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Cultura

'Empatía' y nuestra salud mental

La serie canadiense muestra, desde el interior de un psiquiátrico, la cara oculta de la sociedad actual

‘Empatía’ y nuestra salud mental

Imagen generada con IA.

Uno de cada cuatro españoles tendrá problemas mentales a lo largo de su vida; los trastornos de ansiedad y depresión han aumentado un 60% en la última década; la salud mental es el principal problema sanitario… Esta es la línea que siguen algunos titulares recurrentes sobre un mal que se extiende de forma vertiginosa al que no sabemos cómo hacer frente.

Por eso resulta sorprendente cómo ignoramos una de las mejores series que han abordado la gran pandemia de nuestro tiempo, los males del alma o de la cabeza, como se los solía denominar. Me refiero a Empatía, escrita, dirigida y protagonizada por la canadiense Florence Longpré, que se puede ver desde hace unas semanas en Movistar Plus+. Tal vez esa indiferencia sea consecuencia del persistente estigma social o de la resistencia a enfrentarnos a un espejo que delata nuestros propios desequilibrios mentales.

Que el problema de la salud mental interesa lo demuestran series de éxito como El paciente (Joel Fields, 2022) o la muy alabada Adolescencia (Stephen Graham, 2025), aunque esta trasciende el desafío médico para adentrarse en las causas sociales de la vertiginosa propagación del mal: la educación, la violencia juvenil o las redes sociales. Es más, como buen reflejo de la sociedad en que vivimos, abundan las series en que el terapeuta juega un papel importante, desde Los Soprano (David Chase, 1999) hasta la recién estrenada Los Madison (Taylor Sheridan, 2026), pasando por En terapia (Rodrigo García, 2008).

Empatía va un paso más allá a la hora de abordar la salud mental. Nos introduce en las dependencias de la sección D de un hospital psiquiátrico, en la que permanecen internados los casos más graves, bien por el carácter peligroso de los pacientes o la dificultad para encontrar un diagnóstico de su aflicción. Último reducto de los llamados «manicomios», de cuya desaparición se acaban de cumplir 40 años, cuando se llegó a la conclusión de que la locura se curaba mejor con química y calle.

La serie, en ese aspecto, tiene más que ver con otras ficciones que nos muestran el interior de las viejas instituciones mentales, como las clásicas Corredor sin retorno (Samuel Fuller, 1963) y Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Foreman, 1975). O las más recientes Shutter Island (Martin Scorsese, 2010) o, por citar una española, Los renglones torcidos de Dios (Oriol Paulo, 2022). 

La trama de Empatía combina lo que sucede en el interior del psiquiátrico con lo que sucede en el mundo exterior, lo que viven los pacientes aislados con lo que viven sus cuidadores con salvoconducto para salir. La conclusión a la que llegamos es que no hay tanta diferencia entre unos y otros. Médicos y asistentes en su vida cotidiana —la que llamamos normal— se enfrentan a sus propios problemas mentales, no muy distintos a los de sus pacientes. No podemos dejar de recordar el famoso cuento del hospital, en el que los locos empiezan a vestir batas blancas y se van haciendo con el control del centro, mientras los médicos ocupan las celdas de los locos y, al final, no es posible distinguir si los dementes son los de dentro o los de fuera.

El planteamiento de la serie no puede ser más sugerente. La doctora Suzanne Bien-Aimé se incorpora al Hospital Mont-Royal de Montreal como psiquiatra, después de dos años de baja tras vivir un suceso traumático, suceso del que no sabremos nada hasta bien avanzada la serie. Tampoco sabemos gran cosa de su pasado, salvo que antes había trabajado como criminóloga y que ha sido adoptada por una familia de la alta burguesía después de que, siendo bebé, fuera encontrada en un contenedor de basura.

Esa es una de las grandes virtudes de la serie. Resulta intrigante y adictiva no por trucos de guion para atrapar al espectador, como ocurre en muchos thrillers, sino porque vamos conociendo a los personajes y su pasado según esa información va resultando pertinente para conocer el desarrollo de la trama en el presente. Es decir, según ellos mismos van descubriendo cómo su propio pasado ha influido en sus problemas actuales.

La historia profundiza en todo tipo de problemas de salud mental a través de las historias de los personajes. Nos encontramos patologías de todo tipo: adicciones, traumas, depresiones, esquizofrenia, bipolaridad, piromanía… La psiquiatra protagonista va indagando en las vidas de los pacientes, intentando hacerles hablar y buscando soluciones imaginativas para paliar sus males. En paralelo, esas historias le van abriendo los ojos sobre su propia vida y las causas que la han llevado al estado actual, como si fuera una paciente más.

La serie reflexiona también sobre la forma de trabajar de los profesionales (la colaboración y los desencuentros entre ellos, la frustración ante los frecuentes fracasos…) y cuestiona sus métodos: ¿es ético alimentar o medicar a los pacientes a la fuerza?, ¿hasta qué punto es conveniente mantenerlos sedados?, ¿cómo distinguir a los verdaderamente enfermos de quienes lo fingen?, ¿cuándo es necesario el aislamiento?, ¿ayuda fomentar la socialización entre enfermos?, ¿cómo hacerles hablar cuando están encerrados en su mundo?… En suma, la importancia de saber escucharles, no tanto de ponerse en su lugar como ser como ellos, de empatizar.

Hay muchas series sobre la vida en los hospitales —desde Urgencias (Michael Crichton, 1994-2010) a The Pitt (R. Scott Gemmill, 2025), pasando por la española Hospital Central (Santos Mercero y Jorge Díaz, 2000-2012)—, pero Empatía no se parece a ninguna de ellas. El espectador se sorprende porque, como bien ha apuntado algún crítico, tiene la sensación de estar viendo algo que no había visto antes, percepción muy difícil de sentir con la mayoría de las propuestas de las plataformas, donde las tramas tienden a estandarizarse, como si estuvieran hechas por una inteligencia artificial. La serie canadiense ha conseguido abordar de forma comedida, sin caer en el tremendismo ni pecar de naíf, problemas graves, escabrosos, de los que tendemos a apartar la mirada, ya que con frecuencia son problemas que padecemos nosotros mismos o quienes nos rodean y no sabemos cómo solucionar. Además de ser un producto de una calidad infrecuente en la desbordante producción de series, Empatía contribuye de forma admirable a desestigmatizar las enfermedades mentales.

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