Ya están aquí: los extraterrestres han creado una economía intergaláctica… y lo que queda
La desclasificación de documentación del Pentágono sobre ovnis y un alud de películas y series han puesto de moda el fenómeno alien

Fotograma de la última película de Spielberg.
Alerta de invasión alienígena. Real o de ficción, pero alerta. La recurrente ansiedad por saber si estamos solos en el universo, si somos las únicas criaturas (más o menos) inteligentes, amenaza con alcanzar en breve un pico importante. Lleva tiempo forjándose por cuestiones políticas y la narrativa le está siguiendo la pista. ¿O viceversa? Además, después de la pandemia, las catástrofes naturales, la guerra y algún que otro apagón, parece obvio que la invasión extraterrestre se impone como siguiente capítulo de lo que sea que nos estemos contando. Lo peor (¿o mejor?) es que lo mismo es verdad…
El día de la revelación está previsto para el próximo 12 de junio en forma de estreno de la última película de Steven Spielberg, que ha escogido esa frase de resonancias tan bíblicas como hábil título. Vea el tráiler y, sobre todo, fíjese en los comentarios. La expectación es máxima. Se dice que, por lo que sea, el genio creador de Encuentros en la tercera fase (1977) y E.T. (1982) vuelve por sus fueros tras una larga siesta creativa. Como aperitivo, Ryan Gosling se ha pasado la primavera salvando planetas en Proyecto Salvación aliado con un alien la mar de majete (Alf, sabíamos que volverías). Y esta semana se estrena en Netflix la serie The Boroughs: Jubilación rebelde: los hermanos Duffer, creadores de Stranger Things, han demostrado sobradamente que saben por dónde sopla el viento y se han inventado un Cocoon (1985) pero en mal rollo.
Aunque la mejor campaña de promoción de todo este manantial narrativo la ha hecho, curiosamente, Donald Trump. Hace un par de semanas, el tan poco trumpiano The New York Times tuvo que reconocer que el presidente había dado el visto bueno al Pentágono para publicar lo que denominó archivos «nuevos e inéditos» sobre ovnis. «Ningún otro presidente o administración en la historia ha mantenido este nivel de transparencia con respecto a los UAP [‘fenómenos anómalos no identificados’, por sus siglas en inglés]», dijo en un comunicado de prensa la sede del ejército estadounidense.
El NYT aprovechó para recordar que ellos revelaron en 2017, durante la primera legislatura de Trump, que el Pentágono tenía un programa secreto y clasificado desde hacía 10 años, para investigar episodios reportados por las fuerzas armadas con lo que parecían ser objetos espaciales. Su descripción de las actuales revelaciones, disponibles en la web oficial, compartió la decepción generalizada: «Los archivos iniciales son imágenes fijas borrosas que muestran lo que podría ser cualquier cosa. En una, aparece un grupo de puntos en la pantalla. En otra, se ven objetos con formas extrañas». Pero el Ejército ya dijo en su momento que los archivos se publicarán de forma gradual…
Y será casualidad, pero esta primavera la cadena FDF me ha estado coronando La que se avecina, ese placer culpable del que tantos españoles no podemos desengancharnos, con unas cuantas películas de las sagas Men in Black e Independence Day. En las primeras, con un entrañable Will Smith antes de ponerse definitivamente de morros, la élite mundial le esconde a la plebe humana la existencia de una legalidad intergaláctica que algún marciano trumpiano se obstina en romper de vez en cuando. La segunda expone el peor escenario: los extraterrestres vienen a destruirnos, sin más.
