THE OBJECTIVE
Fuera de micrófono

Esther Esteban: «Hay periodistas que hablan bien de Sánchez porque el PSOE los colocó»

Desde los años 80 no ha parado de hacer entrevistas, la primera de ellas al rey Juan Carlos

De entrevistadora a entrevistada, en Fuera de micrófono. Esther Esteban acepta el cambio de papel con la misma profesionalidad con la que lleva trabajando desde sus inicios en el periódico Ya de Toledo, antes de trasladarse a la redacción del diario de la Editorial Católica, en Madrid. Le gusta su trabajo y lo defiende, aunque reconoce el daño que le están infligiendo quienes alimentan la división y el enfrentamiento.

Ha trabajado en Tribuna de Actualidad, El Mundo o Antena 3, y fundó hace 18 años el primer periódico digital de la comunidad castellanomanchega, El Digital de Castilla-La Mancha, ahora asociado a El Español, de Pedro J. Ramírez. Toledo es su vida y su familia. Mientras, Madrid siempre ha sido la ciudad de las oportunidades en el trabajo. Ir y venir de Toledo a Madrid, y viceversa, pronto se convirtió en un hábito.

Esta periodista -luchadora, vocacional y maestra en el género de la entrevista política– guarda en la memoria historias y anécdotas con todos los presidentes de la democracia, aunque nunca consiguió entrevistar a Felipe González para El Mundo, mientras lo dirigió Pedro J. Ramírez, por la hostilidad manifiesta entre ambos. Su debilidad fue Julio Anguita, padrino de su hija, pese a sus discrepancias ideológicas. Y nunca olvidará la primera entrevista a Manuel Fraga, cuando a la segunda pregunta le dijo: «Ya hemos terminado la entrevista». La experiencia le demuestra que todo puede preguntarse: «No hay pregunta impertinente, sino respuesta inadecuada», afirma.

No las lleva contadas, pero habrá realizado miles de entrevistas desde los años ochenta hasta ahora. Y las que le quedan. En su opinión, es el género periodístico por excelencia, que compagina desde los noventa con las tertulias en radio y televisión. Inolvidable aquella primera tertulia en Onda Cero, un día de Reyes, leyendo la carta a Sus Majestades. Algo enternecedor si se compara con las broncas y enfrentamientos de ahora, en una profesión polarizada.

«Los periodistas –se lamenta- hemos sido muy cobardes dejando que nos sitúen ideológicamente. El hecho de que nos pongan en un lado o en otro de la mesa me parece intolerable». Como le parece intolerable a esta periodista toledana -una aberración– que los políticos coloquen a los tertulianos en los medios. Algunos periodistas –asegura- olvidan que somos el contrapoder.

PREGUNTA.- Acostumbrada a ser la entrevistadora, ¿cómo te sientes en el papel de entrevistada?

RESPUESTA.- Me gusta más entrevistar que ser entrevistada. A mí, cuando me preguntan qué genero del periodismo me gusta, siempre digo que la entrevista es el género más completo porque te obliga a buscar fuentes. No hay pregunta impertinente, sino respuesta inadecuada. A mí, el periodismo que me ha dado verdadera satisfacción –también muchos disgustos– ha sido la entrevista política, que es lo que he hecho siempre en todos los medios por los que he pasado.

P.- Empezaste a hacer esas entrevistas políticas en el semanario Tribuna de Actualidad.

R.- Me llamó su director, Julián Lago, para sustituir a Carlos Carnicero. El día que me contrató me hizo la siguiente propuesta: «Me vas a hacer un reportaje con las 100 mentiras de Felipe González». Eso fue un desplegable. Se abría la revista y se veía a Felipe con la nariz de Pinocho. Yo quería irme. Era un trabajo de hemeroteca que no me gustaba, pero lo hice. OTAN de entrada sí, OTAN de entrada no, el aborto… A pesar de eso, guardo un gratísimo recuerdo de Julián Lago. Era un periodista sin límites (tú trabajaste también con él) que nos hizo más valientes. No teníamos miedo. Lo que no le perdonaré es que yo conseguí el acta de entrada en la masonería de Mario Conde. Iba a ser portada y cinco páginas interiores. Yo encantada, pero no se publicaba, no se publicaba… Se publicó semanas después, resumido el reportaje en dos páginas. Luego, nos enteramos que Mario Conde se había hecho con la revista (Risas).

Esther Esteban. | Víctor Ubiña

P.- ¿Cuántas entrevistas llevas hechas?

R.- No llevo la cuenta. Me han propuesto hacer un libro sobre mis entrevistas y nunca he querido. Soy muy perezosa para guardar las cosas y, luego, no me acuerdo de ellas. Pero, calcula. Empecé en el diario Ya, con una entrevista al rey, Don Juan Carlos.

