Un informe científico español concluye que el miedo a las antenas puede hacer enfermar
El documento se basa en las dos grandes revisiones sistemáticas mundiales realizadas con pruebas reales

Antena de telecomunicaciones.
El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) ha publicado un reciente estudio, con fecha del pasado 2 de marzo de 2026, que concluye que el uso del móvil o la cercanía a antenas de telecomunicaciones es seguro con las evidencias científicas actuales de las que se dispone, tras analizar estudios realizados sobre casi medio millón de personas. El informe, denominado Síntomas y radiofrecuencia: la evidencia científica más robusta revisada por la OMS, apunta que patologías como las cefaleas, las alteraciones del sueño o el malestar en relación a la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEM-RF) son efecto nocebo (aparición de síntomas negativos en base a expectativas).
«Un análisis sistemático de estudios en humanos y animales concluye que no se muestran asociaciones consistentes entre la exposición prolongada a CEM-RF, ya sea por uso de dispositivos de comunicación (exposición de cabeza) o por fuentes ambientales u ocupacionales (exposición de cuerpo entero), y la aparición de tinnitus [acúfeno], migraña, cefalea, alteraciones del sueño o puntuaciones compuestas de síntomas en población general y trabajadora», refleja el análisis, que también señala que la capacidad de los voluntarios sometidos al estudio para adivinar si la exposición era real o simulada «no superó el azar […] ($AUC \approx 0,5$ y $O/E \approx 1$)». En términos estadísticos, el área de acierto fue como el de lanzar una moneda al aire (50% de probabilidades), mientras la proporción entre los aciertos reales y los esperados fue de 1 (una coincidencia puramente casual). Debido a este fracaso a la hora de sentir las ondas, el informe concluye que los síntomas reportados en el día a día «probablemente reflejen expectativas o atribuciones más que efectos fisiológicos».
El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud es el principal consultor externo de la Administración Pública en materia de tecnología y salud. A pesar de mantener su estatus de organismo independiente, el comité trabaja en estrecha colaboración con el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública —a través de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones—, escenario habitual para la presentación de sus informes oficiales.
Esta relación no está exenta de controversia. El CCARS se encuentra en el centro de parte de un debate público y en redes sociales debido a su estructura de financiación. Sus miembros son científicos independientes, pero el organismo está gestionado y financiado por el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), con intereses en el despliegue de las redes. Esta vinculación ha provocado duras críticas por parte de colectivos ecologistas y vecinales, que cuestionan la neutralidad del comité frente a la industria. En España, estos colectivos señalan con frecuencia los despliegues de red de operadores como Telefónica, Orange y Digi. Por su parte, desde el CCARS defienden firmemente la objetividad de sus conclusiones, asegurando que se ciñen de forma estricta a la evidencia médica y física internacional.
Efectos ante antenas que no funcionaban
El informe subraya que los síntomas físicos atribuidos a la electrosensibilidad no están causados por los campos electromagnéticos, sino por el miedo y la sugestión psicológica de los propios afectados. Para llegar a esta conclusión, se llevaron a cabo una serie de experimentos bajo el método de doble ciego. Varios voluntarios —tanto de la población general como personas que aseguraban sufrir hipersensibilidad electromagnética— fueron expuestos de forma aleatoria a antenas reales y a antenas simuladas (completamente apagadas), sin que ellos supieran en ningún momento cuál era cuál.
Los resultados fueron determinantes. El porcentaje de aciertos de los participantes fue de un exacto 50%, lo que demuestra que nadie fue capaz de percibir si la antena estaba encendida o apagada y que las respuestas respondieron al puro azar. Sin embargo, la investigación constata un fenómeno contradictorio en el día a día: cuando las personas saben o creen firmemente que hay una antena cerca de ellas, el dolor de cabeza, el malestar y otros síntomas físicos reales pueden aparecer. El «análisis sistemático de estudios en humanos y animales concluye que no se muestran asociaciones consistentes entre la exposición prolongada a CEM-RF, ya sea por uso de dispositivos de comunicación (exposición de cabeza) o por fuentes ambientales u ocupacionales (exposición de cuerpo entero), y la aparición de tinnitus, migraña, cefalea, alteraciones del sueño o puntuaciones compuestas de síntomas en población general y trabajadora», destaca el informe.
El documento técnico concluye que estos efectos responden a «asociaciones ligadas a la creencia o percepción» y a las propias expectativas negativas de los sujetos. En la práctica médica, esto se traduce en el llamado efecto nocebo: la angustia, el temor y la firme convicción de que una tecnología es dañina terminan desencadenando una respuesta física real de enfermedad en el organismo, exonerando a las ondas de radiofrecuencia de la culpa. La revisión experimental se centra tanto en lo inmediato y agudo (ensayos a corto plazo en laboratorio o terreno) como en lo observacional, que analiza los efectos repetidos o a largo plazo en la vida real (durante una semana o más tiempo).
El informe se ha basado fundamentalmente en las dos grandes revisiones sistemáticas mundiales sufragadas y coordinadas por la OMS, concretamente el estudio experimental de Bosch-Capblanch y el estudio observacional de Röösli, que se terminaron y publicaron en la revista científica Environment International en el año 2024, además de en otros análisis.
Entre otras, los análisis incluyen pruebas en laboratorio sobre 2.874 voluntarios en entornos controlados mediante ensayos a ciegas para comprobar los efectos inmediatos del encendido y apagado de las antenas (Bosch-Capblanch), además de estudios de la vida real, realizando un seguimiento médico y de uso tecnológico a 486.558 personas en Europa para analizar los efectos de las radiofrecuencias a largo plazo (Röösli).