La primera posibilidad añade una interesante incógnita a la ecuación. ¿Cómo sería una economía con varias especies inteligentes? O sea, la siguiente pantalla después de pasarnos la de la globalización. Buceando en internet encontramos cosas como este interesante What would an interstellar economy bound by relativity look like? de hace una década en una web más o menos friki… pero también el borrador escrito por Paul Krugman en 1978, cuando era un «profesor asistente oprimido» (propia confesión) en Yale, de una aplicación de la teoría económica convencional (costes de oportunidad, intereses…) a un escenario de comercio interestelar. Estaba escrito en un estilo humorístico académico. Imagínese… Pero en 2010, un par de años después de recibir el subidón del Premio Nobel de Economía, lo recuperó para publicarlo como artículo en la muy académica revista Economic Inquiry. En 2011 dijo otra cosa muy curiosa, pero de eso hablaremos un poco más adelante. Muy curiosa…
Desde principios de este siglo, los milmillonarios empezaron a invertir en la carrera espacial. Empezó Jeff Bezos, que fundó Blue Origin en el año 2000. Estas cosas se suelen hacer con mucho milenarismo. Un par de años después llegó Elon Musk con SpaceX, y otro par más tardó sir Richard Branson en montar Virgin Galactic. Empezaron con discreción, pero la cosa se disparó, y ya en 2022 explicamos por aquí las interesantes derivadas comerciales, con la famosa profecía del astrofísico Neil deGrasse Tyson de que el primer billonario de la Tierra será un empresario de la minería en asteroides. De momento, sin extraterrestres.
Si los hubiera y fueran tan majetes y sociables como el que nos acaba de vender la película Proyecto Salvación (ojo: los expertos la ven como una de las favoritas para los próximos Óscars), tendríamos que hablar de negocios. Y, efectivamente, la pasión desclasificadora de Trump ha atizado esa hoguera de las hipótesis de la que hablábamos. Chris Skinner, un analista financiero incluido en la lista de perfiles más influyentes en tecnología financiera de Financial News, explicó en enero en su blog The Finanser «cómo comerciaremos con los extraterrestres». Tras analizar los actuales nervios del personal, incluida la histeria de una ex alto cargo del Banco Central Británico de la que hablaremos más adelante, se remitía a un artículo anterior suyo, de hace cuatro años, en el que se preguntaba si los extraterrestres usan dinero. Recordaba que sí en La guerra de las galaxias, pero no en «el mundo utópico de Star Trek», donde «la reputación es lo que realmente importa», y reflexionaba sobre el asunto clave de «la motivación».
Ese curioso invento que es la Investopedia se sumó a finales del mes pasado a la fiesta con el artículo Exploring the Economics of the Star Wars Galaxy, que se flipaba con bastante detalle con la forma en la que La guerra de las galaxias «refleja sistemas económicos complejos, que incluyen rutas comerciales, monedas centralizadas y disparidades regionales». Porque resulta que «el poder político en la galaxia está estrechamente ligado al control económico a través del comercio, los impuestos y las instituciones financieras», y «eventos como el bloqueo de Naboo demuestran cómo la manipulación económica puede impulsar cambios políticos importantes». De hecho, «existen miles de monedas que se utilizan en distintos planetas y por diferentes sociedades», pero «tanto la República como el Imperio respaldaban los créditos galácticos», útiles en «la mayoría de los planetas del Borde Interior, que se encontraban más cerca de los centros económicos y comerciales». Sonaba todo muy friki, aunque muy currado. Había incluso citas a fuentes mainstream, como un artículo de Bloomberg que reflexionaba muy sesudamente sobre cómo la saga de Lucas (George y Skywalker) vuelve una y otra vez a utilizar como escenario la industria de los residuos y el reciclaje.
De estos fascinantes ensueños nos despertó abruptamente una noticia del pasado enero, cuando The Times se descolgó con el siguiente titular: El Banco de Inglaterra debe prepararse para una crisis financiera provocada por extraterrestres. Al parecer, una antigua analista del banco central británico había instado al gobernador Andrew Bailey a establecer planes de contingencia para evitar el colapso en caso de que se confirme la existencia de vida extraterrestre. Porque, más allá del carácter de los marcianos de marras, la mera noticia de que pululan por ahí bastaría para ponerlo todo patas arriba.
Helen McCaw, que trabajó como analista sénior en seguridad financiera en el banco central del Reino Unido analizando eventos que pudieran afectar a la economía, le escribió una carta a Andrew Bailey advirtiéndole que «una declaración de esa magnitud causaría conmoción en los mercados y podría desencadenar quiebras bancarias y disturbios civiles». Contextualiza The Times que, «hasta hace poco, las insinuaciones de que los Gobiernos estaban encubriendo la existencia de vida extraterrestre se limitaban a un pequeño grupo de teóricos de la conspiración y activistas de ovnis. Sin embargo, varios altos funcionarios estadounidenses, entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio, la senadora de Nueva York Kirsten Gillibrand y James Clapper, exdirector de inteligencia nacional, han manifestado recientemente su creencia en la posibilidad de que exista vida inteligente no humana».
