Bono impulsa un hotel de lujo en la medina de Tánger tras adquirir varias casas contiguas
El importe declarado por los cinco inmuebles difiere de forma notable de las valoraciones del mercado en la zona
José Bono continúa ampliando su presencia inmobiliaria en la medina de Tánger (Marruecos) con un proyecto que, según fuentes locales del sector, va más allá de una residencia privada. El exministro de Defensa adquirió hace dos años varias viviendas situadas en la calle Ben Charki, al otro lado de donde se sitúa su mansión, con el objetivo de levantar un complejo de carácter hotelero de alto nivel en una de las zonas más codiciadas de la ciudad.
La operación se apoya en una estrategia progresiva de adquisición de inmuebles cercanos a su «palacete» —la antigua casa-taller del pintor Josep Tapiró— y en la integración de fincas colindantes que permitiría configurar una gran unidad arquitectónica en pleno corazón histórico de Tánger.
Según las mismas fuentes, el proyecto incluiría además la creación de una escalera de acceso directo hacia la fachada marítima, una conexión especialmente relevante tanto por su ubicación como por su valor turístico en una ciudad donde el frente litoral concentra buena parte de la demanda internacional, y que debe contar con una intervención turística municipal al afectar a una parte de la muralla.
Inmuebles de alto valor potencial
Las viviendas adquiridas por Bono en la calle Ben Charki presentan actualmente un estado de conservación deteriorado, como muestran las imágenes recogidas por THE OBJECTIVE. Se trata de construcciones tradicionales de la medina, con fachadas encaladas, puertas metálicas y rejas de forja, en muchos casos envejecidas o parcialmente oxidadas.
En varios de los inmuebles se aprecian desconchones profundos, muros con la piedra estructural al descubierto, vigas de madera deterioradas y accesos cerrados o sin uso. Algunas entradas conservan elementos decorativos tradicionales, como marcos cerámicos o forja artesanal, mientras que otras evidencian intervenciones más básicas o incluso abandono.

En al menos dos de estos edificios, además, aparece pintada en rojo la palabra árabe «خطر» («khaṭar»), que significa «peligro», acompañada de una flecha que señala directamente hacia el interior de los inmuebles. Este tipo de marcas es habitual en entornos degradados o en estructuras con riesgo, y refuerza visualmente la advertencia sobre el estado de determinadas zonas.
Además, las viviendas adquiridas por el exministro se encuentran actualmente deshabitadas, en línea con la estrategia habitual de compra de activos degradados para una posterior rehabilitación integral.

Fuentes del sector apuntan a que la clave no reside tanto en el estado individual de cada inmueble como en su posición dentro del conjunto, ya que la acumulación de varias fincas contiguas permite desarrollar proyectos de mayor escala, con vistas al mar y a tres minutos del puerto.
Precios declarados muy por debajo del mercado
La dimensión económica de estas operaciones quedó reflejada en la memoria de 2024 de la sociedad Joasa 2012, propiedad del exministro, donde figuran estas adquisiciones.

Según ese documento, Bono declaró la compra de cinco inmuebles en la calle Ben Charki entre finales de 2023 y 2024 por importes que oscilan entre los 10.000 y los 100.000 euros, con operaciones registradas por 79.897 euros, 100.000 euros, 49.981 euros, 20.022 euros e incluso una adquisición por apenas 10.000 euros.
Estas cifras contrastan de forma llamativa con los valores del mercado inmobiliario en la medina de Tánger. Portales especializados sitúan el precio de las edificaciones en una horquilla que suele moverse entre los 2.500 y los 3.000 euros por metro cuadrado, especialmente en zonas con potencial turístico o próximas a la primera línea marítima.

La discrepancia adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta la superficie de los inmuebles adquiridos. Algunos de ellos, con varias alturas, superarían los 300 metros cuadrados construidos, lo que situaría su valor teórico de mercado en cifras muy superiores a las declaradas. A esos precios por metro cuadrado, incluso aplicando márgenes conservadores, las compras reflejadas en la memoria difícilmente encajan con la realidad del mercado local.
La diferencia entre los precios declarados (260.000 en total por los cinco edificios) y los valores de mercado de la zona, según las fuentes consultadas, sería tres veces superior, teniendo en cuenta el potencial que tienen para integrarse en un plan hotelero de alto nivel.
Vecinos reacios
De hecho, el desarrollo del proyecto no está exento de dificultades. Según fuentes locales, al menos dos propietarios colindantes se han negado a vender sus inmuebles al exministro, lo que complica el cierre del perímetro necesario para completar la operación urbanística. Se trata, por un lado, de la propietaria del número 42 de la misma calle, una marroquí residente en Francia; por otro, del inmueble ocupado por la pensión «El Kasaba».
En este último caso, su propietario exige una cantidad que el exministro no estaría dispuesto a asumir en este momento. En paralelo, la dueña del edificio más próximo a la fachada marítima y a la actual mansión de Bono ha dejado claro, al menos por ahora, que no tiene intención de vender, consciente de la revalorización progresiva de la zona y de los planes empresariales que se proyectan en torno a estas propiedades.
Aun así, la estrategia de adquisición para el exministro continúa avanzando en una zona en la que la disponibilidad de suelo es limitada y donde cada inmueble puede resultar clave para configurar un proyecto de mayor escala.
Todo ello se produce además en un momento de fuerte proyección internacional de la ciudad. Tánger se ha consolidado como uno de los destinos más relevantes del país, tanto por su posición geoestratégica como por su creciente atractivo turístico e inversor.
Esta dinámica cobra especial relevancia de cara al Mundial de Fútbol 2030, cuya organización conjunta por Marruecos, España y Portugal está impulsando numerosos proyectos urbanísticos, hoteleros y de infraestructuras en la ciudad. En ese contexto, la posible construcción de un hotel de lujo en plena medina, con conexión directa al frente marítimo, situaría al exdirigente socialista en una posición estratégica dentro de un mercado en plena expansión, donde la rehabilitación de edificios históricos se ha convertido en uno de los principales motores de inversión.
De residencia privada a proyecto turístico
La expansión en Ben Charki se produce en las inmediatas cercanías de la actual mansión de Bono, ubicada en la antigua casa-taller de Tapiró, un inmueble con fuerte carga histórica: en su origen fue uno de los primeros teatros de la ciudad antes de convertirse en residencia del pintor catalán.
El edificio llegó a plantearse como posible espacio cultural apoyado por el Instituto Cervantes e incluso fue presentado como tal en febrero de 2020. Sin embargo, tras la irrupción de la pandemia y la falta de continuidad institucional, sus propietarios, Bernabé López y Cecilia Fernández Suzor, optaron por venderlo.
Desde su adquisición en 2021, la vivienda ha sido objeto de una profunda transformación. Las obras han incluido la incorporación de materiales de alta gama, la instalación de un ascensor de procedencia turca y la reconfiguración completa del espacio interior. Además, este medio ha podido constatar mediante testimonio gráfico la añadidura de nuevas alturas, que no formaban parte de la estructura original del inmueble.
Como resultado de esta expansión, la superficie total del conjunto habría pasado de unos 700 metros cuadrados iniciales a superar los 1.700 metros cuadrados, tras la integración progresiva de viviendas anexas.
