El giro diplomático de Sánchez: se acerca a los Brics y proclama «el nuevo orden multipolar»
El presidente evita hablar de derechos humanos en China y solo critica el enorme déficit comercial con el gigante asiático

Pedro Sánchez saluda a universitarios chinos. | Borja Puig de la Bellacasa
El último viaje oficial de Pedro Sánchez a China ha dejado un discurso que ha pasado desapercibido para la opinión pública: sus palabras en la Universidad de Tsinghua, en la que ha fijado su posición sobre la presencia de España en el tablero internacional y un nuevo enfoque a la política exterior de nuestro país, en la que se ve claramente un acercamiento al grupo Brics —acrónimo para Brasil, Rusia, India, China y al que se han unido Sudáfrica y varios países árabes— y una llamativa proclama a favor del «nuevo poder multipolar» junto a la propuesta de que Occidente renuncie a «parte de sus cuotas de representación en favor de la estabilidad global y la confianza de los países del sur». Es decir, las potencias emergentes.
El jefe del Ejecutivo recordó que España fue «un gran imperio» en el pasado, como lo intenta ser ahora China. «Un imperio que intercambiaba materias primas, bienes manufacturados con la dinastía Ming a través del corredor de Manila. Y que surcaba los océanos con brújulas magnéticas, mosquetes, con timones de codaste. En definitiva, con tecnologías, todas estas, de origen chino. La España de entonces conocía la grandeza de China. Sabía que Beijing no era la periferia del mundo, sino uno de sus centros», dijo para agradar los oídos de los que le escuchaban.
«Y la España actual también lo sabe. Sabe que China está reconstruyendo su grandeza. Que es ya el primer exportador de bienes de todo el planeta y el cuarto en servicios. Que la industria y su ciencia están transformando la lucha contra el calentamiento global y también reduciendo la pobreza. Y que, como tal, China está llamada a jugar un papel esencial en el futuro del mundo», prosiguió para deleite de los organizadores del acto académico.
El presidente del Gobierno constató que «hay quienes se obstinan en interpretar la realidad en clave de suma cero», en narrar el crecimiento de unos como una pérdida para el resto. O en argumentar, a su juicio, que «profundizar determinadas relaciones implica renunciar a otras». Ante ello, apostilló que esa lectura es «equivocada y peligrosa, por inmovilista», ya que nos convierte «en prisioneros del pasado y limita las posibilidades que nos ofrece el futuro». Sobre todo, al incurrir «en el error de asumir que el mundo que vemos, de los mapas antiguos, es el único mundo posible». Un claro guiño al gigante asiático que intenta rivalizar con EEUU como primera potencia mundial.
Precisamente, Sánchez hizo hincapié en que el crecimiento de China en el tablero internacional «no es un trasvase de hegemonías», sino una «multiplicación de polos» en la que no solo cuenta el poder, sino también la prosperidad. «Y esto es una gran noticia para Europa. Porque por primera vez en la historia contemporánea, el progreso germina de forma simultánea en muchos lugares del planeta» y no solo en EEUU y los países occidentales. «Lugares, además, que no se parecen entre sí. Que no tienen la misma cultura. Tampoco el mismo sistema político o tampoco las mismas condiciones sociales. Y que no necesitan pedir permiso a nadie para crecer. Eso está ocurriendo aquí en China, en Asia. Pero también en el continente africano, o también en una región muy próxima a España como es América Latina», resumió.
El jefe del Ejecutivo incidió en que esa «multipolaridad» que pone en riesgo la supremacía de EEUU «no es una hipótesis» ni un deseo, sino que «es ya una realidad» y que, por tanto, hay que asumirla como tal. «No podemos cambiarla. Solo podemos elegir entre negarla o abrazarla. Y el Gobierno de España, el conjunto de la sociedad española elige abrazarla», subrayó ante el auditorio chino. «Lo hace desde el realismo, también desde el pragmatismo y, sin duda alguna, desde la responsabilidad. Pero me gustaría subrayar que lo hacemos también desde la esperanza. Porque pensamos que, si España, Europa y China supieron prosperar juntos en el pasado, no hay razones que puedan hacernos pensar que no podemos volver a hacerlo».
Sánchez admitió que existen cuestiones que separan a China de España y los países occidentales, aunque no se atrevió a verbalizarlas. «Tal vez no logremos nunca estar de acuerdo. Pero la humanidad avanza cuando construimos sobre lo que nos une. No cuando profundizamos las zanjas que nos dividen. Con ese espíritu trabajamos desde España con muchos otros países como Brasil, como India, como Sudáfrica, como México. Y por supuesto también en nuestras relaciones con China», en el que solo faltó por mencionar a la Rusia de Vladímir Putin para cerrar el círculo de los Brics.
Cumbre de líderes de izquierdas en Barcelona
Precisamente, este sábado se verá con los presidentes de Brasil, Sudáfrica y México en Barcelona en una cumbre de líderes de izquierdas. Sánchez hizo hincapié en la citada universidad china que la propuesta de España es «clara» y consiste en construir una relación «basada en el respeto mutuo» que permita, entre otras cosas, «cooperar en todos los ámbitos posibles, competir en lo que sea necesario y gestionar también nuestras diferencias cuando resulten inevitables».
A juicio del jefe del Ejecutivo, se necesitan tres pasos en los próximos meses y años para que el mundo «pueda prosperar bajo el nuevo orden multipolar». El primero es lograr «un multilateralismo reforzado» que pasa por no dejar caer a la ONU. «Hay quienes creen que el sistema multilateral está muerto. Estamos viendo, por desgracia, muchos casos en los medios de comunicación de crisis, de guerras que están sucediendo en el mundo. Piensan que efectivamente ese mundo multilateral está muerto, que es pasado. Y yo quiero decir aquí que discrepo profundamente de ese análisis. Y lo hago enérgicamente», apuntó en la misma línea que propugna China.
«Yo pienso que los instrumentos de gobernanza global funcionaron en el siglo XX y que son hoy más necesarios que nunca. Que las reglas y la cooperación transfronteriza son las únicas herramientas que permitirán a la humanidad superar la emergencia climática y los demás desafíos de esta era. Yo creo que el mundo multipolar necesita un sistema multilateral robusto, no para imponer una visión única, sino para convertir el crisol de nuestras miradas en una fortaleza para toda la humanidad. No para acabar con nuestras diferencias, sino para lidiar con ellas de forma pacífica, con respeto. Porque la multipolaridad sin reglas conduce a la rivalidad y de la rivalidad solo surgen guerras, conflictos comerciales y ruina».
El presidente apostilló a renglón seguido que España defiende «una renovación profunda de la arquitectura multilateral» para hacerla «más eficiente, más transparente, más responsable y también más inclusiva y plural» que la existente. «Porque si el multilateralismo quiere seguir siendo útil, tiene que cambiar y reflejar mejor los equilibrios de poder y las sensibilidades del mundo actual. No podemos permitir que el pasado asfixie el futuro de los organismos multilaterales. Por eso pienso que Occidente debe renunciar a parte de sus cuotas de representación en favor de la estabilidad global y la confianza de los países del sur».

