The Objective
La otra cara del dinero

El éxito de los equipos ingleses… con el dinero de los estadounidenses

Arsenal, Chelsea, Aston Villa y Crystal Palace comparten el éxito internacional y la nacionalidad de sus dueños y gestores

El éxito de los equipos ingleses… con el dinero de los estadounidenses

Jugadores celebrando. | EFE

En los cuatro grandes títulos del fútbol internacional en los que han participado esta temporada, los clubes de la Premier League ya han ganado dos y están en disposición de ganar los otros dos. The Economist incluso los propone como árnica nacional para un país más bien deprimido: «Muchas cosas en el país no funcionan. La Premier League sí», dice. Y antes titula, con orgullo: En fútbol, Gran Bretaña tiene una industria líder en todo el mundo.

Arranca el rotativo (muy, tan…) británico con pintorescos ejemplos de partidos de fans de todo el globo fascinados con su fútbol. El primer párrafo culmina con el pub FancyFree de Brooklyn repleto de aficionados del Arsenal. El segundo recuerda que, cuando el club londinense se proclamó campeón de la Premier, los presidentes de Kenia y Ruanda felicitaron al equipo a través de redes sociales. 

El tercero vuelve a EEUU, ese hijo desobediente del Imperio británico. La Super Bowl atrae «apenas un tercio» de los «más de 700 millones de personas» que «pueden sintonizar un solo partido entre los mejores equipos» de la Premier League. Y el año pasado se buscaron más personas relacionadas con el Manchester United en Google que con Taylor Swift y la saga de Harry Potter juntas. Y en 2024, año de las elecciones presidenciales estadounidenses y del intento de asesinato de Donald Trump, la Premier League seguía siendo un tema de búsqueda más popular que el propio Trump. Y… 

Y ya en el sexto párrafo (y décima línea, dentro de este) recuerdan que «más de la mitad de los clubes de la Premier League son propiedad, total o parcialmente, de estadounidenses, cuyos motivos suelen ser puramente financieros». No se extienden más sobre el asunto. 

Sí explican que los factores principales del éxito son «las exportaciones, las importaciones y la competencia». Lo del centro suena un poco al Imperio británico, por cierto, aunque ellos no lo nombran: las importaciones hacen que, «de los 20 clubes, 14 tienen entrenadores extranjeros, entre ellos los más exitosos de la liga: Pep Guardiola en el Manchester City y (ahora) Mikel Arteta en el Arsenal. Ningún entrenador inglés ha ganado jamás la Premier League». Además, «alrededor del 75% de los minutos de juego de la liga esta temporada fueron disputados por jugadores nacidos en el extranjero, en comparación con el 62% en Alemania y el 44% en España». Al colonialismo inglés se lo suele definir como «mercantil». Algunos concretan que se enfocaba en «la extracción de recursos». 

Vamos a llenar por aquí ese vacío en lo referente a los gestores del éxito de la Premier. La temporada se abrió el verano pasado con la victoria del Chelsea en el Mundial de Clubes, un invento de la FIFA para exprimir todavía un poco más el deporte rey. Aunque después han pinchado en hueso en la Premier de esta temporada, la oficialidad futbolística los considera en lo más alto, al menos hasta que Gianni Infantino organice algún invento intergaláctico o así.     

Su dueño es Todd Boehly. Compró el club en 2022, tras quitárselo el Gobierno británico a Roman Abramovich: los rusos ya no molaban. Boehly nació en 1973 en Fairfax, parte del área metropolitana de la capital estadounidense, Washington DC. A diferencia de Abramovich, es un profesional de esto. Comenzó su carrera como analista en Credit Suisse First Boston, donde se especializó en la estructuración de obligaciones de préstamos garantizados. Fue ascendiendo en el sector hasta llegar a la presidencia de Guggenheim Partners en 2011. A los dos años, dio el golpe al cerrar un acuerdo entre Time Warner Cable y los Dodgers, el equipo de béisbol de Los Ángeles. En 2015 formó su propia empresa, Eldridge Industries, para la que adquirió el 20% de los Dodgers… que han ganado la MLB en 2020, 2024 y 2025, desplazando el dominio del béisbol a la Costa Oeste. También se animó con los esports y, en 2021, entró en el accionariado de los Lakers de la NBA. Dos años después se hizo en el Estrasburgo de la Ligue 1, que llegó este año a semifinales de la Conference League. 

