Javier Benegas: «El codirector del GATE Center de Zapatero se formó en la élite militar china»
El analista político destapa en su libro las redes de influencia, control tecnológico y sumisión de Moncloa ante Pekín
¿Es China dueña silenciosa de nuestro día a día? El gigante asiático se ha colado en nuestra vida diaria sin que alcancemos a vislumbrar el alcance de su estrategia. Para desgranar estos hilos invisibles, se sienta en El purgatorio Javier Benegas, autor de La guerra invisible, quien disecciona con lucidez la preocupante red de dependencia económica que asfixia a Europa. Benegas, también columnista de THE OBJECTIVE, pone el foco en la geopolítica más incómoda: el control digital a través de Huawei, la falsa reindustrialización del motor eléctrico y los nexos políticos bajo cuerda que conectan directamente la Moncloa con los intereses del régimen comunista de Pekín.
PREGUNTA.- ¿Qué, quién o cómo es China? Nos encontramos ante un gigante asiático desconocido que está en todos lados y en nuestro día a día: desde los teléfonos móviles hasta los coches o cualquier dispositivo electrónico, y no llegamos a entender muy bien el porqué. Para hablar de esto nos acompaña Javier Benegas, que viene a presentar su nuevo libro, La guerra invisible. Javier, bienvenido a El purgatorio. ¿Por qué decidió titularlo así?
RESPUESTA.- Un placer. Las guerras —o la demostración de fuerza que suele acompañarlas— tienen unos indicadores y signos externos muy claros: la fuerza, la presencia militar, la propaganda, la censura y la persecución del disidente. Todos forman parte de los elementos clásicos visibles. Sin embargo, hoy estamos asistiendo a una forma de guerra muy distinta donde los signos visibles parecen desaparecer, sustituidos por eufemismos como «cooperación», «intercambio», «alianza civilizacional», «integración» o «globalización». Detrás de estos conceptos se esconde una guerra invisible que está en marcha y que Occidente está perdiendo desde hace tiempo.
P.- ¿Se puede ganar entonces una guerra sin abrir fuego?
R.- Sí, es lo que decía Sun Tzu: el mayor éxito es ganar sin tener que pelear.
P.- En la portada del libro aparece una especie de caballo de Troya. ¿Cómo ha sido la estrategia de China para introducirse en nuestro día a día y en todos nuestros dispositivos tecnológicos?
R.- La estrategia la implementamos desde Occidente. Nosotros mismos promovimos la idea de que había que dejar de fabricar porque las factorías eran algo antiguo y viejo. Se nos dijo que las sociedades modernas debían medirse por la terciarización de la economía y su sector servicios, dejando que fabricaran otros. Europa fomentó esto y, mientras nosotros estábamos instalados en esa idea tan loca, el régimen del partido único chino seguía una lógica mucho más antigua pero sensata: controlar la producción es controlar la dependencia y, por tanto, a los demás. Y el resultado salta a la vista. Durante mucho tiempo nos aseguraron que cuanto más próspera fuera China y más se integrara en el comercio global, más se abriría políticamente y más se parecería a nosotros. Ha ocurrido justamente lo contrario. Ahora somos nosotros los que queremos parecernos a China. El régimen no se está abriendo en absoluto; es un adversario muy peligroso.
«A Xi Jinping le importa una higa lo que Sánchez haga en su país, siempre y cuando le sirva»
P.- ¿Hemos confundido durante todas estas décadas el crecimiento económico de China con una supuesta apertura democrática?
R.- Sí, porque tiene un sistema muy distinto que no es simétrico al occidental. Tendemos a ver a las empresas chinas como competidoras homólogas de las nuestras. Vemos compañías chinas y las consideramos competidoras de otras occidentales; pensamos que Huawei compite con Apple o Motorola en igualdad de condiciones, pero es falso. Huawei no compite en soledad; forma parte de una estructura y de un plan de penetración para el control de la economía global. Es una maquinaria funcional a una estrategia de tierra quemada de la industria y del poder occidental.
P.- Antes de profundizar en el asunto de Huawei, que es un tema obligado, quería comentar que el libro se está vendiendo muy bien.
R.- Sí, se está vendiendo muy bien. Estoy contento con la acogida.
P.- El libro aborda multitud de cuestiones, desde las que afectan directamente a España hasta el papel de los think tanks, que analizaremos más adelante.
R.- Esos centros de pensamiento son una pieza clave y vital en todo este entramado.
P.- Llama mucho la atención el capítulo dedicado a la climática europea. ¿Es la épica climática el mayor negocio regulatorio que Europa le ha podido regalar al Partido Comunista de China?