«Tuve que pagarle a la persona que me sustituyó en mi baja maternal»

P.- ¿Cómo fue?

R.- Yo estaba en el Ya de Toledo y me vine a la redacción de Madrid para hacer información política. Entonces, me propusieron ir a Palma de Mallorca en verano para realizar entrevistas políticas a los personajes que me encontrara en la isla. Allí coincidí con Ángel Expósito (reportero entonces de Europa Press). Los compañeros que hacían prensa del corazón me aconsejaron ir al Club Náutico que era donde iba el Rey. «Ahí es donde se cuece todo». Así que me fui al Náutico, muy madrugadora, porque venía de la cultura de los castellanos de madrugar, llegué, apareció el Rey, saqué el casete y me puse a entrevistarlo. Los escoltas no daban crédito. Fueron a por mí, como locos, y el Rey, que me vio tan joven y tan inexperta, se apiadó. Le hice una entrevista penosa. ¿Le gusta navegar? ¡Qué bien! ¡Qué bonito es navegar!… Penosa, pero me gané el afecto del Rey. Fue muy cariñoso y comprensivo. En una inauguración del AVE, en la que estaba don Juan Carlos, se le acercó Ángel Expósito y le dijo: «Señor, vamos a repetir una foto histórica». Y nos hizo la misma foto muchos años después. Yo con el casete en la mano. Recuerdo que cuando llamé a Fernando Ónega y le dije: «Que ya he hecho la primera entrevista». Me preguntó: «¿A quién?». «Al Rey». Yo no le di ninguna importancia. Creía que era mi obligación porque me habían mandado para eso. En fin. Seguramente ahora no lo haría así, pero lo hice.

P.- El Ya de Toledo, en los 80, era una referencia en la capital castellanomanchega.

R.- Nada más acabar la carrera, el Ya decidió abrir una delegación en Toledo, donde solo se publicaba El Alcázar. En aquel grupo fundacional estábamos Miguel Ángel Mellado, mi marido, que era el fotógrafo del periódico, y yo. Tengo un recuerdo agradable y también amargo de esa etapa. La cara y la cruz de nuestra profesión. Muy agradable, por lo mucho que aprendí allí. Iba al juzgado a ver quién se había muerto, buscaba las exclusivas en la calle, sin teletipos, ni nada de nada. Yo era la única mujer en aquella redacción, me casé estando allí y al año siguiente nació mi primer hijo. Tenía contratos en precario, como todos, y el redactor jefe, Enrique Monsalve, me dijo, el día que salía de cuentas: «Te cumple el contrato, pero no te preocupes; te busco un sustituto y le pagas tú». Tuve que pagarle a la persona que me sustituyó en mi baja maternal. Esto es real. Pero le saqué ventaja a esa. Cuando me incorporé de nuevo, me vine a Madrid a denunciar ante los sindicatos de prensa que me habían obligado a pagar a mi sustituto. Entonces, para que no se montara un escándalo, me hicieron fija. Conseguí entrar en plantilla por una injusticia manifiesta. Tengo que decir, con mucho orgullo, que fui la redactora jefa más joven de España en un medio nacional, con 28 años. Gracias al Ya.

P.- Hay una entrevista a Pedro J. Ramírez que cambiaría tu futuro profesional.

R.- Pedro J. estaba siendo hostigado y perseguido por las informaciones que sacaba El Mundo. Él había intentado ficharme cuando salió el periódico, pero me acababan de hacer jefa en Tribuna y por eso no acepté la oferta. Le fui a hacer la entrevista, con motivo de la corrupción. Cuando me fichó, porque se anunciaba el cierre de Tribuna, empezó una de las mejores etapas profesionales de mi vida. Hacía la entrevista de portada de los lunes. Trabajé muchísimo. Pedro J. me dijo una cosa y la cumplió: «Te voy a hacer la mejor entrevistadora de España». Tenía que trabajar todos los fines de semana, había que actualizar las entrevistas continuamente, etc.

«A Pedro J. Ramírez lo han intentado matar, no físicamente, pero sí socialmente, muchas veces»

P.- ¿Es duro trabajar con Pedro J. Ramírez?

