya que tanto el libro como la performance siguen caminos distintos, aunque parten de una misma investigación. Muchos lectores nunca verán la performance; muchos espectadores nunca abrirán el libro.

A Sexual History of the Internet, la performance

La participación del público está en el centro del proyecto. Después de todo, internet también se sostiene sobre la intervención constante de millones de usuarios. «La audiencia siempre ha estado implicada», explica que «Instagram y las plataformas digitales existen porque la gente consume contenido. Algunas personas también producen contenido, pero gran parte de nuestra participación es pasiva» y ese tipo de participación dentro de la performance podemos entenderla como un acto voyerista.

A su vez, la performance busca interrumpir la dinámica de consumo rápido, ya que obliga a detenerse, leer y prestar atención a aquello que normalmente atraviesa la pantalla a toda velocidad, sin caer en el doomscrolling.

Aunque A Sexual History of the Internet parece muy distinto a su proyecto anterior, Cyberfeminism Index, la enciclopedia digital que Seu publicó en 2022, ambos proyectos comparten un interés por las historias que suelen quedar fuera de los relatos oficiales de la tecnología.

«Cyberfeminism Index es una enciclopedia formada por miles de entradas sobre activismo y arte digital durante más de tres décadas», explica. «Es una historia muy polifónica, construida por acumulación». Es frente a esa lógica enciclopédica que A Sexual History of the Internet adopta una estructura narrativa, donde hay menos referencias y más espacio para conectar acontecimientos, tecnologías y experiencias que rara vez aparecen juntas en una misma historia.

Cuando se le pregunta por qué decidió investigar la sexualidad, responde sin rodeos: «Porque somos humanos». La aparente obviedad de la respuesta es precisamente lo que le interesa. La sexualidad sigue siendo un tema incómodo pese a formar parte de la experiencia cotidiana y, aunque reconoce que el título atrae la atención, la investigación aborda cuestiones más amplias relacionadas con el trabajo, el poder y las relaciones sociales. «La sexualidad ha moldeado internet tanto como internet ha moldeado la sexualidad», afirma.

Su interés por internet también tiene una dimensión generacional, ya que pertenece —como ella— a quienes crecieron en la transición entre el mundo analógico y el digital. «Probablemente fui una de las últimas generaciones que experimentó esa transición», recuerda, «tuve una infancia bastante analógica, pero me convertí en una joven adulta en internet».

Durante aquellos años construyó amistades que nacieron completamente en línea. Cuando se mudó a Nueva York, muchos de sus amigos eran personas que había conocido previamente a través de la red. «Era un momento diferente. Había una voluntad de compartir. Ahora internet se ha convertido en un sistema de difusión mucho más comercial».

Para muchos mileniales, el internet actual nos crea nostalgia del pasado tecnológico, Seu afirma que «echa de menos algunas cosas del antiguo internet», pero evita idealizarlo. Para ella, entender el pasado sirve para comprender el presente, no para establecer comparaciones simplistas entre una época y otra.

Censura e internet

Uno de los aspectos que pudimos observar en la performance es la incongruente censura ejercida por las grandes plataformas tecnológicas. Utiliza Instagram precisamente porque considera importante trabajar dentro de las infraestructuras que organizan buena parte de la vida contemporánea. «Quería utilizar una herramienta que la gente ya emplea todos los días e intentar que se movieran más despacio dentro de ella».

La artista identifica varios niveles de censura, desde el llamado «shadow ban», que reduce la visibilidad de determinadas publicaciones, hasta la eliminación de contenidos o perfiles completos. «Son formas de borrado muy peligrosas porque no existe una verdadera capacidad de respuesta por parte de los usuarios. Son plataformas muy opacas».

Esta cuestión se vuelve especialmente visible en los contenidos relacionados con la sexualidad. «Perdemos mucha información sobre la vida cuando censuramos determinados temas y podemos criticar plataformas como Instagram o Meta, pero al mismo tiempo forman parte de nuestra existencia cotidiana», afirma.

Esa complejidad aparece también cuando habla sobre el futuro del trabajo sexual. Para Seu, las categorías tradicionales ya no son suficientes para describir las nuevas formas de intercambio económico y afectivo que han surgido en internet, por ejemplo. «¿Una modelo de Instagram es una trabajadora sexual? ¿Lo es una persona que monetiza su imagen en línea aunque no haya desnudos?», plantea.

Tanto la performance como el libro —un libro de tapa dura en formato Biblia— ofrecen respuestas cerradas. Prefiere observar cómo las relaciones entre deseo, atención y poder se vuelven cada vez más difíciles de separar y, al mismo tiempo, le preocupa el auge de discursos conservadores y nacionalistas que podrían endurecer las leyes relacionadas con la obscenidad y la regulación de contenidos digitales. «Creo que veremos nuevas formas de trabajo sexual vinculadas a herramientas digitales que no habrían sido posibles hace 20 años».

La conversación termina con una pregunta sobre sus próximos proyectos. Seu sonríe. «Estoy trabajando en un guion con un colaborador, pero está todavía en una fase muy temprana. Quizá dentro de dos o tres años exista algo que pueda enseñar». Por ahora, su atención sigue concentrada en esta historia alternativa de internet que ha llevado a Sónar+D. Una historia que desplaza el foco de los avances técnicos hacia las relaciones de poder, los cuerpos y los deseos que también han contribuido a construir internet.

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