R.- El libro empieza analizando a un personaje histórico que parece sacado de una novela de espías: Willi Münzenberg, un activista comunista alemán que se dio cuenta de que intentar seducir a las élites occidentales con el catecismo soviético tradicional no funcionaba, porque eran demasiado refinadas para eso. ¿Qué hizo, entonces? Inventó una fórmula distinta: vender grandes causas. En lugar de vender el catecismo ideológico puro, inyectaba en el debate público el pacifismo, la igualdad o la lucha contra la pobreza; causas moralmente superiores que siempre terminaban beneficiando a la Unión Soviética. Consiguió convencer a los intelectuales de que esas ideas eran suyas. Él lo llamaba «el club de los inocentes» y se jactaba de su capacidad de manipulación. Hoy en día, la transición energética y la lucha contra el cambio climático funcionan de la misma manera. Son ideas atractivas, fáciles de vender y moralmente superiores que China ha sabido alimentar para ganarnos por la mano. Al fijar un horizonte final para el motor de combustión en Europa y destruir la industria del automóvil europea, hemos destruido nuestra propia ventaja competitiva. Al pasar al motor eléctrico, toda nuestra superioridad tecnológica desaparece y la ventaja se invierte a favor de China, que lleva años posicionándose ahí. Y todo esto nace de una idea muy bonita, es la transición energética.
«Existe una carta de intenciones de una corporación estatal china a la Oficina del presidente Zapatero para pagar en efectivo»
P.- Frente a este panorama, ¿deberíamos los europeos dejar de comprar productos chinos?
R.- El problema no es comprar, sino cómo se entiende la economía: Occidente tiene una idea de mercado abierto donde se compite bajo una supuesta selección natural. China, en cambio, entiende que la economía es una palanca de poder sometida al Estado. Todo lo que hacen sus empresas, sus empresarios e incluso sus ciudadanos en el exterior es parte de la estrategia de injerencia del Partido Comunista chino.
P.- Es decir, ¿las empresas chinas están totalmente supeditadas a las directrices de su Estado?
R.- Completamente. Existen hasta tres leyes de rango superior que obligan por ley a las empresas chinas a ser activas en el exterior al servicio de su Gobierno, incluso a solicitud expresa. Son leyes muy explícitas que no admiten discusión.
P.- Al ciudadano común le cuesta asimilar esto porque ve productos con una relación calidad-precio excelente, como los automóviles de fabricación china, mucho más económicos que los europeos. Sin embargo, existe cierta sensación de culpa al adquirirlos. ¿A qué se debe esto?
R.- Se debe a que los análisis que solemos ver se quedan en la superficie y la realidad subyacente no es tan bonita. Se suele decir que marcas como BYD arrasan porque tienen un gran músculo financiero, procesos integrados y una estrategia a largo plazo. Pero la explicación fundamental de que puedan vender tan barato, incluso a pérdidas, es la política de subvención masiva del Partido Comunista chino.

P.- ¿Se prevé entonces que terminen subiendo los precios de estos vehículos?
R.- China invierte cada año cerca de un billón de dólares en subsidiar industrias estratégicas como la logística, las telecomunicaciones, las infraestructuras y la movilidad. Esto se traduce en ventajas imbatibles: terrenos regalados, exenciones fiscales a la exportación y ayudas directas al desarrollo tecnológico. Gracias a esto, BYD puede permitirse perder unos 7.000 euros por coche. Las empresas occidentales o japonesas tienen accionistas y no pueden competir contra eso; necesitan registrar beneficios por cada unidad vendida. El modelo chino no busca un mercado abierto, busca una herramienta de control político.
P.- Aun así, vuelve a surgir la duda: si estos productos funcionan tan bien, ¿por qué deberíamos darles la espalda?
R.- Habría que preguntarse si empresas como Nio, que lleva perdiendo dinero desde su creación, existirían hoy sin el apoyo del Estado chino. En Occidente habrían quebrado hace años. Al sostener artificialmente a estas marcas, se altera la selección natural del mercado. Se impide que ese espacio lo ocupen empresas occidentales que podrían hacerlo mejor, frenando la eclosión de productos superiores. Además, no nos engañemos: en cuanto China consiga el monopolio de un sector, los precios bajos desaparecerán de forma natural. Cuando no tenga con quién competir, ¿qué sentido va a tener seguir perdiendo dinero? Es una simple cuestión de lógica comercial.
«A China le interesa que la economía sea una palanca de poder sometida al Estado»
P.- Si nos centramos en España, un país integrado en la Unión Europea y la OTAN, ¿cómo es posible que China se haya introducido de esta manera en nuestras instituciones y sectores estratégicos?