McCaw dio detalles del posible apocalipsis financiero: «Podría haber una volatilidad extrema en los precios de los mercados financieros debido al catastrofismo o la euforia, y un colapso de la confianza si los participantes del mercado no están seguros de cómo fijar el precio de los activos utilizando cualquiera de los métodos habituales. Podría producirse una avalancha de inversiones en activos considerados seguros, como el oro físico, otros metales preciosos y algunos tipos de bonos gubernamentales. Alternativamente, los metales preciosos podrían perder su estatus de activos considerados seguros si la gente especula con que las nuevas tecnologías de viajes espaciales pronto aumentarán la oferta de metales preciosos. Podría producirse una avalancha de inversiones en monedas digitales como el bitcoin, lo que podría resultar atractivo si la gente cuestiona la legitimidad del Gobierno y pierde la confianza en los activos respaldados por el Gobierno».
Todo eso podría pasar. Según ella. También hay que decir que trabaja en contar ese tipo de cosas. Y, ya por el final del reportaje, The Times recuerda que McCaw ha escrito un capítulo sobre el tema para un libro de próxima publicación editado por el Dr. Alex Wendt, profesor de seguridad internacional y ciencias políticas en la Universidad Estatal de Ohio. No está mal como promoción… El Banco de Inglaterra declinó hacer comentarios. Pero gente como George D. R. Pickering siguió insistiendo en el asunto. Él lo hizo recordando en Mises Wire una intervención del ya mencionado Paul Krugman en el programa de Fareed Zakaria de la CNN el 14 de agosto de 2011, cuando soltó que el Gobierno podría arreglar rápidamente la economía fingiendo una invasión alienígena, justificando así el estímulo fiscal y monetario en nombre del gasto en defensa contra los extraterrestres. «En sentido estricto, Krugman se limitó a decir que sería necesaria una creencia errónea generalizada en una invasión alienígena para producir este resultado benéfico, aunque la idea de que el Gobierno pudiera simular tal invasión estaba, podría decirse, implícita en el contexto de sus comentarios», matizaba Pickering.
Mientras llega (o no, casi mejor) semejante jugada, The Spectator ha adornado el escenario con su habitual dosis de ironía británica. David Whitehouse tituló hace poco: Are aliens really out there? (un clásico en inglés, traducible en algo así como «¿De verdad existen los extraterrestres?», que hace referencia al lema Expediente X: «the truth is out there», «la verdad está ahí fuera») Y sostiene que «la comunidad ovni es una máquina de hacer dinero que no puede cambiar de rumbo. Guiada por historias fantásticas y rumores, se nutre de un conocimiento científico deficiente y de la falta de investigación rigurosa. Satisface muchas necesidades y a sus seguidores no les importa lo que piensen los demás. Tiene sus gurús, que resultan universalmente poco impresionantes: presentadores venidos a menos, exmilitares que se hacen pasar por informantes, contactados (aquellos que han sido víctimas de abusos extraterrestres), funcionarios gubernamentales de poca monta que se engrandecen, multimillonarios excéntricos, autodenominados ‘periodistas de investigación’ e incluso quienes afirman haber luchado en guerras interestelares y salvado la galaxia. Hay quienes te enseñarán a contactar telepáticamente con extraterrestres a cambio de dinero. Todos buscan tu atención, que a menudo monetizan. Todos tienen dos cosas en común: certeza absoluta y cero evidencia». O sea, que en realidad ya existe, de hecho, una economía intergaláctica.
No hace prisioneros el amigo Whitehouse (¿tenía que llamarse Casa Blanca, en serio?). Pero ojo, no niega la posibilidad de que existan los extraterrestres. Al contrario, pide un poco de respeto intelectual dirigiéndose «a quienes creen que, tras atravesar vastas extensiones de espacio y tiempo, los extraterrestres rondan los silos de misiles nucleares, sobrevuelan aviones, secuestran a gente común y corriente y los ‘examinan’ antes de mutilar vacas y estrellarse torpemente en el desierto», y les dice: «Dejen de lado las fantasías y las ilusiones. Abran sus mentes y miren a las estrellas».
