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Juan Carlos I abandona Sangenjo (Pontevedra) tras cinco días y la visita de la infanta Elena

El emérito ha puesto el broche a la jornada acercándose al Real Club Náutico de la localidad pontevedresa

Juan Carlos I abandona Sangenjo (Pontevedra) tras cinco días y la visita de la infanta Elena

El rey emérito y la infanta Elena en Sangenjo el año pasado. | EP

Juan Carlos I ha abandonado el municipio pontevedrés de Sangenjo, tras pasar cinco días, salir a navegar y recibir la visita de su hija, la infanta Elena.

Así, el rey Felipe VI ha salido sobre las 18 horas de este domingo de la casa de su amigo Pedro Campos, en Nanín, y ha puesto rumbo al aeropuerto de Peinador, en Vigo. Esta ha sido la primera visita que Juan Carlos I ha realizado a Galicia este año, ya que el viaje de marzo tuvo que ser cancelado debido a la situación en Oriente Próximo.

El emérito ha puesto el broche a la jornada acercándose al Real Club Náutico de la localidad pontevedresa, convertido de nuevo en centro neurálgico de sus planes sociales durante este fin de semana marcado por el Trofeo de 6 Metros y las salidas en la ría en compañía de su tripulación y amigos.

A su llegada al club, se ha mostrado de lo más distendido. Visiblemente sonriente y apoyado en su bastón, ha respondido a los medios que aguardaban en la entrada con una frase que lo dice todo sobre cómo se encuentra en esta escapada gallega: «Divinamente, ya lo veis». Esa breve respuesta, acompañada de una amplia sonrisa, refuerza la imagen de un don Juan Carlos relajado, disfrutando de estos días en Sanxenxo entre regatas, buena gastronomía y largas sobremesas con su círculo más cercano.

Tras varias horas en el interior, el rey emérito y la infanta han abandonado el Náutico entrada la noche, arropados por el equipo del club y por los amigos con los que han compartido mesa. A la salida, don Juan Carlos ha mantenido el gesto relajado, confirmando que la cena ha sido el colofón perfecto a un día marcado por el mar, el deporte y la buena compañía. La estampa refuerza la imagen de Sanxenxo como refugio habitual del monarca en sus visitas a España, donde combina jornadas de vela con estos encuentros más íntimos en torno a la mesa, siempre con la infanta Elena muy pendiente de él.

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