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Noticias falsas: desinformación y sesgos cognitivos en la era de las redes sociales

Foto: JUAN MEDINA | Reuters

Siempre han existido las noticias falsas. Fake News fue seleccionada en 2017 como la palabra del año según el diccionario Collins y posverdad por la Real Academia Española a finales de 2016. Sin embargo, siempre hemos sabido de estos conceptos desde otras palabras como ‘rumor’ o ‘mentira’. Pensar que la posverdad y las noticias falsas son algo nuevo es completamente errado. En el siglo XX, el falso incidente del Golfo de Tonkin y la famosa transmisión radial de Orson Welles en la que anunciaba una invasión marciana eran noticias falsas, ejemplos claros de que los hechos se puede manipular pasándolos por el cariz de lo real. Cuántas más habrá antes o después.

 

Nuestros sesgos cognitivos vs. la malicia política

Creemos en las fake news, tanto como en Tinder para conseguir pareja. Nos mentimos y en muchos casos no aceptamos la realidad sesgos cognitivos. Allí radica el problema, en las primeras impresiones y en nuestras propias creencias. Según diversos estudios, el hecho contrastado, ese fact checking al que se remite el periodismo americano, convence menos que los mensajes emocionales. En ocasiones ignoramos ciertas informaciones porque no estamos de acuerdo con ellas o simplemente porque la verdad no siempre importa.

Para ejemplo un botón: Sean Spicer, el primer secretario de prensa de la Casa Blanca con Donald Trump al poder, dijo a los periodistas, en una de sus primeras alocuciones, que la multitud en la ceremonia de la toma de posesión de Trump fue “la más grande de la historia”. Esta declaración quedó bajo escrutinio en todo el mundo, cuando las fotografías del evento de Trump y las de Barack Obama en 2009 se colocaron una al lado de otra.

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El secretario de prensa Sean Spicer hace una declaración mientras la pantalla de televisión muestra una imagen de la toma de posesión del presidente Donald Trump | Imagen: REUTERS / Carlos Barria

 

Nuestra predisposición aunada a la creciente distribución de noticias por medios sociales han generado un tsunami informativo. Casi al finalizar la campaña presidencial de Trump vs. Hilary Clinton, publicaciones creadas para monetizar atraían a millones de usuarios en Facebook, Twitter y YouTube y estimulaban a compartir mentiras provocadoras. Entre las publicaciones se podían encontrar titulares falsos que afirmaban que la candidata demócrata Hillary Clinton vendió armas al Estado islámico, que el Papa Francisco había apoyado al candidato republicano Donald Trump, y al mismo tiempo, a Hilary Clinton.

El problema de las noticias falsas en el caso Clinton – Trump tiene que ver en gran medida con cómo están diseñadas las plataformas sociales como Facebook o buscadores como Google, donde no existió un filtro para censurar a estos post falsos fue mínimo o no fue abordado a tiempo para prevenir una manipulación en el resultado de la elección.

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Puppets posando imitando el debate entre Hilary Clinton y Donald Trump en septiembre de 2016. | Imagen: REUTERS / Carlo Allegri

 

Si bien el problema con las plataformas sociales está claro, las soluciones no lo están tanto. Incluso si los algoritmos de la inteligencia artificial de hoy en día fueran lo suficientemente buenos como para filtrar mentiras flagrantes con un 100% de precisión, las falsedades seguirían estando en el ojo del espectador.

¿Cómo lograr que las plataformas marquen una línea de la libertad de expresión constitucionalmente protegida en la mayoría de los países democráticos y decidan, al mismo tiempo, qué es y qué no es aceptable? Como afirma Ethan Zuckerman, periodista y director del Centro de medios cívicos del MIT, no pueden ni les conviene a las redes sociales.

“Facebook recopila información sobre cada interacción de una persona con su plataforma además de tantas otras acciones en línea, por lo que Facebook sabe mucho sobre a qué aspectos determinados presta atención. El público dice estar interesado ​​en una amplia gama de noticias de diferentes preferencias políticas, pero Facebook sabe que lo que realmente quiere son artículos que muestren su enojo e indignación y confirmen los prejuicios políticos”, señala Zuckerman en The Atlantic.

 

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Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, durante la conferencia anual con los desarrolladores de la plataforma | Imagen: REUTERS / Stephen Lam

¿Cómo las noticias falsas pueden transgredir democracias?

Ciertamente la campaña presidencial americana fue el pistoletazo de salida para hablar de noticias falsas, no solo a los norteamericanos les afectaba, también se visibilizaba el problema en el resto del mundo.

En al menos 17 países, las noticias falsas jugaron un papel importante en determinar los resultados de las últimas elecciones, según el informe del organismo de control de la democracia, Freedom House.