Boehly no solo tiene equipos deportivos. También, por ejemplo, los derechos de las canciones de Bruce Springsteen. Forbes le calcula un patrimonio de 9.300 millones de dólares. En su lista ocupa un triste puesto 378. Entre los 10 primeros hay ocho estadounidenses. La completan un francés y un español (Amancio Ortega, claro). Ningún británico. Para encontrar uno, hay que bajar al puesto 129, con Michael Platt, un administrador de fondos de cobertura. 

Justo cinco puestos por encima de Platt está Stan Kroenke, con 22.200 millones de dólares. Nació en 1949 en Misuri, pleno Medio Oeste: el corazón del país. Pero se lanzó a ver mundo y encontró a la mujer de su vida: Ann Walton, una de las herederas de la familia propietaria de la cadena de supermercados Walmart. Tras su matrimonio, Kroenke prosperó en el sector inmobiliario hasta hacerse con medio millón de hectáreas: el equivalente a la comunidad autónoma de La Rioja, solo que, en vez de viñedos, él pone encima centros comerciales cerca de tiendas Walmart. Y claro, en la vendimia no hay color… 

Para diversificar, o porque le apetecía, Kroenke compró en 1995 el 30% de los St. Louis Rams, el equipo de la NFL de su tierra natal. En 1999 ganaron la Super Bowl, pero después cayeron en la mediocridad. En 2010 compró el resto de acciones y seis años después se lo llevó a Los Ángeles, donde volvió a ganar el título en 2021. También se hizo con los Denver Nuggets, con los que ganó la NBA en 2023, los Colorado Avalanche de hockey, los Colorado Rapids de la MLS, los Gladiators de esports… y el Arsenal de la Premier League.

Kroenke se introdujo en el club londinense en 2007, cuando Granada Ventures, una subsidiaria de ITV, vendió su participación del 9,9% a su empresa KSE UK. Fue sumando acciones hasta que, en 2018, se hizo con todas tras comprar su participación al uzbeko Alisher Usmanov (Forbes lo situaba en 2016 como el tercer hombre más rico de Rusia, pero ya se sabe: dejó de molar). El Arsenal llevaba desde 2004 sin ganar una Premier League. Kroenke le echó billetes: la semana pasada volvió a ganarla. Además, el sábado que viene disputa la final de la Champions, un trofeo que todavía no tiene.

Los analistas de 2playbook plantean la final en términos de gestión: «petrodólares» versus «sportainment». El PSG catarí representa a los primeros, evidentemente. El sportainment del Arsenal suena algo más sofisticado. La TV sigue siendo su gran fortaleza: los derechos audiovisuales de sus partidos de la Premier le reportaron más de 200 millones de euros, y los de Champions, otros 100. Pero la inversión en el Emirates Stadium le permitió batir en la temporada 2023-2024 el récord de venta de entradas, con 152 millones, y su atractiva imagen de marca le permite superar los 250 millones en el negocio comercial, cifra que ha doblado en cinco años.

Además de Champions y Mundial de Clubes, los equipos británicos han colonizado esta temporada las otras dos competiciones europeas. El Aston Villa se hizo la semana pasada con la Europa League tras destrozar a los alemanes del Friburgo. Su propietarios son el egipcio Nassef Sawiris y el estadounidense Wes Edens, a los que la web oficial del club define sin rubor como «multimillonarios». En ella cuentan la historia del rescate del club por la empresa de ambos, NSWE, de las garras del nefando «Dr. Tony Xia», maravilloso nombre para el villano (nunca peor dicho) de la película: «El empresario chino dejó al Aston Villa en una situación financiera muy complicada», dice la web. Los chinos, se ve, tampoco molan últimamente. Bueno, menos en la España de Sánchez.