R.- España está capeando varios escándalos políticos directamente relacionados con China. Es un tema que no se suele mencionar porque Pekín maneja un talonario muy generoso para comprar inversiones, proyectos de financiación y de reindustrialización, y por eso hay una gran renuencia a señalar a China como una pieza clave en la corrupción actual, donde el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero aparece de forma recurrente. El libro explica que China es la madre del cordero de toda esta red que conecta a Zapatero con sus think tanks, sus socios comerciales y el propio régimen de Venezuela.
P.- Esto nos lleva a la conexión entre Zapatero, Sánchez y China. El presidente del Gobierno ha realizado varios viajes oficiales a Pekín, donde le han calificado como un «héroe de Europa». ¿Estamos ante una simple cortesía diplomática o hay un trasfondo más profundo?
R.- La diplomacia china nunca da puntada sin hilo. En el último viaje de Pedro Sánchez, donde se reunió con Xi Jinping, hubo detalles muy significativos. El primero es que le dieron dos banquetes reales, algo completamente inusual para un primer ministro extranjero. El segundo, aún más llamativo, tuvo lugar justo cuando la justicia española estrechaba el cerco sobre Begoña Gómez. En ese momento, Pekín invitó expresamente a la mujer del presidente. No era necesario, ya que podía viajar simplemente como parte de la comitiva, pero la diplomacia china destacó ese apoyo. Es un mensaje muy claro de Xi Jinping a Sánchez: «A mí lo que hagas en tu país me importa una higa, siempre y cuando me sirvas». Es la forma que tiene China de desmarcarse de las exigencias occidentales de transparencia y limpieza.

P.- ¿Forman parte todos estos actores de un mismo grupo de presión o lobby?
R.- Forman parte de lo que Anne Applebaum bautizó como «Autócratas SL», una red de intereses compartidos. Cuando en política se habla de multilateralismo, se suele vender como un avance hacia un mundo más equitativo y negociado, pero eso es una gran mentira. Detrás del multilateralismo que Sánchez defendió ante Xi Jinping, lo que hay es un plan de China para romper el orden occidental por la base, utilizando a una constelación de países bajo su sombra.
P.- ¿Se podría deducir que la implicación de China es una de las razones subyacentes por las que la Justicia le ha retirado el pasaporte a Begoña Gómez?
R.- No me atrevería a asegurar que China esté directamente detrás de esa medida judicial. El pasaporte se le ha retirado a Begoña Gómez porque, nos guste o no, existen antecedentes de fugas y un orden jerárquico policial que responde a intereses políticos.
«Huawei no compite en soledad; forma parte de una estructura y de un plan de penetración para el control de la economía global»
P.- Retomando la posición de España en este escenario, ¿cuál considera que es el destino final de este acercamiento estratégico hacia China?
R.- España y China son países muy distintos y no creo que el entorno de Sánchez busque calcar su modelo, pero sí existe una enorme fascinación hacia Pekín porque les permite hacer negocios sucios. China no exige derechos humanos ni transparencia; ofrece manga ancha para la corrupción. En el caso de Zapatero, la investigación judicial apunta a indicios muy claros de una trama de corrupción con China detrás. Existe una carta de intenciones de una de las mayores corporaciones estatales chinas dedicada a los recursos naturales dirigida directamente a la Oficina del presidente Zapatero. En ella se solicita su mediación para adquirir petróleo, crudo y materias primas estratégicas sin límite de cantidad ni de presupuesto, especificando que el pago se realizaría en efectivo.
P.- Con todos estos datos sobre la mesa, ¿considera que la opinión pública ha preferido ignorar una realidad evidente?
R.- La verdad está delante de nosotros, dispersa en los medios de comunicación. Así como hemos logrado unir los puntos entre Venezuela y la República Dominicana gracias a una investigación periodística intensa, hay que hacer lo propio con los muchísimos puntos que conducen a China. Hablemos, por ejemplo, del GATE Center de Zapatero, donde figuraban dos nombres chinos muy peculiares. Uno de ellos ejercía como codirector de la entidad. Su currículum oficial lo presentaba como un refinado hombre de negocios graduado en Harvard, pero ocultaba un dato demoledor: se había formado en la escuela de comando de Nankín, el centro donde se instruye la élite militar y estratégica del régimen chino. El otro socio clave es Fang Yandong, el empresario que liquidó a toda prisa sus sociedades y desapareció justo antes de que la UDEF registrara las sedes de Plus Ultra. El CNI sospecha que es un activo de la inteligencia china y por eso se le denegó la nacionalidad. Este hombre aparece en las grabaciones del caso Koldo, donde los implicados afirman que «está controlado y a salvo». Sacar a Fang Yandong a la carrera para alejarlo de la Justicia española es lo que en argot de inteligencia se denomina una operación de extracción. Los activos se sacan de un país cuando se queman, y en esas conversaciones se evidencia que los implicados sabían perfectamente quién era.
