Loquillo, más allá del cantante: un bulto en el cuello que le paralizó, su hijo Cayo y la dura enfermedad de su mujer
El histórico cantante se sienta, esta noche, en ‘Lo de Évole’ para hacer un recorrido a su carrera profesional y personal

Loquillo, en una imagen de archivo. | Gtres
El cantante Loquillo se sienta, este mismo domingo, junto a Jordi Évole para hablar de su carrera. Pero, también, de su lado más personal y de los momentos que han marcado su vida junto al micrófono. José María Sanz Beltrán nació en Barcelona en los años 60 y ha sabido muy bien envejecer junto a su música. Loquillo empezó en los ochenta con Los Trogloditas, representando la cara más macarra y rockera de la Movida —aunque él siempre fue un verso suelto en Barcelona—. Con el tiempo, ha ido puliendo su imagen hasta convertirse en un dandi.
Su tupé —ahora canoso pero impecable— y sus trajes de corte perfecto son su armadura. Representa la ética del rock: disciplina, actitud y una puesta en escena teatral. La carrera de Loquillo no es lineal; se apoya en tres registros que maneja simultáneamente. Cuenta con himnos que forman parte del ADN español, como Ritmo del garaje, Feo, fuerte y formal o Cadillac solitario Además, es de los pocos artistas que han logrado llevar la alta poesía —como Baudelaire, Neruda o Gil de Biedma— a las listas de éxitos. Sus discos de poesía son fundamentales para entender su sensibilidad.
La infancia de Loquillo en un barrio humilde de Barcelona
Actualmente, Loquillo se encuentra en una etapa de madurez absoluta. Tras décadas de carretera, su voz ha ganado un poso de barítono que le permite defender su repertorio con una autoridad que pocos tienen. Loquillo nació en el barrio barcelonés de El Clot. Su infancia transcurrió en un barrio obrero de Barcelona, un lugar que él siempre ha descrito como un territorio de límites. Su casa estaba en la calle Coruña, y ese entorno de calles grises y fábricas forjó su carácter duro y orgulloso. La figura de su padre fue determinante. Fue un estibador del puerto de Barcelona y exmarino que había luchado en el bando republicano.
De su padre aprendió el valor del honor, la lealtad y la resistencia. Su padre no era de los que se quejaban, sino de los que aguantaban de pie. Esa imagen del estibador que se viste con dignidad al terminar la jornada influyó mucho en la posterior estética de Loquillo —el rockero impecable—. Antes que el rock, estuvo el basket. En su infancia y adolescencia, Loquillo no soñaba con ser Elvis, sino con ser una estrella de la canasta. Jugaba en el colegio y llegó a destacar por su altura y agresividad en la cancha. Fue entrenado por Aito García Reneses en las categorías inferiores del Cotonificio de Badalona. De esta etapa sacó la disciplina y el sentido de pertenencia a un equipo que luego aplicaría a sus bandas.
Un hijo y la enfermedad de su mujer
Estudió en el colegio de los Maristas, donde empezó a chocar con la autoridad. Loquillo era un niño rebelde, de los que se sentaban al final de la clase y miraban por la ventana soñando con otros mundos. Fue en esta época cuando empezó a devorar cómics y a descubrir la cultura popular que venía de fuera, algo que lo hacía sentir diferente al resto. Su educación sentimental se completó en los cines de sesión doble del barrio. Allí descubrió la épica de los westerns y las películas de guerra, que le dieron esa visión de independencia que siempre ha proyectado. La radio, por su parte, empezó a traer los primeros sonidos del rock and roll que cambiarían su vida al llegar a la adolescencia.
Ha contado en varias ocasiones que, sin duda, su infancia le marcó para siempre. «Yo vengo de un mundo donde la palabra valía más que un contrato. Mi infancia en El Clot fue mi universidad; allí aprendí quién era amigo y quién no», ha explicado. Sobre su vida personal, Loquillo vive desde hace más de 20 años en San Sebastián (Guipúzcoa). Buscaba la tranquilidad y el anonimato que Barcelona le negaba. Le gusta el clima, la sobriedad vasca y la posibilidad de pasear por La Concha sin ser acosado. Comparte su vida con Susana Koska, escritora, realizadora y compañera de vida desde hace décadas.
El bache de salud por el que casi deja la música
Susana no es solo su pareja; sino su apoyo intelectual. Ha dirigido documentales sobre él y ha escrito libros valientes sobre su propia lucha contra la enfermedad. La pareja ha pasado por momentos durísimos debido al cáncer de mama que sufrió Susana. Loquillo siempre ha destacado la entereza de ella y cómo esa experiencia les unió aún más, alejándolos de la frivolidad del espectáculo. Su único hijo, Cayo, es su gran orgullo, y ha heredado la altura y la percha de su padre. Aunque se mantiene alejado de los focos mediáticos, ha colaborado con su padre en temas de gestión y comunicación de sus proyectos.
En los últimos años —especialmente entre 2021 y 2024—, Loquillo tuvo un problema de salud serio: un bulto en el cuello —un bocio multinodular— que amenazó su herramienta de trabajo, la voz. En lugar de retirarse, decidió grabar su disco más complejo y salir de gira. Superado ese bache tras pasar por quirófano y rehabilitación, se encuentra en un estado físico envidiable, cuidando su dieta y manteniendo su disciplina de entrenamiento —heredada de su época de baloncestista—.
