Descontrol en la primera semana de la nueva cárcel vasca: «Ha habido dos intentos de motín»
CSIF denuncia deficiencias en los sistemas de aire y quejas de los presos por no poder comunicar con sus familias

La prisión de Zubieta, en Guipúzcoa, durante su construcción.
Poner en funcionamiento la nueva prisión de Guipúzcoa está siendo más complicado de lo esperado para el Gobierno vasco. El centro penitenciario —ubicado en Zubieta (San Sebastián) e inaugurado hace apenas una semana por el lehendakari, Imanol Pradales, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska— ha aflorado ya problemas en la infraestructura y en algunas instalaciones que han provocado que en apenas unos días dos grupos de presos hayan protagonizado dos intentos de motín, según denuncian fuentes conocedoras del asunto. «Hay bastante descontrol. Los internos no pueden comunicar con sus familias, los economatos no funcionan, hay puertas que no abren […]. Y las condiciones de los trabajadores no cumplen con los requisitos mínimos», denuncia el CSIF.
Interior ha destinado una inversión de 45 millones a la construcción de esta cárcel, que gestionará el Ejecutivo vasco y que sustituirá a la prisión de Martutene, uno de los penales más antiguos, construido en 1948, y que arrastraba desde hace años problemas de hacinamiento. Zubieta es la gran apuesta del Gobierno autonómico para el «modelo vasco penitenciario», con una política —según defienden— totalmente centrada en la reinserción, después de que asumiesen las competencias en octubre de 2021. Sin embargo, la apertura, prevista inicialmente para 2023, ha terminado retrasándose tres años.
Al parecer, se necesitaron más partidas presupuestarias. De hecho, según explica CSIF, han quedado desiertas varias licitaciones de obras tras quedar desierto el concurso público. Entre ellas, la colocación de concertinas (alambres de seguridad para el vallado exterior) y el cementado de las zonas ajardinadas. En cualquier caso, la prisión vasca, con una capacidad para 400 presos, arrastra ahora problemas importantes de funcionamiento. «Lo único que salió bien fue el traslado [desde Martutene] de los 200 internos el 17 de junio. Después, todo ha sido un caos», señala a THE OBJECTIVE un funcionario de la prisión.
Retrasos en las comunicaciones
Según revelan fuentes penitenciarias, distintos presos han mostrado su enfado, hasta el punto de «plantarse frente a los funcionarios» por el retraso y, en algunos casos, la cancelación de las comunicaciones con familiares. A esto se suma que los economatos, donde los internos compran productos como tabaco o alimentos de consumo rápido, no funcionan correctamente. «Puede parecer algo baladí, pero para las personas privadas de libertad no disponer de estos artículos puede convertirse en un gran problema para el penal», relatan estas mismas fuentes. La situación ha llegado a tal punto que «incluso les están fiando porque no pueden cobrarles con las máquinas».
Respecto a los funcionarios de prisiones, el CSIF denuncia que algunos trabajadores han tenido que trasladar «material informático en sus coches particulares». Lo más grave, no obstante, son las altas temperaturas que estos profesionales están teniendo que afrontar en plena ola de calor en las cabinas de los módulos de interior, donde —recalca el sindicato— «no hay posibilidad de abrir las ventanas ni aire acondicionado», habida cuenta de que están averiados o no se han puesto en marcha por parte de los técnicos.
Medición de temperaturas en la prisión
Por este motivo, el sindicato ha elevado una queja a la dirección del centro. En el escrito, el CSIF relata que el pasado 21 de junio, durante el turno de noche y aproximadamente a las 23.00, en el puesto de servicio de Torre, el empleado público que prestaba servicio en la dependencia estuvo sometido «a una temperatura aproximada de 34 grados, concurriendo además, según la información facilitada, una insuficiente ventilación y falta de funcionamiento del sistema de climatización». A esta situación de calor extremo, incide el sindicato, se añade «la gran suciedad que hay en distintos departamentos por el fin de las obras».
La organización sindical ha solicitado que se hagan mediciones de temperatura en todas las dependencias donde se han presentado estas incidencias y que se proceda a la revisión, reparación y puesta en funcionamiento de los sistemas de aire y ventilación que presentan averías o deficiencias.
Una ‘miniciudad penitenciaria’
La instalación, que ocupa una superficie total de 284.255,43 metros cuadrados, de los cuales 80.714 corresponden al propio recinto, que está concebido como una miniciudad penitenciaria, apostará «por una ejecución más moderna, especializada y orientada a la reinserción social» y a un modelo «en el que la seguridad y el tratamiento se refuerzan mutuamente, permitiendo garantizar la convivencia y generar procesos reales de cambio en las personas que han cometido un delito», según destacó la consejera de Justicia del Gobierno vasco, María Jesús San José.
El objetivo, explicó, «es que el interno salga de la prisión mejor que como entró» a todos los niveles: mental, de salud, educativo, formativo… El interior tiene mucho parecido a cualquier hospedaje y los servicios que incluye, también: habitaciones dobles con ducha, salas de televisión, frontón, pista polideportiva, varios gimnasios, biblioteca, aulas de estudio, de lectura, de informática, de cocina, salón de actos, zona de futbolín y pimpón…