R.- Es el mejor periodista; y no lo digo porque ahora trabaje con él. Lo he pensado siempre. Porque es un valiente. En el periodismo, donde hay tanta complacencia, siempre he valorado esa faceta. Yo nunca quise ser trabajadora de plantilla en El Mundo. Quería trabajar desde fuera. Eso posibilitó una relación muy particular. A mí no me trataba como a una subordinada, porque no lo era, y ahora, que somos socios en El Digital de Castilla-La Mancha, tampoco. Ha habido muy buenos profesionales, pero en el periodismo escrito Pedro J. ha sido un valiente. Le han echado de todos los sitios –Diario16, El Mundo– de una manera muy dura, y siempre ha levantado cabeza. Le han intentado matar, no físicamente pero sí socialmente, muchas veces. Y ahora estamos ahí, con El Español, que en ocho años se ha convertido en líder de la prensa digital.

P.- Eres fundadora y presidenta ejecutiva de El Digital de Castilla-La Mancha, ahora asociado a El Español.

R.- Hace 18 años, César García, que había sido director del ABC de Toledo, me propuso montar un periódico digital. La idea fue suya. Me pidió ayuda y lo pusimos en marcha cuatro socios, con dinero de nuestro bolsillo. Ese periódico se ha convertido en líder absoluto en Castilla-La Mancha. Y hace tres años, Pedro J. me llamó y nos asociamos a El Español.

P.- Pese a trabajar en Madrid, has seguido viviendo en Toledo. ¿Por qué?

R.- Me he planteado muchísimas veces residir en Madrid, pero tenía dos hijos y soy periodista. No he parado. Y allí tenía a mi familia; a mi madre y a mi padre, que cuidaban de mis hijos. Aparte de que a mí Toledo me encanta –me parece una ciudad estupenda y maravillosa-, lo he hecho por una razón de supervivencia. Mis hijos iban allí al colegio y al pediatra lo conocía… En las ciudades pequeñas nos conocemos todos y eso facilita las cosas. Yo siempre digo que, gracias a vivir en Toledo, he conseguido llegar a ser algo en esta profesión. Porque me han ayudado muchísimo. Tengo también casa en Madrid y me quedo aquí a dormir, si al día siguiente tengo radio o tele a primera hora de la mañana.

«A Fraga le respeté muchísimo, como a Julio Anguita y Alfonso Guerra»

P.- Has entrevistado a un montón de políticos, algunos de manera reiterada. ¿Se llega a establecer una relación de amistad?

R.- Me pasó con Manuel Fraga, aunque tuve con él un arranque horroroso. Me habían advertido de cómo era Fraga. Y, la primera vez que le fui a entrevistarle, como no me contestaba a lo que yo le preguntaba, le volví a preguntar. Entonces, a la segunda pregunta me dijo que se había terminado la entrevista. Mientras yo intentaba amarrar la entrevista, el fotógrafo del Ya, que venía conmigo y tenía mucha experiencia, se vengó: le hizo la foto con una cornamenta de ciervo que tenía detrás. Esa foto fue nuestra venganza por tratarnos tan mal. De ahí pasamos a tener una relación muy buena. Al final, ya me dejaba incluso que le repreguntara. Una vez fui a entrevistarle a Galicia, cuando estaba a punto de dar a luz a mi hija, pero hubo problemas con el vuelo por culpa de la niebla y tuvimos que regresar a Madrid. Pero volví a irme después en otro vuelo. Cuando llegué y me vio el barrigón, no se apiadó de mí y me dijo: «A ver si va a dar a luz aquí en el despacho». Dije: «Pues casi…». Al acabar, me regaló un azucarero de Sargadelos que, cada vez que voy a echar una cucharada de azúcar me acuerdo de él. Me admiraba la capacidad política de Manuel Fraga y le respeté muchísimo, más allá de sus ideas. Como me ha pasado con Julio Anguita, con Alfonso Guerra y con muchos otros entrevistados.

P.- ¿Cuál ha sido el entrevistado más difícil?

R.- El más difícil es el que no haces. No he hecho a Felipe González porque tenía un profundísimo enfrentamiento con Pedro J. Lo he entrevistado para otros medios.  Para televisión y para la radio, pero una entrevista para un medio escrito es una entrevista reposada. Yo hacía entrevistas de una hora y las transcribía textuales del casete. Y las corregía sobre el papel. Es un tipo de entrevista reposada, tranquila, para buscar titulares. Y esa entrevista no se la pude hacer a Felipe González.

P.- ¿De qué entrevista o personaje tienes mejor recuerdo?

R.- La de más grato recuerdo es una entrevista robada a Adolfo Suárez en su caída, cuando dejó de ser presidente del Gobierno y no quería ya saber nada de la prensa. Yo digo: le voy a entrevistar. Hice un plantón en la puerta de su despacho y le entrevisté en el ascensor. Yo nunca tiraba la toalla. Él no sigue sin entrar en mi cabeza. Cuando un personaje se te resiste es porque no has insistido demasiado. Yo nunca he salido contenta de una entrevista. Siempre he tenido una sensación de que le tenía que haber preguntado esto o lo otro, y no se lo he preguntado.

