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Banca

España se coloca a la cabeza del modelo de crédito 'compra ahora y paga después'

Se estima que hasta un 35% de los comercios ‘online’ permiten este tipo de financiación, que entraña riesgos

España se coloca a la cabeza del modelo de crédito ‘compra ahora y paga después’

Una persona haciendo una compra por internet. | EP

España está consolidando la modalidad de crédito compra ahora y paga después (BNPL, por sus siglas en inglés), una opción que empezó a desplegarse hace años por diferentes plataformas financieras y que los bancos facilitaron después, y que sirve principalmente para financiar a los usuarios sus adquisiciones por internet.

Se estima que entre un 20% y un 30% de los comercios online en nuestro país ya tienen alguna solución visible o activable, según los datos aportados por un análisis reciente elaborado por Funcas al que ha accedido THE OBJECTIVE. Los porcentajes, según los cálculos, se elevarían a una horquilla de entre el 40% y el 60% en el caso de los establecimientos más grandes.

Estas cifras colocan a España en las posiciones de cabeza de la implantación de este sistema de fraccionamiento de pagos en las compras a nivel mundial, pero aún lejos del país más puntero. Según los datos disponibles del Banco de Pagos Internacionales de Basilea (BIS, por sus siglas en inglés), destaca en este campo República Checa, donde esta modalidad está en funcionamiento en aproximadamente la mitad de los comercios online.

Gran disparidad mundial

En otros mercados, como Dinamarca, Brasil e Indonesia, la adopción también es muy superior a la del resto; más del 30% de los establecimientos ofrecen dicha funcionalidad. Por tanto, si la estimación de Funcas que señala que no hay datos oficiales del BIS en esta materia sobre España es fidedigna, nuestro país estaría en el grupo de vanguardia del paga ahora o compra después.

La presencia del BNPL es muy heterogénea a nivel internacional. Con porcentajes bajos se encuentra India, con algo más del 10% de los comercios, junto a Italia, Canadá y Estados Unidos, que tiene «porcentajes todavía relativamente contenidos». «Entre ambos polos aparece un grupo intermedio —como Suiza, Corea del Sur y Alemania— en el que el recurso a esta forma de pago alcanza cotas cercanas a una cuarta parte de los comercios», señala el estudio.

Inflación, como motor

Estos datos, a juicio de Funcas, sugieren que el desarrollo del BNPL responde a trayectorias nacionales diferenciadas, condicionadas por la estructura de los mercados de pagos, el grado de digitalización del consumo y el posicionamiento competitivo de los proveedores que operan en cada jurisdicción.

Pero subraya que en los últimos años, el modelo ha pasado de ser una solución de pago asociada al comercio electrónico a convertirse en uno de los segmentos más dinámicos del crédito al consumo digital. Su expansión ha estado impulsada por la generalización de las compras online, la simplicidad de su contratación y un contexto de presión sobre la renta disponible de los hogares, especialmente en entornos de mayor inflación.

Riesgo de endeudamiento excesivo

En el análisis indica que, según el BIS, «el uso del BNPL ha crecido con especial intensidad en países con mayor penetración del comercio electrónico, inflación más elevada, sistemas bancarios menos eficientes y marcos regulatorios menos exigentes; además, su utilización se concentra en mayor medida entre adultos jóvenes, un colectivo que suele presentar mayores niveles de endeudamiento y peores historiales crediticios».

Aunque este instrumento ofrece ventajas, como facilitar el fraccionamiento del gasto, también suscita crecientes preocupaciones por sus posibles efectos sobre el sobreendeudamiento, la compra impulsiva y la escasa comprensión de sus costes reales por parte de algunos consumidores. En España hay que tener en cuenta que el crédito al consumo en general está experimentando un fuerte crecimiento, con cifras que no se veían desde hace casi dos decenios, y que el Gobierno ha llegado a topar los denominados préstamos rápidos.

Preocupación regulatoria

También la OCDE ha lanzado sus advertencias sobre este fenómeno, al alertar sobre la rápida digitalización del crédito y la expansión del BNPL, que tras la pandemia han incrementado la necesidad de reforzar la educación financiera y la protección para los consumidores.

Funcas señala que este impulso del «compra ahora y paga después» ha llevado también a los reguladores a prestar una atención creciente a esta modalidad de financiación, al entender que su expansión puede generar riesgos tanto para los ciudadanos como para el funcionamiento ordenado del mercado del crédito.

Las autoridades europeas, por ello, han desarrollado un marco normativo más exigente para esta modalidad. La pieza central es la Directiva (UE) 2023/2225 sobre contratos de crédito al consumo, que responde a la digitalización del mercado y refuerza la protección del consumidor mediante mayores obligaciones de información y más transparencia sobre el coste total del crédito. El Ministerio de Economía ya ha iniciado la consulta pública previa para la transposición de dicha regulación.

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