Fermín, el padre de Ana Belén que trabajó como cocinero en el hotel más lujoso de Madrid: «Era tierno, bueno y estaba muy orgulloso de mí»
La cantante nació en pleno centro de la capital, en el barrio de Lavapiés, donde se crio junto a sus hermanos y sus padres

Ana Belén, en una imagen de archivo. | EP
Ana Belén siempre sintió una devoción especial por sus padres. Junto a ellos, y sus hermanos, se crio en pleno centro de Madrid, en el barrio de Lavapiés, convirtiendo sus recuerdos de infancia en uno de los más especiales de su vida. Su familia forjó un carácter empático, orgulloso y humilde que ha ido construyendo cada una de las facetas de su vida. Y es que sus dos progenitores han sabido lo que es convivir con lo mínimo y ganarse su dinero con mucho esfuerzo.
Su padre, a quien la propia Ana Belén describe como «un hombre muy tierno, bueno y de una honradez absoluta» fue uno de los pilares fundamentales de su vida. Fermín fue un «trabajador incansable que se sacrificó muchísimo para que nosotros tuviéramos un futuro mejor». Además, siempre se mostró muy orgulloso de la carrera de su hija. «Cuando yo era una cría y empezaba a salir en la radio, mi padre se ponía tan orgulloso que iba al Palace a trabajar y les decía a todos sus compañeros en la cocina: ‘Esa que canta es mi Pilarín’», ha contado la propia cantante.
Fermín, el padre de Ana Belén que trabajó en el Palace
Sin duda alguna, su infancia fue una historia puramente madrileña, humilde y entrañable. Nació el 12 de abril de 1951 en pleno corazón del castizo barrio de Lavapiés, en un Madrid de posguerra que apenas empezaba a recuperarse de las heridas de la Guerra Civil. Su infancia estuvo marcada por el esfuerzo de una familia trabajadora, el bullicio de las corralas y el nacimiento temprano de un talento prodigioso. Pilarín, como la llamaban de niña, se crió en la calle Oso de Lavapiés. Vivían en una corrala típica madrileña, esas viviendas tradicionales con un patio central donde los vecinos compartían la colada, las conversaciones y el día a día.
Su padre, como decíamos, fue cocinero en el prestigioso Hotel Palace, uno de los más lujosos del momento junto al Ritz. Curiosamente, mientras él preparaba banquetes sofisticados para la alta sociedad y las estrellas internacionales que se alojaban en Madrid, en su propia casa se vivía con lo justo. Era un hombre bueno, recto y profundamente honrado. Su madre, quien trabajaba en una portería, llevaba el peso de la casa y regentaba una pequeña portería. Ana Belén siempre ha recordado que la economía familiar era muy estrecha: en su casa no había calefacción, se calentaban con una estufa de carbón y el agua corriente llegó tarde. Sin embargo, recuerda esos años como una etapa feliz, llena de juegos en la calle y arropada por el cariño de sus padres y sus hermanos.
«Era un hombre tierno y bueno»
La música entró en la vida de Ana Belén gracias a las ondas de la radio. En los años 50, la radio era el centro del entretenimiento en los hogares españoles. La pequeña Pilar pasaba las horas escuchando e imitando a las grandes estrellas de la copla y la canción española de la época, como Concha Piquer o Juana Reina. Pronto, los vecinos de la corrala se dieron cuenta de que la hija de la portera tenía una voz prodigiosa y afinada. Cantaba en el patio, en las fiestas del barrio y en el colegio de monjas al que asistía. Su padre, lejos de frenarla, se convirtió en su mayor admirador y la apuntó a clases de canto para perfeccionar ese don natural.
A principios de los años 60, con apenas 10 u 11 años, empezó a participar en los populares concursos de canto que organizaban las emisoras de radio de la época, como Radio Madrid o Radio Intercontinental. Se presentó a programas infantiles como Todo para los chicos o Música infantil. Iba acompañada siempre por su padre o su madre. No tardó en empezar a ganar premios —le daban pequeñas sumas de dinero o cajas de dulces que ayudaban en casa—. Su nombre empezó a sonar con fuerza en los circuitos de cazatalentos de la capital. Ella misma ha contado que, para su familia, que la niña cantara no era un capricho artístico, sino una oportunidad seria de prosperar económicamente.
El final de su infancia coincidió con su transformación en estrella profesional. En 1964, con solo 13 años, el famoso productor musical y cinematográfico Éufrates Ruiz se fijó en ella. Consideraron que «Pilar Cuesta» no sonaba lo suficientemente comercial para una artista. Tras barajar varias opciones, decidieron rebautizarla artísticamente como Ana Belén. Con esa edad rodó su primera película como protagonista absoluta junto al veterano actor Fernando Rey. Aunque la película no fue un gran éxito de taquilla en su momento, sirvió para que el director teatral Miguel Narros descubriera que la niña, además de cantar como los ángeles, tenía unas dotes prodigiosas para la actuación.
Como decíamos, su padre fue un hombre humilde, trabajador y una figura absolutamente central en la vida de la artista. Vivía en Madrid y se ganaba la vida como cocinero en el prestigioso Hotel Palace de la capital. Aunque trabajaba rodeado del lujo del hotel y preparando banquetes para las grandes personalidades que visitaban España en los años 50 y 60, en su vida privada regresaba cada día a su modesto hogar de Lavapiés, donde crió a sus hijos con el fruto de su esfuerzo diario.
Fermín se convirtió en el mayor impulsor del talento de su hija. Cuando se dio cuenta de que la pequeña Pilarín cantaba excepcionalmente bien, lejos de quitarle importancia, la apoyó incondicionalmente: la apuntó a clases de canto, la acompañaba a los concursos de radio infantiles y, como recordaba con ternura la propia Ana Belén, presumía con orgullo absoluto ante sus compañeros de la cocina del hotel cada vez que la voz de su hija sonaba en las emisoras de la época.
