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Energía

Sálvese quien pueda en las renovables: refinanciaciones al 14% y ventas a derribo

Los bancos temen un impago masivo de los créditos pero no quieren quedarse con los parques solares y eólicos

Sálvese quien pueda en las renovables: refinanciaciones al 14% y ventas a derribo

Planta de energía renovable. | Servimedia

Las empresas de energía renovable están en caída libre, lo que ha provocado una huida acelerada del sector: las compañías no pueden devolver los créditos (muchas de ellas tienen que afrontar el pago de un plazo en junio), los bancos refinancian con intereses inasumibles y esto se traduce en ventas de activos a precios de derribo porque nadie quiere pillarse los dedos en un negocio ruinoso.

«Los bancos están planteando refinanciaciones con tipos de interés de hasta el 14% a cambio de alargar los vencimientos de la deuda, algo que solo consigue aplazar el problema: o cambian mucho las cosas en los próximos años o solo se está retrasando la quiebra con una deuda mucho mayor. Es decir, es una patada a seguir, lo mismo que pasó con la burbuja inmobiliaria», explica un experto en el sector energético.

Ahora bien, los bancos tampoco quieren quedarse con los parques, por lo que no tendrán más remedio que asumir importantes quitas de la deuda. La entidad que tiene mayor exposición a este sector es el Santander, según las fuentes consultadas, porque financió masivamente estas instalaciones sobre la ola de la transición energética. Ahora, ha cerrado el grifo totalmente, pero tiene el problema de qué hacer con los créditos vivos que no podrán devolverse.

Ante esta situación, muchas empresas buscan comprador para sus parques -sobre todo solares pero también eólicos- para evitar el concurso de acreedores. Y los potenciales compradores, sabedores de la situación y de las enormes dificultades para revertirlas, solo están dispuestos a pagar precios muy inferiores al valor que tienen estos activos en los libros de sus propietarios; es decir, venderlos les supondría también una fuerte pérdida que probablemente también les llevaría a concurso. Según un informe de Álvarez & Marsal, los precios de estas transacciones han caído un 30% desde máximos. Eso por no hablar de muchos proyectos que no están operativos o no siquiera construidos, cuyo único valor es el slot de acceso a la red (si es que lo tienen).

Las grandes energéticas no se encuentran en una situación tan desesperada, obviamente, pero también se están desprendiendo de sus activos renovables a toda prisa. Repsol vendió hace una semana el 49% de su mayor cartera de renovables a Abu Dabi: 850 millones de euros por 706 MW instalados.

Acciona también está soltando lastre a toda prisa: ganó 1.500 millones por la venta de activos renovables en 2025 (el grueso, fuera de España) pero también está intentando colocar sus activos nacionales por valor de 720 millones. Este caso es especialmente llamativo puesto que el grupo de los Entrecanales -investigado por su implicación en el caso Koldo– tiene en bolsa su filial de renovables como empresa independiente. De hecho, está buscando una solución como la venta a un tercero o, si no encuentra comprador, lanzar una OPA para reabsorber la filial, según Expansión.

¿Qué hay detrás de la crisis?

¿A qué se debe esta grave crisis de las renovables? Pues a que la política de transición ecológica del Gobierno de Pedro Sánchez ha provocado la instalación de muchos más MW de estas energías, en especial de fotovoltaica, de los que se demandan. Ante lo cual, en las horas de sol (también en las que hay más viento), estas plantas entran en tromba y llevan el precio mayorista de la luz a cero o incluso a negativo. Y con unos vertidos (energía que se desperdicia) que en algunos casos alcanzan el 50% de la producción, debido a ese desequilibrio con la demanda y a las limitaciones de la red que Red Eléctrica es incapaz de ampliar. Precisamente, los inversores prefieren ahora invertir en redes y en proyectos renovables solo si cuentan con hibridación, es decir, con almacenamiento.

Es verdad que hay toda una panoplia de situaciones en estas instalaciones. Por ejemplo, las más antiguas tienen rentabilidad garantizada (del 7,1%), el llamado Recore que estableció Alberto Nadal en 2013 con efecto retroactivo, pero tienen que inyectar a la red su energía durante un mínimo de horas al año para cobrar. Por ello, no les importa tumbar el precio en la subasta con tal de colocar su energía, ya que lo cobran por otro lado. Y luego están las subastas de Teresa Ribera, el REER, que pujaron por un precio del MW. Recientemente, el Gobierno ha establecido que no necesitan colocar un número de horas, precisamente para no hundir los precios, pero sin éxito. Por último, están las que van a puro mercado, lo que se llama merchant en el sector: cobran la energía que colocan al precio que logran venderla.

Estas son las más perjudicadas por los precios tan bajos, las que están al borde de la quiebra y las que se refinancian a tipos estratosféricos. Por supuesto, no se financian nuevas instalaciones de este tipo. También es cierto que muchas instalaciones tienen lo que se conoce como PPA, acuerdos de venta de la energía a largo plazo con clientes industriales. No obstante, estos PPA también sufren la crisis, y sus precios han bajado a niveles de la pandemia, según El Periódico de la Energía.

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