The Objective
La otra cara del dinero

Destinos 'dupe' para las vacaciones tiesas de nuestra 'happy' economía 

Los expertos avisan de subidas de hasta el 50% en los precios, por lo que surgen tendencias como los destinos gemelos

Destinos ‘dupe’ para las vacaciones tiesas de nuestra ‘happy’ economía 

Montenegro.

Ya hemos narrado por aquí y por allá la épica batalla del optimismo económico sanchista contra la realidad, esa fascista irredenta. Hoy estrenamos junio, mes de sol y terrazas, de declaración del IRPF y de planificación de las vacaciones. Enhorabuena… y ánimo. El Gobierno insiste en que «don’t worry, be happy», pero un análisis de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) advierte del auge de la «inflación del ocio», un fenómeno que, dice, amenaza con convertir el verano en un producto de lujo inaccesible para la clase media, provocando incrementos de precios de hasta el 50% en destinos costeros.

Según Alejandro San Nicolás, experto en Economía Digital y docente de la VIU, el componente emocional y el postureo están desplazando al consumo racional, disparando el ticket medio de las vacaciones, y la escasez de oferta y el aumento de costes operativos han provocado que la restauración y la cesta de la compra suban más de un 40%, mientras que los conciertos duplican su precio respecto a hace cinco años. 

El experto también alerta sobre «el peligro de los microcréditos y el modelo buy now, pay later, que pueden sumir a las familias en un ciclo de endeudamiento constante». Pone el ejemplo de una familia de clase media que gasta 10.000 euros en sus vacaciones: puede tardar entre cuatro y cinco meses en recuperarse financieramente, con el moreno ya en el archivo de fotos del móvil. «Si a esto le sumas la vuelta al colegio, las familias llegan a las Navidades sin haberse recuperado, lo cual reinicia el ciclo de endeudamiento», explica San Nicolás.

Para evitar semejante infierno circular, propone una planificación estricta: no gastar más del 33% del ahorro probable de los tres meses siguientes; límites de gasto: manejar topes estrictos tanto en tarjetas como en efectivo; consumo responsable: priorizar comer en casa, comprar en lote y evitar excesos en alcohol y compras de objetos sin uso posterior; alternativas de alojamiento: compartir alojamiento familiar para viajes de media estancia; y una estrategia digital: utilizar VPN o agencias tradicionales para evitar el rastro de los algoritmos de precios dinámicos. 

Ese último punto gana enteros, y no solo en ese sentido negativo de evitar que la IA aceche nuestros bolsillos con más ahínco que Terminator a Sarah Connor. De hecho, en alguna secuela, los buenos se valen de una versión hackeada del robot para salvar a la humanidad y demás hazañas. En claro paralelismo (¿o no?), una encuesta de Evaneos revela que no solo las plataformas y agentes de viajes utilizan cada vez más la IA para confeccionar mejores ofertas: los usuarios finales están tomando el poder. 

Seis de cada diez usuarios españoles afirman utilizarla para la planificación de sus vacaciones. Resulta que las familias con hijos pequeños son quienes más usan esta tecnología, sobre todo para encontrar información general y para comparar precios y ofertas. Esta última cuestión anima al 35%, que va a lo concreto: cómo ahorrarse unos euros. Por supuesto, hay que tener mucho cuidado, cualquiera que haya preguntado cosas a los ChatGPT, Gemini y compañía lo sabe. De hecho, el 45% de los encuestados por Evaneos sitúa las dudas sobre la exactitud y fiabilidad de la información que ofrece la IA como principal inconveniente; el 37,5% dice sentir preocupación por la privacidad y el uso de los datos personales, y al 36,8% le escama que la IA no asuma responsabilidad en caso de errores o problemas.

Sobre el asunto del postureo del que hablaba el experto de la VIU, esa obsesión por lo que define como «experiencia compartible» o «instagrameable» que «genera una presión sobre la oferta que, al ser limitada, dispara los precios en eventos como la Feria de Abril o destinos como Marbella», la web de viajes baratos Holidayguru propone la de los destinos dupe (del inglés duplicate) o gemelos. Son «lugares que ofrecen experiencias muy similares a destinos icónicos —playas paradisíacas, ciudades vibrantes o escapadas culturales— pero con precios más bajos, menos masificación y una sensación de descubrimiento».

Dice que se están consolidando como una de las grandes tendencias de viaje. Nos han fastidiado… Las cinco opciones de Holidayguru tienen su gracia. La primera es, cuando menos, un poco atrevida: la costa albanesa en vez de las Maldivas. A ver, más barato te va a salir, eso seguro, pero no sé si les vas a dar semejante gato por liebre a tus followers. Aseguran en la web que el país balcánico ofrece «calas cristalinas, paisajes vírgenes y un ambiente mediterráneo similar, a precios mucho más bajos y a apenas tres horas desde España en avión». O sea, que te ahorras el síndrome de la clase turista y el soponcio del turista arruinado.

El siguiente truco consiste en cambiar Nueva York por China. Reconocen que la Gran Manzana «es el referente mundial de las grandes metrópolis». Sin embargo, «la situación política estadounidense hace que muchos viajeros decidan elegir otro destino en su lugar». Y que un hotel en Manhattan… En este contexto, avisan, «se alza China, con vuelos directos a multitud de ciudades como Chongqing, Shanghái o Shenzhen, por precios muy competitivos. Estas metrópolis, cada vez más virales en redes sociales, ofrecen arquitectura futurista, vida nocturna, compras y una escena cultural vibrante, con costes diarios más bajos en destino». Además, allí la situación política es muy estable: la dictadura comunista se encarga. 

La bolita del trilero se mueve, en tercer lugar, de París a Budapest, con su «atmósfera elegante, edificios monumentales, puentes icónicos y una rica vida cultural a precios mucho más accesibles. Pasear por el Danubio, disfrutar de sus cafés históricos o relajarse en sus famosos balnearios permite vivir una experiencia europea sofisticada y tan romántica como la capital francesa». Y los húngaros son más simpáticos que los parisinos (tampoco era muy difícil). Ah, y ojo a su cerveza. 

El siguiente trueque se produce en territorio nacional: aunque los andaluces somos incluso más simpáticos que los húngaros, nuestra costa se está poniendo imposible. Por eso las Islas Canarias amenazan con comernos la sabrosa tostada del turismo, posicionándose «como una alternativa más equilibrada en coste, gracias a su amplia oferta turística y mayor disponibilidad hotelera durante todo el año y con el único ‘inconveniente’ de la logística aérea para llegar al archipiélago». 

Por último, aquella Croacia mágica y barata de antaño ha dejado de ser lo segundo. Tras más de una década ya en la UE y tres años manejando euros, parece que han espabilado más de la cuenta. Normal. Como alternativa aparece Montenegro. Un poco más abajo en el mapa, a solo 40 kilómetros de la insoportablemente masificada Dubrovnik, despliega «paisajes costeros espectaculares, ciudades medievales como Kotor y un ambiente mediterráneo no tan masificado, de momento». No es parte de la UE, pero en 2002 decidieron por su cuenta usar el euro, y ahí siguen, pese al sofocón inicial de Bruselas. O sea, que ni hay que cambiar moneda.
Y si algún follower osa incluir en su comentario la palabra cutre, por ejemplo, dígale usted que no, que su destino es dupe y, por lo tanto, muy cool y muy trendy. Lo del money es lo de menos. Ya sabe: el relato.

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