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La valiente Ucrania y la pobre Venezuela

EEUU iniciaba conversaciones con Venezuela para, a cambio de petróleo, aflojar el bloqueo. Un movimiento que ha sido un jarro de agua fría para el pueblo venezolano

La valiente Ucrania y la pobre Venezuela

Volodomir Zelenski y Nicolás Maduro.|Europa Press

«Eres valiente cuando de antemano sabes que estás vencido y de todos modos emprendes el camino y sigues adelante pase lo que pase. Difícilmente ganas, pero alguna vez sí lo consigues».

Esta frase es de Atticus Finch, el abogado protagonista de «Matar a un ruiseñor» la novela de Harper Lee. Cada vez que la recuerdo me viene asociada con el rostro de Gregory Peck que interpretó de manera genial a este abogado en una de las, para mí, mejores películas de la historia. El personaje de Atticus Finch se convirtió, desde que se publicó la novela, en el referente de la integridad moral para millones de personas.

La frase es la más heroica definición de la valentía. Describe la fuerza moral, la integridad y la defensa de unos valores en aquellos que van a la lucha sabiendo, ya antes de empezar, que la victoria es muy difícil. Y eso lo estamos viendo ahora, en estos días, en la heroica resistencia del pueblo de Ucrania, que, con su presidente Volodímir Zelenski a la cabeza, están demostrando a todos una valentía y un patriotismo que serán ya para siempre un ejemplo mundial.

Eres valiente cuando sabes que, a pesar de estar vencido, luchas. Difícilmente se gana, pero a veces ocurre. No sé si nuestros pacifistas de salón, ministras incluidas, comprenden el significado de esta frase. Creo que no. Lo escuchado a Pablo Iglesias, Ione Belarra o Irene Montero, es todo lo contrario. No hay que enviar armas a Ucrania porque van a perder y lo mejor para que no haya muertes es que se rindan. Toma ya valentía, dignidad, integridad, patriotismo y no sé cuántos conceptos más machacados por esta visión que no sorprende porque son dichas en la comodidad del que vive a miles de kilómetros del conflicto. Algo similar a los revolucionarios europeos que, desde su sillón, aplauden las revoluciones en países iberoamericanos en los que sólo hay hambre, muerte o exilio, pero ellos las defienden porque no viven allí.

Es muy difícil hablar en estas dos últimas semanas de algo que no sea Ucrania. Del horror y del terror. El horror de la guerra y el terror de Putin. Decía el abogado Atticus a su hijo en «Matar a un ruiseñor» que «hay cosas feas en el mundo que me gustaría que no vieras, pero no es posible». Hay que verlas para tomar conciencia y combatirlas. No queda otro remedio

Hay cosas feas. Y la guerra es la más fea de todas. Ninguna guerra es suave, correcta o limpia. Si hay guerra siempre hay violencia y muerte. Estamos viendo en Ucrania ciudades arrasadas y millones de refugiados. Son hechos que todos pensamos que no se iban a repetir en Europa y más desde la crisis yugoslava.  Vimos en la televisión imágenes desde Chechenia o Siria, pero parecía muy lejano. Destrucción de edificios, de barrios enteros, de escuelas, hospitales y refugios. Todo para provocar el terror. Detrás de ese terror estaba Vladimir Putin.

Ahora sus sueños «stalinistas» le han llevado a invadir un país independiente y soberano. Y su matonismo lo ha acompañado de la advertencia de la amenaza nuclear. Todos saben que un enfrentamiento directo con la OTAN pondría el conflicto en una escala de desastre total para el planeta.

Pero sigue sigue sin dominar Ucrania. Lo que iba a ser un paseo militar ruso se ha frenado por una resistencia que ha sorprendido a todo el mundo. Un pueblo en armas. Sólo el ver a decenas de miles de ucranianos regresar rápidamente a su país para combatir como voluntarios demuestra que este pueblo está implicado hasta el final en la lucha. Y otro efecto que no esperaba Putin que fuera de tal intensidad, ha sido la respuesta de una Unión Europea más cohesionada y unida que nunca, tomando medidas económicas asfixiantes para Rusia y sus oligarcas. Una Europa que depende energéticamente del gas y petróleo ruso, y que, a pesar de todo, bloquea financiera y comercialmente al régimen ruso.

Medidas conjuntas con Estados Unidos. El presidente norteamericano Joe Biden ha suministrado grandes cantidades de armamento, dinero e información a Ucrania. Y ha dado un paso más. Ha cerrado el grifo a las importaciones de gas y petróleo ruso. Es cierto que no dependen tanto de él como Europa, pero si le puede afectar negativamente a su economía. Por eso ha buscado remplazo enseguida.

Estados Unidos iniciaba conversaciones con Venezuela para, a cambio de petróleo, aflojar el bloqueo a Maduro. Un movimiento que ha sido un jarro de agua fría para el pueblo venezolano que desde hace años sufre una invasión interna. Decía Cayetana Álvarez de Toledo este lunes en la presentación del último libro de Álvaro Nieto, que «Biden pretende cambiar el petróleo del asesino Putin, por el petróleo del asesino Maduro».

La guerra provoca extrañas alianzas, algunas terribles. No hay nada acordado, pero Nicolás Maduro ya se ha felicitado públicamente por estas primeras y «cordiales» conversaciones con la delegación norteamericana. Un balón de oxígeno a un dirigente al que ni siquiera Estados Unidos reconoce, y que es deprimente para millones de venezolanos que sufren la tiranía chavista y humillante para el presidente Juan Guaidó, que avisaba que «todo levantamiento de sanciones debe estar condicionado a avances reales hacia la transición a la democracia y la libertad de Venezuela». Los venezolanos perdieron hace muchos años su libertad. La democracia real fue abolida y sustituida por un narcorégimen con una corrupción generalizada que solo ha traído hambre y pobreza al país. Casi el 90% de los venezolanos vive en niveles de pobreza. Más de seis millones han tenido que exiliar. Y ahora se encuentran todos con que el amigo americano los puede intercambiar por petróleo.

Todavía hay muchas nubes negras en la viabilidad de este acuerdo. La capacidad industrial petrolera de Venezuela casi ha desaparecido.  Bajo los años de Chávez y Maduro, no se ha invirtió nunca en mantenimiento en su industria petrolera. Venezuela no tiene capacidad real, pero esta situación les permite maniobrar. Pueden venir empresas extranjeras de nuevo a ayudar. 

Veremos como acaba. De momento, Maduro se mueve. Con Estados Unidos y con Rusia. Al término de la tercera reunión Rusia-Ucrania que se celebró en Turquía, el ministro de exteriores ruso, Sergei Luvlov, tuvo tiempo para reunirse con la número dos chavista, Delcy Rodríguez. No ha trascendido nada, sólo un comunicado en el que reafirmaron su identidad en los enfoques y condenaron las medidas de bloqueo internacional contra Rusia. Unas medidas que, paradojas de la vida, pueden permitir a Maduro sobrevivir más tiempo en el poder, pero amplía la condena del pobre pueblo venezolano.

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