Esta apertura mental está abriendo una veta de tamaño sobrehumano. ¿Qué vía ha utilizado tradicionalmente la humanidad como atajo para aquello que intuimos pero no podemos alcanzar (por lo menos, todavía) con nuestro limitado raciocinio? El domingo que viene, se celebra la fiesta cristiana de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María 50 días después de la resurrección de Jesucristo.
The Guardian ofreció a finales de marzo otra muestra de ironía británica, pero desde el lado progre. Richard Luscombe tituló JD Vance afirma que los extraterrestres son «demonios» y detalla su obsesión con los ovnis. Recordaba la aparición del vicepresidente de los Estados Unidos en el «podcast conservador» Benny Show, «para prometer que dedicaría tiempo a investigar lo que él llamó su ‘obsesión’ con los ovnis y los visitantes extraterrestres». Según Luscombe, «aquella conversación con Vance, un hombre muy religioso, se extendió a la cuestión de la existencia de seres extraplanetarios y al lugar que podrían ocupar en un debate más amplio sobre la religión». Vance dijo que creía en «seres celestiales que vuelan por ahí, que les hacen cosas raras a las personas», y reflexionaba sobre «el deseo de describir todo lo celestial, todo lo que es de otro mundo, de describirlo como extraterrestres. Todas las grandes religiones del mundo, incluido el cristianismo, en el que yo creo, han comprendido que existen cosas extrañas y difíciles de explicar. Y cuando oigo hablar de algún fenómeno extranatural, recurro a la comprensión cristiana de que hay mucho bien, pero también maldad». Y una conclusión contundente: «Creo que uno de los grandes trucos del diablo es convencer a la gente de que nunca existió».
A quienes se mueven en la órbita de The Guardian, frases como esta les hacen sonreír ante la ocurrencia de un paleto. A lo mejor no saben que Charles Baudelaire escribió en El jugador generoso que «la más hermosa astucia del diablo es persuadirte de que no existe». Ni lo que C. S. Lewis decía al respecto en Cartas del diablo a su sobrino. Ni la advertencia del papa Pablo VI en 1972 sobre que el mayor peligro es ignorar la existencia del mal.
La editorial Encuentro acaba de publicar un libro muy interesante de Rod Dreher titulado Vivir en el asombro. Su subtítulo describe el que probablemente sea el gran reto de nuestro tiempo: «Descubrir el misterio y el sentido en una era secular». Narra cómo Occidente fue perdiendo su capacidad de asombrarse, cómo se «desencantó» pese a que el misterio permanece, realidad que ilustra con ejemplos concretos de gente muy seria que ha tenido experiencias con ovnis y no renuncia a interpretarlas desde una perspectiva trascendente.
En 2008, L’Osservatore Romano, diario oficial de la Santa Sede, publicó una entrevista al padre José Gabriel Funes, director del Observatorio Vaticano, titulada El extraterrestre es mi hermano. Argumentaba que buscar vida en el universo no contradice la fe en la creación divina. En 2014, el Papa Francisco utilizó en su homilía matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta el ejemplo de seres de otro planeta para ilustrar la apertura del Espíritu Santo: recordó cómo los judíos tomaron a san Pedro por loco por sentarse a la mesa con personas incircuncisas y dijo que era «como si mañana llegara una expedición de marcianos verdes, con narices largas y orejas grandes como las que dibujan los niños. ¿Qué pasaría si uno de ellos dijera: ‘Quiero ser bautizado’?». En 2022, una fascinante entrevista en Alfa y Omega al dominico Thomas O’Meara, profesor emérito de Teología en la Universidad de Notre Dame, explicó con detalle las diferentes posibilidades. Por ejemplo, se plantea que podría haber extraterrestres sin noción del pecado, como los que describe C. S. Lewis en Más allá del planeta silencioso. ¿Ángeles? Esa hipótesis sobre mis tocayos es mía. O’Meara, más prudente, dice: «Tendríamos que entender su psicología, su visión de las acciones humanas, y llevaría tiempo».
Pero ojo, la Iglesia tampoco quiere caer en una especie de euforia/histeria astroteológica. Justo ayer se cumplieron dos años de la publicación por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe de las nuevas normas espirituales para discernir supuestos fenómenos extraordinarios, un marco que el Vaticano utiliza para separar el grano de la paja en este tema. Tan empobrecedor es no mantener la mente abierta como dejar que entre cualquier cosa.
