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Deporte y alergia primaveral: cómo hacer ejercicio cuando el polen aparece

Elegir bien el momento del día, medir el tipo de ejercicio o buscar alternativas son los caminos para que la alergia no haga tropezar tu espíritu deportivo

Deporte y alergia primaveral: cómo hacer ejercicio cuando el polen aparece

Un hombre corre en el campo. | ©Unsplash.

Alrededor de ocho millones de españoles son alérgicos al polen. Cifra que, en el total de alérgicos, se dispararía hasta un 33% de la población si contabilizamos otro tipo de alergias como las alimentarias. Sin embargo, si centramos el tiro en la alergia primaveral, especialmente en las polínicas, veremos cómo el estallido de color y verde de nuestro país amarga la vida a miles de personas.

Los síntomas, más o menos variables, se aferran a las vías respiratorias en multitud de factores. Sucede con la rinorrea (aumento de la mucosidad nasal), los estornudos, la tos seca y la dificultad respiratoria, amén de pitidos en el pecho y esa sensación de falta de aire, explican desde Clínica Universitaria de Navarra. Además, también se replican en torno a los ojos, donde el lagrimeo y el enrojecimiento es una constante.

Olivo, ciprés, plátano de sombra y otros árboles, en menor medida, como el abedul o los robles someten así a miles de alérgicos. Sin embargo, si hablamos del polen rey, hay que hablar de las gramíneas. Tanto las cultivadas (los cereales, principalmente) como las silvestres (la espiguilla, el ballico o la grama, que son las más abundantes) persiguen así en los días más soleados, ventosos y secos a los alérgicos. Por contra, días cubiertos, lluviosos, húmedos o con ausencia de viento mitigan los efectos del polen en la alergia primaveral.

Su aparición condiciona la vida cotidiana del que los sufre, incluso con tratamientos antialérgicos pautados y en muchos casos supone alterar nuestras rutinas. Es el caso del deporte y de la práctica de ejercicio, tanto al aire libre como en interior, que se ve condicionado por la aparición polínica.

Es lógico. Aumentamos la exposición, multiplicamos la necesidad aeróbica y, frecuentemente, apostamos por lugares públicos como parques o jardines para realizarlo. Tres condiciones que aumentan las posibilidades de que el polen se convierta en el peor enemigo de hacer deporte.

Cómo hacer deporte aún con alergia primaveral

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Las peores horas para hacer deporte serían las primeras de la mañana y las últimas de la noche, momento en el que hay más carga de polen ambiental. ©Unsplash.

Elegir bien las horas en las que realizaremos deporte, llevar una higiene adecuada para evitar la concentración polínica o cambiar el tipo de rutinas entran dentro de las estrategias que nos permitirán sobrellevarlo. No existen los milagros, evidentemente, pero se puede hacer deporte aún enfrentándose a alguna alergia primaveral.

Para ello, ciertos factores convienen tenerse en cuenta. Entre ellos, algunos que citan desde Clínica Universitaria de Navarra, sobre todo poniendo el foco en las gramíneas. No es una cuestión baladí. El 33% de las personas que sufren alergias primaverales lo son a este tipo de hierbas. Por eso, aconsejan que se «eviten las horas de mayor concentración de polen». En este caso, hablan de «los intervalos entre las cinco y las diez de la mañana y las últimas de la tarde (desde las siete hasta el anochecer)».

También apuntan, aunque este ejemplo es aplicable a cualquier circunstancia, a una correcta higiene. Ya sea al llegar a casa o antes de acostarse, las recomendaciones sugieren ducharse y lavarse el pelo. De esta manera se eliminará la mayor parte del polen que haya quedado en la piel y el cabello. Huelga decir que también es aplicable a la ropa con la que hayamos salido, evitando limitarnos a ventilarla.

Si solo ventilamos, conseguiremos que el polen impregnado en la ropa permanezca en nuestras casas, motivo por el que es mejor recurrir a la lavadora y no sufrir tanto a la alergia primaveral. Por este motivo, también es conveniente que vayamos reemplazando la ropa con la que practicamos deporte de manera diaria.

En un sentido parecido, aunque no solo aplicable a aquellos que hagan ejercicio, esta guía también sugiere utilizar gafas de sol. Más allá de un carácter práctico, hay que tener en cuenta que las partículas del polen en suspensión pueden ser particularmente molestas en los ojos, aumentando el escozor y el picor, además del lagrimeo. La situación, muy incómoda, además puede verse agravada en el caso de personas que utilicen lentes de contacto.

Protegerse del entorno

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El efecto de las alergias al polen es menor en lugares húmedos o zonas de costa. ©Unsplash.

La costumbre del deporte al aire libre puede ser un condicionante notable en el caso de los alérgicos. Aumentar la exposición al polen supondrá un riesgo mayor de sufrir la temida alergia primaveral al polen. Por este motivo, aunque no sea plato de buen gusto siempre, conviene aumentar la prevención.

La solución más práctica es renunciar al deporte en exteriores y sustituirlo por deporte bajo techo. Puede ser bicicleta estática con ciclos indoor, correr en cinta o practicar distintos entrenamientos de fuerza. No es la panacea, pero sí minimiza la influencia del polen, siempre y cuando sean estancias limpias y ventiladas, pero libres de polen.

También, como es lógico, el tipo de deporte que practiquemos va a condicionar nuestra reacción alérgica. Deportes de alta intensidad con una gran demanda aeróbica supondrán un mayor riesgo ante el polen. Necesitar más aire y arriesgarse a una respiración buconasal supondrá abrir las compuertas de nuestros pulmones a estas partículas en suspensión.

Si nuestros niveles de alergia son normalmente elevados, mejor será reducir la intensidad del ejercicio. También, tener en cuenta las condiciones climatológicas nos ayudará a controlar cierto grado de polen. Tradicionalmente, las zonas más húmedas y las zonas de costa son menos proclives a las grandes concentraciones de polen. De esta manera, si está en nuestra mano, planteemos nuestras rutinas en escenarios menos crueles con nuestra alergia primaveral.

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