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K-Pop: un estilo de vida para sus fans y un arma diplomática para Corea del Sur

Las coreografías, la cantidad de gente que mueve y una cultura por descubrir. El K-Pop ha llegado a España para quedarse y sus fans nos cuentan por qué

K-Pop: un estilo de vida para sus fans y un arma diplomática para Corea del Sur

Coreografías imposibles perfectamente coordinadas. Videoclips con una estética ecléctica, fluor y neon, que recuerda al cosplay. Planos desde mil perspectivas distintas. K-Pop: para los artistas, una carrera que moldea su día a día y su personalidad; para sus fans, un estilo de vida, una carta de presentación. 

Es trending topic en Twitter todas las semanas, mueve masas de gente por el mundo. Los fans de BTS, uno de los grupos más famosos, destronaron a los believers en 2017 de su característico primer puesto en la categoría “Top Social Artist Award” de los Premios Billboard. Los fans de Justin Bieber lo habían ganado durante seis años seguidos. Además, BTS tiene 17 millones y medio de seguidores en Twitter, y en 2017 publicó el tweet con más likes del mundo, por delante de Barack Obama. 

 

En España, el fenómeno que llegó en 2012 con el Gagnam Style se está acogiendo muy bien. El pasado junio se celebró el primer concurso de K-Pop y en los premios MTV EMA’s 2019, que se celebraron en Sevilla a principios de este mes, actuó el grupo surcoreano NTC y BTS ganó los premios a mejor directo y mejores fans.

¿Qué piensa la comunidad K-Pop?

Imara González, coreógrafa de K-Pop en la academia de baile Wosap en Madrid, cuenta a The Objective que lo que más llama la atención, lo que engancha de primeras, son las coreografías. “Es algo que nunca se ha visto”, nos explica Imara. “Impacta bastante porque no te lo esperas de un cantante”. 

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Adentrarse en el mundo del K-Pop, según nos cuentan sus fans, llama a querer saber más sobre la cultura surcoreana. Imara ha empezado a ver K-Dramas (telenovelas coreanas) y a buscar restaurantes en Madrid donde probar la comida. Raquel Salvador, madrileña y fan, nos cuenta que es una pena que lo primero en lo que piense la gente cuando dices Corea del Sur sea en la amenaza de Corea del Norte. “Para Corea del Sur, el K-Pop es una imagen hacia el resto del mundo. Es un país que se está abriendo más y más cada vez”. Además, los idols, así es como fans llaman a artistas, tienen reality shows en los que muestran su día a día, un poco como los influencers. “Te descubren la cultura por completo”. 

Además, ser fan del K-Pop abre las puertas a una comunidad. Raquel se ha apuntado a clases de coreano los fines de semana, y allí ha conocido a otros fans que quieren aprender el idioma por el mismo motivo: conectar con la realidad de los idols. Ada González vive en Tenerife, donde también ha conocido a la comunidad de fans canaria. O, más bien, la comunidad la ha conocido a ella. “Cuando yo conocí el K-Pop a casi nadie le gustaba, éramos un grupo reducido que compartíamos ese fanatismo por unos coreanos que bailaban y cantaban genial”, nos cuenta. 

Ahora en Tenerife ya hay tiendas que venden productos de K-Pop, según nos explica Ada. En Madrid, en la Calle Leganitos, está la librería Liang Yu, donde se pueden encontrar posters, calendarios, revistas y postales de, por lo menos, 20 grupos diferentes.

Corea del Sur se expande a ritmo de K-Pop
Sección de K-Pop en Liang Yu, un paraíso para los fans de los idols | Foto: Carolina Freire | The Objective

En Madrid se hacen quedadas de fans todas las semanas. Además, una vez al mes hay una fiesta que se llama Asian Party en Nuevos Ministerios, en Avenida de Brasil. Cuando abrió, era la única fiesta de K-Pop en Madrid, y ahora otros clubs como Independance hacen también sesiones de vez en cuando. “Es mucho más entretenido que una discoteca normal porque todas las canciones tienen coreografía, y la gente se sube a la tarima y la bailan porque se la saben”, nos explica Raquel Salvador. 

El fluir de Corea

El fenómeno K-pop es otra ‘K’ más dentro de la reciente ola de expansión de la cultura coreana por el mundo. Hay incluso un nombre para referirse a este fenómeno: Hallyu, del coreano ‘el fluir de Corea’.

Esta expansión no ha sido un accidente, sino producto de varios planes a cinco años vista impulsados por el Gobierno y por empresas privadas. Un ejemplo de esto es Internet. Como arma principal del Hallyu, el gobierno surcoreano subvenciona la conexión de los ciudadanos, según cuenta el Jakarta Post en un artículo. Las empresas en el mundo del entretenimiento y las discográficas escogen a niños e invierten en ellos como futuros idols: los moldean, los entrenan, los juntan en grupos que saben que funcionarán y los dan a conocer al mundo. 

El Hallyu es una prioridad para el gobierno surcoreano, hasta el punto de que hay un departamento dedicado exclusivamente al K-Pop, según ha explicado Kim Gwang-Soo, director de turismo del distrito de Gangnam, a la cadena británica BBC. En palabras del Gwang-Soo, el K-Pop crea muchos empleos, fomenta el turismo y da visibilidad al país.

El resultado: en 2018, la cultura coreana contaba con casi 90 millones de fans alrededor del mundo, según un estudio publicado por Korea Foundation. 

El analista político Joseph Nye diferenció, a principios de los noventa, entre dos vías que los países pueden seguir para influir en el mundo: a través del poder “duro” o del “blando». El primero se ejerce, básicamente, a través de invasiones militares. El segundo, sin embargo, es intangible. Es la imagen del país de cara al resto: su gastronomía, sus paisajes, su cultura, sus productos típicos. 

El Marlboro Man, Levi’s o Coca Cola para Estados Unidos en el siglo 20. La eterna dolce vita italiana. La educación finlandesa. Los países, al fin y al cabo, también son marcas. El Hallyu es la expresión de que a Corea del Sur le ha llegado el turno de ejercer su poder blando en el mundo. Los K-Dramas (telenovelas), la K-Beauty, la gastronomía y, por supuesto, el K-Pop son, entre otras, sus armas.

 

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