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Economía

Elon Musk compra tecnología vasca para su fábrica de chips tras el veto de Trump a China

El bloqueo de EEUU al país asiático ha empujado al emprendedor norteamericano a adquirir 'hardware' en España

Elon Musk compra tecnología vasca para su fábrica de chips tras el veto de Trump a China

Elon Musk.

El veto de Donald Trump a la compra de tecnología china por parte de empresas estadounidenses ha tenido un efecto directo en las compañías españolas que fabrican los mismos componentes que las asiáticas. Ante la imposibilidad de adquirir bienes concretos provenientes de este país asiático, Elon Musk ha puesto la mirada en proveedores de otros países, entre ellos España. Empresas del sector eléctrico, fundamentalmente ubicadas en el País Vasco, ya cierran pedidos a través de intermediarios para proteger los sistemas eléctricos que dotarán de energía a la gran factoría de microprocesadores del fundador de Tesla en Texas, con la que busca potenciar el desarrollo de inteligencia artificial (IA), tal y como ha podido saber THE OBJECTIVE.

Firmas nacionales dedicadas a fabricar dispositivos para sistemas energéticos como Arteche, Ingeteam, Ormazabal, ZIV, Imefy e Inael Electrical Systems (las cuatro primeras del País Vasco, las otras dos de Toledo) mantienen conversaciones —y cierran contratos— con los intermediarios de Musk para nutrir, entre otros proyectos, al que busca crear un laboratorio de desarrollo de chips (Research Fab) dentro de los terrenos de la gigafactoría de Musk en Austin. Esta pequeña planta piloto costará unos 3.000 millones de dólares y su objetivo es fabricar unas pocas miles de obleas de silicio al mes para probar prototipos del nuevo chip Tesla AI5. Se espera que empiece a sacar las primeras pruebas a pequeña escala a finales de este año. En paralelo, también nutrirán tecnológicamente a Terafab, una iniciativa conjunta entre Tesla, SpaceX y xAI para construir una gigantesca fábrica de semiconductores en Texas.

Para este proyecto, Elon Musk se ha aliado con Intel. El objetivo es fabricar sus propios procesadores a escala masiva y eliminar la dependencia de proveedores externos, destinando la gran mayoría de estos chips a una futura infraestructura de centros de datos con los que dar músculo a sus sistemas de IA, con Grok a la cabeza y xAI como empresa paraguas de todo lo que tiene que ver con la inteligencia artificial en el caso del emprendedor norteamericano.

Las empresas antes citadas desarrollan sistemas de celdas que actúan como interruptores y fusibles en las instalaciones eléctricas. Sirven para proteger y controlar las líneas eléctricas. En el caso de un cortocircuito o variación en la tensión de la red, estas celdas cortan el flujo de energía en cuestión de milisegundos para evitar que la sobrecarga destruya los chips de IA o los equipos de litografía de la fábrica. Son una parte fundamental de todo el engranaje de la fabricación de semiconductores. Ormazabal fabrica este componente.

Un interés inédito

Además, fabrican dispositivos que reducen la tensión de manera eficiente. En concreto, y para entornos críticos como los de Musk, comercializan transformadores sumergidos en líquido refrigerante que soportan cargas de trabajo continuas y extremas sin sobrecalentarse, y que además envían datos en tiempo real sobre su estado de salud para prevenir apagones. También desarrollan casetas o contenedores de hormigón o metal completamente equipados desde fábrica con el transformador, las celdas y los cuadros de baja tensión ya interconectados y testeados. Llegar, conectar a la red y empezar a alimentar los racks de chips.

Las fuentes consultadas por este diario, directamente relacionadas con el sector, destacan que es «increíble» el interés suscitado en los últimos tiempos por la tecnología española, especialmente tras el bloqueo de Estados Unidos a China y la situación geopolítica mundial. «España está haciendo muy bien las cosas en este sentido, estamos desarrollando tecnología de una gran calidad».

El tirón de la inteligencia artificial ha disparado las necesidades energéticas y, junto con lo anteriormente relatado, se ha puesto en marcha un dominó que impulsa a la industria española. La computación requerida para el funcionamiento de los sistemas de IA demanda una cantidad ingente de energía. Fundamentalmente, se usa para que los sistemas no se calienten en exceso. Dentro de este armazón tecnológico, las empresas españolas juegan un papel que cada vez cobra más peso.

Elon Musk se centra en fabricar chips

El entramado tecnológico de Elon Musk está redefiniendo el sector de los semiconductores mediante el desarrollo de silicio ultraespecializado, alejándose de los procesadores genéricos para centrarse en la biología y la inteligencia artificial automotriz. A través de este enfoque, el magnate no busca competir en el mercado de la informática de consumo, sino crear los motores neuronales que impulsen sus proyectos más ambiciosos, dividiendo sus esfuerzos de diseño entre la conexión mente-máquina y la autonomía sobre el asfalto.

Tesla opera como una discreta potencia en el diseño de hardware avanzado, creando semiconductores a medida que actúan en dos fases complementarias de la movilidad inteligente. La primera de ellas corresponde a los chips FSD (Full Self-Driving), que actúan como el cerebro físico dentro de cada vehículo; estos componentes procesan de forma masiva y en tiempo real las imágenes captadas por las cámaras del coche para tomar decisiones de conducción autónoma en milisegundos. La segunda fase se apoya en los chips Dojo, procesadores masivos alojados en supercomputadoras externas cuya única misión es absorber los millones de horas de vídeo generados por la flota global de Tesla, entrenando así los algoritmos de inteligencia artificial que luego se implantarán en los vehículos.

En la frontera de la medicina y la ingeniería se sitúa Neuralink, una firma que ha diseñado las llamadas interfaces cerebro-computadora. Su mayor logro técnico es el procesador N1, un chip biológico de alta precisión que se implanta directamente en el córtex cerebral de los pacientes. Este dispositivo es capaz de registrar y estimular la actividad eléctrica de las neuronas para transmitir estos datos de forma inalámbrica a dispositivos externos. El objetivo primordial de esta innovación es puramente terapéutico, devolviendo la autonomía a personas con parálisis severa al permitirles controlar ordenadores, teléfonos o prótesis robóticas utilizando únicamente el pensamiento.

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