«Los políticos de ahora no saben lo que nos ha costado consolidar la democracia»

P.- ¿Qué es mejor: entrarle suave al personaje o de forma incisiva?

R.- Este periodismo del acoso, que ahora se lleva tanto, ni lo comparto ni lo he compartido nunca. No creo que sea mejor periodista aquel que es más agresivo. Soy de la opinión de que todo se puede preguntar. Nunca he dejado de preguntar nada que quisiera preguntar. Otra cosa es que no me hayan respondido. Hubo una temporada que se puso muy de moda el periodismo hiperagresivo, de no dejar respirar al personaje. Es que eso es facilísimo. Atacar a un personaje, si está en debilidad, está tirado. Lo difícil es sostener a un personaje durante una hora y sacarle titulares. La cercanía a mí siempre me ha dado buenos resultados. Eso no significa que seas peor periodista por no ser agresiva verbalmente.

P.- ¿Cuál ha sido el personaje que más te ha sorprendido o impresionado?

R.- Yo tengo pocos amigos entre los personajes entrevistados. De Julio Anguita me hice amiga personal. Le aprecié y le sigo echando de menos; más allá de que pudiéramos discutir sobre muchas cosas. La anécdota más bonita con Anguita es que estaba entrevistándole un día y me empezó a vibrar el teléfono. No lo cogía, no lo cogía, hasta que me dijo: «Cógelo porque me estoy poniendo nervioso». Lo cogí y se me iluminó la cara. Me preguntó: «¿Qué te ha pasado? ¿Te han ascendido» Y le dije: «Estoy embarazada». Entonces, me dijo: «Pues voy a ser su padrino». Y el padrino de mi hija es Julio Anguita. El peor padrino del mundo porque la vio dos veces en su vida. Con Anguita tuve una relación muy buena. La vida está llena de curiosidades. El día que detuvieron a Luis Roldán yo estaba en el despacho de Margarita Robles. Mi vida está ligada a las entrevistas y es lo que más me gusta hacer.

Esther Esteban. | Víctor Ubiña

P.- ¿Los políticos de ahora son peores que los de antes?

R.- Desde la Transición hasta ahora, yo admiraba a los políticos porque aprendía de ellos. Me tenía que preparar las entrevistas minuciosamente para sacarles algo. Nunca diré que cualquier tiempo pasado fue mejor. La primera vez que entrevisté a Pablo Iglesias me pareció un tipo interesantísimo. Además, se lo dije. ¡Qué tipo más interesante! Entonces no era vicepresidente del Gobierno ni se esperaba que lo fuera. Cada generación da un tipo de políticos. Lo que no me gusta de ellos es que no estén formados: que no hayan leído, que no sepan de lo que hablan, más allá de que tengan o no tengan título. Los políticos actuales no saben lo que nos ha costado consolidar la democracia. Eso me duele muchísimo. No lo saben. Se han olvidado.  Y las cosas que se olvidan se repiten. La etapa de ETA fue durísima y ahora hay una especie de amnesia, sabiendo lo doloroso que es para mucha gente. El capítulo de ETA no se ha cerrado bien.

P.- ¿El periodismo, especialmente las tertulias, se han contagiado de la polarización política actual?

R.- Yo empecé a ir a las tertulias en Onda Cero. Recuerdo que me estrené el día de Reyes, con una carta a los Reyes Magos. Los periodistas hemos sido muy cobardes, dejando que nos sitúen ideológicamente. El hecho de que nos pongan en un lado o en otro de la mesa me parece intolerable. Un día me llamó una jovencita de una televisión –muy indocumentada, por cierto– y me pregunta qué opino sobre el aborto. Le contesté: ya te lo diré en el programa. Yo estoy a favor del aborto. Lo he estado siempre. Pero ella se supuso que estaba en contra y me colocó frente a quienes estaban a favor. Fue un desastre de tertulia. La gente da por hecho que, por estar en distinto lado de la mesa, pensamos así, y no es cierto. Lo único que le tengo que achacar a esta profesión es haber tolerado que los políticos pongan a colaboradores en las tertulias de todos los medios. Se acepta como normal, pero a mí me parece una aberración que un partido político tenga una lista de colaboradores y que luego los periodistas acepten como normal que hay que hablar bien del presidente del Gobierno porque su partido les ha colocado. Eso no puede ser. En nuestra profesión tenemos que hacer un debate serio. Porque somos el contrapoder político, económico… Y, si no te lo crees, no tienes nada que hacer. 