En una Kenia profundamente dividida, los informes falsos etiquetados con los logos de CNN y BBC se extendieron por Facebook y WhatsApp antes de la reelección del presidente Uhuru Kenyatta. En Venezuela, las noticias falsas y los rumores están a la orden del día y el poder de Nicolás Maduro ayudó al gobierno al difundir imágenes falsas y mentiras sobre las manifestaciones celebradas en 2017.  Y si regresamos a este lado del charco, Facebook suspendió 30,000 cuentas falsas solo 10 días antes de las elecciones presidenciales francesas.

 

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Gráfico vía FreeHouse

 

Y esto sucede solo en los países que celebraron elecciones. Según Freedom House, las noticias falsas se difundieron en 30 de los 65 países examinados en su informe que examinaba el estatus de las democracias entre junio de 2016 y mayo de 2017.

España no es la excepción

En España, en las últimos treinta años, el fotógrafo Joan Fontcuberta ha jugado con el tema de las noticias falsas y los fake en sus proyectos artísticos, sin embargo, “nadie se había fijado” en el poder político del engaño hasta la elección de Donald Trump.

En España las noticias para desacreditar a los partidos políticos están a la orden del día. La página Cerebrother.es inventó la noticia de Rivera y la mili nini con presunto humor, sin embargo, este artículo fue el que generó más impacto sobre ‘la marca’ Albert Rivera en Facebook durante el 2016 impulsando 269.000 interacciones, según datos recopilados por los periodistas Kiko Llaneras y Jordi Pérez.

Lo mismo ha sucedido en los últimos meses desde el referéndum catalán. Miles de noticias e imágenes falsas se colaron a favor o en contra del procés el primero de octubre de 2017, lo que creó un clima que solo favorecía la división política. En las redes sociales de Maldito Bulo, se podía constatar cómo fotografías compartidas en redes sociales con miles de impactos eran simplemente eso, una mentira.

 

¿Qué podemos hacer en el océano de las noticias falsas?

Si nuestros sesgos cognitivos nos juegan la contraria y las redes sociales nos invaden con desinformación, ¿qué podemos hacer?

Nadie tiene la solución. No se trata de ser condescendientes, pero todos jugamos un papel crucial en el ecosistema informativo, quizás necesitamos un poco de escepticismo emocional, como explica Craig Silverman, editor de BuzzFeed. No es cuestión de hacer un proceso de alfabetización sino de defendernos instintivamente frente a esas informaciones. Así como el cerebro tarda en entender que nos hemos saciados con la comida, con la información pasa igual. Cada vez que aceptamos pasivamente información sin verificarla dos veces o compartimos una publicación, imagen o video antes de que los hayamos verificado, enrarecemos el mapa informativo y generamos caos. Nuestro deber ético es no aumentar el ruido y la confusión informativa.

El ecosistema ahora está tan contaminado que debemos responsabilizarnos por verificar de forma independiente lo que vemos en línea. Entonces si te sientes increíblemente enojado con un contenido o te sientes presumido porque tu punto de vista ha sido reafirmado, echa otro vistazo y busca la noticia en otro medio que la reafirma o pone en duda.

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Una lectorad e La Vanguardia en una cafetería en Barcelona | Imagen: REUTERS / Jon Nazca

Algunas herramientas para combatir el caos informativo

 El pensamiento crítico es una habilidad clave en la alfabetización mediática e informativa, así que antes de compartir, retuitear o citar, piensa y sé un poco escéptico.

Más allá del escepticismo hay varias plataformas que te pueden ayudar a verificar una información. Maldito Bulo desde España ofrece una extensión para buscadores que te informa si se está navegando por una web de noticias falsas. De igual forma, Gobo puede salvarte del filtro burbuja de las redes sociales al permitirte controlar las censuras que las mismas plataformas hacen en tu muro. Con Gobo también puedes configurar los filtros para incluir noticias y puntos de vista diferentes a los de tu órbita habitual.

Por su parte FactCheck.org nos invita a realizar varios pasos para ayudar al equilibrio del ecosistema informativo:

  • Estudia la fuente, investiga: el sitio web, el objetivo y la información de contacto.
  • Lee más allá: un titular impactante puede querer captar tu atención. ¿cuál es la historia completa?
  • ¿Es una broma? Si es muy extravagante puede ser una sátira. Analiza el sitio web y el autor.
  • ¿Quién es el autor? realiza una búsqueda rápida sobre el autor y verifica su fiabilidad.
  • Comprueba la fecha de publicación: publicar viejas noticias no significa que sean relevantes para hechos actuales.
  • Ten en cuenta tu propio sesgo: recuerda que tus creencias podrían alterar tu opinión.
  • Fuentes adicionales: Haz clic en los enlaces de la publicación y comprueba que realmente haya datos que avalen la información.
  • Pregunta a un experto: consulta a un especialista o haz una búsqueda en un sitio web de verificación.

No propagarás falso rumor; no te concertarás con el impío para ser testigo falso.

Éxodo 23:1

Pensamos en rumores, en noticias falsas, en engaños y están allí desde el inicio de la humanidad, solo que ahora los vemos más claros. ¿Qué haremos con ello?

 

 

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