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Economía

La factura de los fondos UE genera división: Alemania pide recortes y España más gasto

La devolución de la deuda común supone un lastre de unos 16.000 millones en cada nuevo presupuesto

La factura de los fondos UE genera división: Alemania pide recortes y España más gasto

Pedro Sánchez con otros líderes europeos en Bruselas el pasado mes de junio. | EP

La devolución de la deuda que emitió la Unión Europea para financiar los fondos Next Generation ha generado un boquete en las cuentas comunitarias que ha dividido a los países miembros acerca de la estrategia para cuadrar los números: mientras que algunos, como Alemania, son partidarios de una drástica reducción del resto de partidas, otros —entre ellos España— defienden disparar el gasto para no renunciar a fondos cruciales en materia social o de agricultura. La propuesta de la Comisión, que pretendía ser salomónica ante estas distintas sensibilidades, ha generado un amplio rechazo por parte de los Gobiernos nacionales y de los europarlamentarios, que deberán validar estos planes. El borrador de presupuesto para 2028-2034 asciende a los dos billones de euros, frente a los 1,3 billones del periodo 2021-2027.

El Ejecutivo que preside Ursula von der Leyen planteó este incremento del gasto de un 54% a través de nuevas fuentes de ingresos, en particular la transferencia de una parte de la recaudación tributaria de ciertos impuestos, una competencia que pertenece exclusivamente a los Estados. En paralelo, abría la puerta a recortes sociales para poder devolver los Next Generation a los acreedores, así como acometer el incremento de las partidas destinadas a defensa. Recientemente, la presidenta de la Comisión anunció un paquete de 3.900 millones de euros para «apoyar» el «ingenio» de Ucrania a través de drones avanzados.

La responsabilidad de aplicar estos recortes se traslada a los Gobiernos nacionales. En vez de reservar las cuantías habituales para la política agraria común (PAC), la pesca o los fondos sociales y de cohesión, estos conceptos han sido reducidos o han desaparecido, bajo el pretexto de que los países recibirán una mayor libertad para gestionar los fondos europeos, como ha ocurrido con los Next Generation, y de este modo podrán priorizar aquellos ámbitos que consideren más relevantes. La mayoría de la Eurocámara se opone a este enfoque: algunos piensan que los NextGen no son un modelo de éxito y no se debería conceder este grado de flexibilidad nacional con escasa fiscalización, mientras que otros piensan que sí fueron exitosos, pero no comparten extender un programa excepcional para la recuperación pospandemia al día a día del bloque comunitario.

Mientras Alemania, el país que más contribuye a las finanzas de la UE, ha planteado un hachazo de 400.000 millones de euros sobre la propuesta de la Comisión —que aun así implicaría un aumento del 27% respecto al anterior presupuesto—, tanto el Gobierno de España como los dos principales partidos han rechazado los recortes a los que aboca el plan de la Comisión en materias que consideran prioritarias. Según Sandra Gómez, eurodiputada del PSOE, en la Cámara están «todos de acuerdo» en que «hay que gastar más», pero «no en de dónde [se saca] la financiación» para sufragar el fondo de competitividad o la defensa.

Según explicó en un encuentro con periodistas españoles en el marco de un viaje organizado por la Comisión con la participación de THE OBJECTIVE, el proyecto sobre la mesa implicaría «recortar en la PAC, en pesca y renunciar al fondo social», lo que implica «renunciar a ser la región con más prosperidad y bienestar». España, Francia e Italia, entre otros países, defienden posturas similares a este respecto. Incluso los países austeros «han entendido que no se puede pedir más dinero para el fondo de competitividad, pero no gastar un euro más», señaló la miembro de la comisión de Presupuestos y ponente de la legislación sobre Nuevos Recursos Propios del MFF 2028-2034. La Comisión ha propuesto obtener recursos adicionales del impuesto al tabaco, al no reciclaje de aparatos electrónicos o de la tasa a las nuevas corporaciones, mientras que los Socialistas y Demócratas (S&D) han planteado alternativas como un gravamen digital, al juego y a las cripto.

«El marco financiero que propuso la Comisión Europea no nos gustó a la mayoría de la Cámara», constató Isabel Benjumea, también eurodiputada perteneciente a la Comisión de Presupuestos. La parlamentaria del PP alertó de que, a través de los planes nacionales, que imitan el modelo de los NextGen, «a cada Estado se le da una libertad, una autonomía y un margen de juego muy grande», que, además, trae consigo un «recorte de políticas prioritarias bajo la excusa de que simplificaban. Hay nuevas prioridades y hay que pagar la deuda de los Next Generation y los intereses». En el documento, «la pesca ni aparecía», advirtió, mientras que agricultura, Erasmus y el Fondo Social Europeo quedaban mutilados.

Por ello, y ante el debate sobre si emitir más deuda común en el futuro, Benjumea llamó a tener en cuenta «las dificultades que está suponiendo sobre el presupuesto el lastre del repago» de los fondos Next Generation, que carga una factura de entre 15.000 y 17.000 millones por presupuesto. Para aliviar el peso de las obligaciones financieras, se está negociando la posibilidad de refinanciar este enorme pasivo para «ganar tiempo». Sobre la transferencia de ingresos tributarios a la Comisión, el Partido Popular Europeo entiende que «la única manera de hacerlo posible es crear una Hacienda europea». La europarlamentaria subrayó que las actuales negociaciones sobre las finanzas públicas pueden generar «frustración», ya que está más cercano el acuerdo sobre a qué destinar el dinero que de dónde obtenerlo, de modo que no está claro con cuántos recursos se podrá contar finalmente.

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