El relato continúa con Sawiris y Edens «inyectando millones y millones en el Aston Villa desde que se convirtieron en propietarios del club», pero una promiscuidad financiera les impide la total fidelidad a los de Birmingham, por lo que «supervisan varios negocios», entre los que destacan «acciones del club portugués Vitória SC». Sawiris, además, tiene una participación del 6,3% en Madison Square Garden Sports Corp, el holding propietario de los New York Knicks y los Rangers de hockey, y Edens se compró los Milwaukee Bucks de la NBA junto a su socio Marc Lasry. 

Nassef Sawiris, que prosperó en el sector de la construcción, forma parte del consejo de supervisión de Adidas; dirige OCI, uno de los mayores productores mundiales de fertilizantes, y tiene parte de la cementera Lafarge Holcim. Forbes lo sitúa en un modesto puesto 354 de su lista, con solo 9.600 millones de dólares, aunque le gana a su hermano mayor, Naguib, y sus miserables 5.600 millones arañados de sus aburridos negocios de telecomunicaciones que lo relegan al puesto 746, por no hablar del segundo de la familia, Samih, el más torpón con solo 1.400 millones. 

La inevitable parte estadounidense de la ecuación ganadora del Aston Villa, Wes Edens, es más modesta. Forbes lo sitúa en el puesto 1694, con apenas 2.500 millones de dólares. Nacido en 1961 en el muy épico estado de Montana, se labró un futuro en el todopoderoso fondo BlackRock antes de lanzarse a fundar, con cuatro socios, la gestora de activos Fortress, que lo hizo multimillonario cuando salió a bolsa en 2007 y, diez años después, la compró SoftBank. También es CEO de una empresa de gas natural licuado que cotiza en bolsa y tiene la única línea ferroviaria privada de pasajeros de EEUU, con trenes de alta velocidad desde Orlando hasta Miami.

Finalmente, el último club inglés en la lista de grandes éxitos europeos es el Crystal Palace. Disputa pasado mañana la final de la Conference League. Esperamos que la pierda ante el Rayo Vallecano, pero llegar hasta ahí es todo un éxito para los del sur de Londres. No había ganado nada en sus 120 años de historia, que ya es no ganar, hasta el año pasado, cuando le ganó la final de la FA Cup al Manchester City de Guardiola. Ahora puede añadir un título europeo. El más modesto, pero título.

Desde el punto de vista gerencial, su historia es la de una remontada de las míticas. El consorcio CPFC 2010, liderado por empresarios y aficionados británicos, lo rescató de la bancarrota y desaparición hace 16 años. Salvados los muebles, decidieron buscar dinero para crecer e, inevitablemente, aparecieron los americanos. En 2015, Josh Harris y David Blitzer se hicieron con sendas participaciones del 18%, y en 2021 entró con el 40% el bulímico John Textor, propietario del Botafogo de Brasil, el Olympique de Lyon francés y el belga RWDM Bruselas.  

La UEFA, tan afecta a los millonarios (aunque no está en la lista Forbes, a Textor se le atribuyen 3.400 millones de dólares), le había dejado hacer hasta que el Crystal Palace se clasificó para la Europa League de esta temporada… que también iba a disputar el Olympique de Lyon. La solución salomónica fue relegar a los ingleses a la inferior Conference League, para gran alegría de sus aficionados. 

Textor dijo que había aprendido la lección y le vendió su participación en el Crystal Palace a Woody Johnson, propietario de los New York Jets de la NFL, que se ha encontrado con la bonita final del miércoles nada más llegar. Él no tiene ficha personal en Forbes. Comparte la de su familia de rancio abolengo, a la que se le calcula un patrimonio de 16.000 millones de dólares. En la primera legislatura de Trump fue embajador en el Reino Unido, y se ve que se encaprichó del rancio encanto de eso que los americanos llaman soccer. Su declaración de bienes de 2017 como cargo público ascendía a 1.700 millones de dólares. Se lo puede permitir. 

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