CSG, la Grifols de defensa que se hunde en bolsa con sospechas de corrupción en España
La compañía checa protagonizó la mayor salida al mercado de una empresa de defensa en el mundo.

Sede de CSG.
El incremento de los presupuestos de defensa en todo el mundo no solo ha tenido consecuencias en España con la guerra en Indra entre Moncloa y Escribano. También ha provocado un auténtico culebrón con la empresa checa CSG Defense Systems (Czechoslovak Group), que protagonizó la mayor salida a bolsa de la historia del sector en Europa y que esta semana se ha hundido sin remisión. La historia lo tiene todo: información falseada, contratos fantasma y hasta acusaciones de corrupción en nuestro país.
El pasado 23 de enero, la campana de la Bolsa de Ámsterdam (Euronext) marcó la entrada de CSG, con un valor de mercado de 25.000 millones de euros, con una OPV (oferta pública de venta) de 3.800 millones que la convirtió en la mayor operación de este tipo en el sector de defensa europeo. El propietario de CSG se llama Michal Strnad, quien con solo 33 años se embolsó 2.550 millones con la venta. Y logró atraer a la operación a inversores ancla (que aseguran su éxito) de campanillas: BlackRock y el fondo soberano de Catar.
¿Cómo consiguió tamaño éxito? Pues porque se presentó como la nueva Rheinmetall, el gigante de defensa alemán, el gran beneficiario del rearme europeo. El gran argumento para su valoración fue que había conseguido un contrato marco con el Gobierno de Eslovaquia en el que iban a participar ocho países, valorado en 58.000 millones nada menos. Un maná que aseguraba los beneficios de CSG durante años y los correspondientes dividendos para sus accionistas.
O eso parecía. Porque poco después de la OPV, en febrero, se descubrió que ninguno de los ocho países que se suponía que tenían interés había suscrito formalmente dicho megacontrato. Y los contratos con el Ministerio de Defensa de Eslovaquia son acuerdos marco que puede que la empresa nunca llegue a ejecutar, e incluso puede no tener capacidad suficiente para hacerlo (algo sobre lo que también existen dudas en el caso de Indra y EM&E, la empresa de Escribano).
Es decir, que el avispado dueño de CSG había dado como pájaro en mano los cientos que estaban volando y así lo había vendido al mercado para inflar artificialmente el valor de la empresa en la salida a bolsa. Pero las señales de alarma no habían hecho más que empezar. La segunda fue la que afecta a España. CSG tiene una fábrica en nuestro país a través de su filial Fábrica de Municiones de Granada, que resulta que había sido suspendida por la Agencia de Apoyo y Adquisiciones de la OTAN (NSPA) el 31 de julio de 2025.
Una carta interna de un alto directivo de esta agencia de la OTAN señalaba «graves alegaciones que indican que es probable que los proveedores hayan incurrido en prácticas sancionables, incluidas irregularidades en la adjudicación de contratos». Nada sorprendente con las noticias de corrupción que vemos cada día en España, pero que CSG no incluyó en el folleto de salida a bolsa. Es decir, ocultó una información muy relevante a los inversores.
Fábrica de Municiones de Granada produce proyectiles de gran calibre para artillería y tanques, munición con altísima demanda desde la invasión rusa de Ucrania. En 2024, la filial publicó una facturación de 163 millones y un beneficio de 22 millones.
El culebrón entra de lleno en el fango con la revelación de que un accionista minoritario de CSG, Petr Kratochvíl, ejerció una opción de venta (put) de su participación días antes de la OPV y exige ahora 1.400 millones a la empresa por esa operación. CSG cuestiona esa cifra y le ofrece una décima parte, 140 millones, con lo cual el asunto acabará en los tribunales. De nuevo, este litigio —que le puede costar esos 1.400 millones más costas e intereses— se ocultó al mercado en la salida a bolsa.
La caja de los truenos se ha abierto definitivamente este mes con un ataque del fondo bajista (gana cuando las acciones caen), Hunterbrook, en una repetición de la jugada de lo ocurrido con Gotham City y la farmacéutica española Grifols. Hunterbrook ha publicado un informe en el que asegura que el grueso de los ingresos de CSG no provienen de la producción propia, sino de la reventa de munición fabricada por terceros, en contra —de nuevo— de lo que la compañía aseguraba en su folleto de OPV.
En dicho informe, el fondo bajista también asegura que CSG ha inflado las previsiones de producción para este año, que la deuda está disparada y la generación de caja es muy débil (uno de los principales argumentos de Gotham contra Grifols), que ha transferido filiales a un holding de Strnad, que se apunta sus beneficios (otra similitud con Grifols y el holding familiar Scranton), e incluso pagos a políticos que, curiosamente, decidieron la adjudicación del megacontrato eslovaco.
Estas acusaciones han provocado un desplome de la cotización de CSG, que llegó a valer 35,50 euros por acción tras su debut y ahora cotiza por debajo de 16 (llegando a un mínimo de 13). Su capitalización se encuentra en 17.000 millones, apenas la mitad de la que alcanzó en su OPV. Por supuesto, la compañía niega todas estas acusaciones. Pero restablecer la confianza del mercado, una vez perdida, cuesta mucho tiempo, si es que se consigue alguna vez, como también demuestra el caso de Grifols.