P.- ¿Cuál fue el origen exacto de esta estrecha vinculación de Zapatero con las autoridades chinas?
R.- El contacto formal arranca en 2005, cuando el entonces líder chino Hu Jintao visita España y firma con Zapatero un acuerdo estratégico que se ha ido desarrollando profundamente con los años y, aunque pensemos que la relación de Zapatero con el chavismo es una iniciativa puramente personal, la realidad es que China estaba en Venezuela mucho antes de que llegara Zapatero. Pekín es el mayor prestamista del régimen venezolano: han invertido más de 60.000 millones de dólares desde 2001 en infraestructuras y sistemas de control social. Zapatero llega a Caracas más tarde, en 2004. Todo responde a una relación triangulada, una triple entente entre Venezuela, China y Zapatero. Venezuela funciona como una cámara de compensación de materias primas y petróleo, y la red de intermediación se gestiona desde España. ¿Y quién es el verdadero beneficiario geopolítico de este eje? China, que consigue recursos estratégicos y abre un frente contra Estados Unidos en su propio patio trasero.

P.- Dentro de este entramado societario también aparecen las hijas de Zapatero a través de una empresa que prestaba servicios a la multinacional Huawei. ¿Qué lectura hace de esta relación?
R.- Controlar las redes de comunicación de un país equivale a controlar su sistema nervioso. Permitir que la red 5G española esté copada por Huawei significa entregar las comunicaciones del país a una empresa que responde al régimen chino. Expertos independientes han hallado numerosas puertas traseras y fallos de seguridad en sus dispositivos. Una vez controlado el sistema nervioso a través de Huawei, la siguiente fase es controlar el esqueleto: el desembarco en infraestructuras, puertos, logística y el sector del automóvil. Me hace gracia cuando los ministros aseguran que el sistema es seguro porque el Gobierno tiene las contraseñas. Si China ha diseñado el hardware y la arquitectura del sistema, tiene todas las facilidades del mundo para controlarlo. De hecho, Huawei está metida en Sitel, el sistema que utilizan nuestra policía y juzgados para las escuchas judiciales de la seguridad nacional.
P.- ¿Y cuál era el papel exacto de la empresa de las hijas de Zapatero en su relación con Huawei?
R.- Lo que apunta la investigación judicial es que la empresa de las hijas de Zapatero funcionaba presuntamente como una vía instrumental para blanquear una serie de pagos de la multinacional china.
P.- Para concluir el bloque sobre Zapatero, ¿cree que la vertiente china de estas investigaciones es uno de los asuntos más delicados que quedan por salir a la luz?
R.- Que estemos hablando de la corrupción actual en España y China apenas aparezca como una nota al pie es incomprensible: China maneja muchísimo dinero y ahora escenifica una supuesta reindustrialización abriendo una supuesta fábrica en Ferrol a través de la marca MG. No es una fábrica, es un engaño. Es una simple línea de montaje. Traen los coches desmontados desde China en kits listos para atornillarlos en el puerto exterior de Ferrol. No se crea industria auxiliar, ni siderurgia, ni ingeniería española. El valor añadido es nulo.
«Controlar la producción es controlar la dependencia y, por tanto, a los demás»
P.- Pasemos ahora al cuestionario clásico del programa. Si tuviera que enviar a alguien de forma metafórica al cielo por ser una gran persona en este mundo, ¿a quién elegiría?
R.- Mandaría al cielo a un buen amigo mío. No lo voy a citar públicamente, pero él sabrá perfectamente quién es.
P.- ¿Y a quién enviaría directamente al infierno?
R.- Sin desearle ningún mal personal, sino simplemente por quitarlo de en medio de la escena pública, mandaría al infierno a Pedro Sánchez.

P.- Por último, ¿quién merece ir al purgatorio?
R.- Al purgatorio mandaría a todos los ciudadanos que siguen votando ciegamente a partidos corruptos hasta la náusea; a esos que viven la política como si fuera un partido de fútbol donde hay que ganar a cualquier precio, aunque sea cometiendo faltas o inventándose un penalti. La política es algo mucho más serio y tiene consecuencias graves para todos.
P.- Es un debate que sin duda daría para otra entrevista. Recordamos que La guerra invisible, de Javier Benegas, ya se encuentra disponible en librerías.
R.- Sí, el libro ya está disponible en Amazon, tanto en formato digital como físico, e incluso cuenta con una versión en inglés para el mercado angloparlante.
P.- Javier, ha sido un verdadero placer tenerle con nosotros. Muchas gracias por su tiempo.
R.- Muchísimas gracias a usted, Mateo.
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