Por ello, apostó por transformar «cuanto antes» el sistema de Naciones Unidas con una Asamblea General «mucho más fuerte», con un Consejo de Seguridad «más representativo y con un sistema de toma de decisiones más democrático», en el que todas las regiones «tengan de verdad voz y voto», y las potencias medias —como España— puedan jugar además «un papel aglutinador y armonizador, que es lo que se espera de ellas». También reiteró el deseo de España de que «por primera vez en la historia», una mujer sea la secretaria general de la ONU cuando concluya el mandato de Antonio Guterres.
El segundo elemento, en opinión de Sánchez, es que ese nuevo orden multipolar «debe funcionar y debe hacerlo con unas relaciones comerciales que sean equilibradas y recíprocas». Y para que ese desarrollo «sea estable, sostenible, sano», dicho orden multipolar necesitará «una economía más horizontal y más justa, en la que no haya regiones perdedoras y otras ganadoras, sino cadenas de suministro realmente globales que creen empleo, riqueza en todas las latitudes del planeta y compartan las externalidades negativas de forma proporcionada».
El presidente del Gobierno subrayó al auditorio chino que la UE «está haciendo su parte» con no pocas dificultades. En la última década, por ejemplo, se han firmado acuerdos comerciales con 25 países que han permitido incrementar en un 80% las importaciones europeas «del llamado sur global», creando más de 25 millones de puestos de trabajo anuales fuera de las fronteras europeas. Pero falta China en dicha ecuación.
«Necesitamos que China haga lo mismo. Que se abra para que Europa no tenga que cerrarse. Que nos ayude a corregir el actual déficit comercial que tenemos con ella. Un déficit que no es equilibrado, que creció nuevamente un 18% solo el año pasado y que resulta insostenible para nuestras sociedades en el medio y en el largo plazo. Y es insostenible por los movimientos aislacionistas que alimenta y por los agravios y el dolor social que provoca. Para que se hagan una idea, nuestro déficit comercial con China supone ya el 74% del déficit total de nuestro país».

El tercer y último elemento es «una mayor implicación» por parte de las grandes y medianas potencias «en la gestión y la provisión de lo que los académicos llaman los bienes públicos globales». Es decir, la lucha contra el cambio climático, la seguridad, la defensa, la lucha contra la desigualdad por parte de las potencias emergentes, aunque ninguna palabra sobre los derechos humanos.
«El tamaño no solo implica poder, también conlleva una responsabilidad que no se puede delegar. Porque los grandes problemas del siglo XXI no necesitan visado, cruzan fronteras y son de todos. Pienso, por ejemplo, en la lucha contra el cambio climático o en los desafíos que provoca la salud global, en el desarrollo de una inteligencia artificial responsable, en el control del armamento nuclear, en la erradicación de la pobreza y en la salvaguarda, como he dicho antes, de la salud global. Ámbitos estos últimos en los que la financiación ha caído un 23% en este último año, un 23%».
«El derecho internacional es la base de todo»
Sánchez dejó claro que sin la colaboración de las grandes potencias y, sobre todo, de China, estos objetivos no son difíciles, sino «sencillamente inalcanzables», por lo que le puso al gigante asiático el reto de «hacer más». Por ejemplo, insistiendo en que el derecho internacional «se cumpla y cesen los conflictos en el Líbano, en Irán, en Gaza, en Cisjordania y también en Ucrania», donde los chinos están más del lado de Putin.
«Porque el derecho internacional es la base de todo. Compartiendo su tecnología con los países más desfavorecidos, condonando deuda, contribuyendo a la financiación del sistema mediante la participación en procesos de canje. Naturalmente, Europa también tendrá que redoblar sus esfuerzos, sobre todo ahora que Estados Unidos ha decidido retirarse de muchos de estos frentes. La contribución de Europa es y será esencial», sintetizó en su disertación ante los universitarios chinos.
«Europa es un actor clave en la estabilidad, en la prosperidad y en la paz del mundo y que sin una Europa unida y, por tanto, fragmentada, no puede haber ni habrá un orden internacional estable ni un futuro próspero para la humanidad, como tampoco podrá haberlo sin la participación de este gran país que es China. Por eso estamos llamados a entendernos y a cooperar», concluyó.