«El trajecito que han querido hacerle a Ana Rosa Quintana no ha funcionado»

P.- Eres amiga de Ana Rosa Quintana, a la que algunos políticos la han calificado de facha.

R.- Lo de la fachosfera, esa palabreja inmunda, ha hecho un daño tremendo. Porque no es verdad. No te digo que no haya periodistas sectarios, que los hay. Que no son periodistas, sino activistas políticos. Pero, la inmensa mayoría tenemos un desarrollado sentido crítico de quién está en el poder en cada momento. Ana Rosa es una comunicadora de primer nivel y el trajecito que han querido hacerle a la medida no ha funcionado. Porque, si funciona, te echan. Y a Ana Rosa no la pueden echar porque la audiencia es la que manda. Ana Rosa es un caso, pero no el único. Luego, hay un complejo muy extendido: la superioridad moral de la izquierda. Y también de los periodistas que dicen representar a la izquierda. Hemos aceptado con normalidad que se nos den lecciones de periodismo. A los veteranos, poquitas, porque tenemos mucha batalla y mucho aprendido y sabido.

P.- En Toledo, supongo que se vive con menos crispación este tipo de debates.

R.- Es diferente. Cuando un partido lleva gobernando tantos años en una Comunidad, crea alrededor una corte que no es buena. Pero es verdad que no hay ese enfrentamiento, a nivel político y periodístico, que existe en Madrid. Emiliano García-Page es un señor que se puede entender con la derecha y con la izquierda. Ahí está su mérito. Peo no es independentista y eso no se lo perdonan.

P.- Cuando García-Page critica a Sánchez, ¿lo hace por convicción o porque le interesa electoralmente?

R.- Todos los políticos quieren captar votos. Emiliano ha dicho lo mismo históricamente. Que no se nos olvide. Y estar solo, ser el último mohicano de tu partido, ver que te están acorralando y que tienes a tu enemigo en casa, no es fácil. Lo hizo José Bono, con mucha maestría. Bono se enfrentó a Felipe González y luego se vino a Madrid, siendo ministro con Zapatero, etc., etc. A Emiliano se lo están haciendo pasar mal en su partido porque es un socialdemócrata convencido. Es muy duro ser la única voz crítica dentro de tu partido., Se ha quedado solo. Sólo, pero con mayoría absoluta.

P.- ¿El futuro de esta legislatura dependerá de las elecciones catalanas?

R.- Vamos a ver. Porque ahora ya no gobierna el que gana. Creo que Vox le ha hecho un roto al PP. Vox es para mí un partido antisistema, que está ahí, saca sus votos, y a los votantes no se les puede aislar.  Pero yo no sé lo que va a durar Vox, si va a seguir los pasos de Podemos. Hasta anteayer, Podemos iba a gobernar nuestro país, según todas las encuestas. Pedro Sánchez es un superviviente y le da todo igual. Además, no se le castiga electoralmente. Decir hoy una cosa y al día siguiente la contraria no te influye a la hora de conseguir votos. Es alucinante. Conocí mucho al Pedro Sánchez del principio. Lo entrevisté muchas veces. Que la amnistía no era constitucional no me lo ha dicho una vez. Me lo ha dicho muchas veces. Hay líneas que se están traspasando en esta nueva política y yo espero que haya una reconsideración. Sobre todo, porque un país como el nuestro necesita grandes partidos constitucionalistas. Acabamos de ver lo que ha pasado en el País Vasco. Los partidos constitucionalistas han sacado 21 escaños, menos que Bildu o PNV por separado.

P.- ¿Habrá que seguir pactando desde Madrid con los independentistas, sí o sí?

R.- Puigdemont era un señor fugado hasta anteayer. Es que acaba de decir que tiene cogido al Gobierno de España por ahí. Pero, Pedro Sánchez está dispuesto a agotar la legislatura como sea y lo va a intentar. Otra cosa es el desgaste. Ha perdido ya la mayoría de las comunidades autónomas y muchísimos ayuntamientos.

P.- Valora a los presidentes de Gobierno de la democracia. ¿Adolfo Suárez?

R.- Fue un gran presidente. No era fácil hacer la transición del franquismo a la democracia. Fue un valiente, con todo lo que le tocó sufrir y padecer. Siempre iba impecable. Le pregunte en una ocasión, después de una campaña electoral, cuando ya no era nadie: «¿Cómo va tan impecable, con este calor que estamos pasando?». Dice: «El secreto es que traigo 12 camisas iguales». Era un coqueto maravilloso, al que no se le ha hecho justicia en nuestro país.

«Mariano Rajoy no vio venir la deslealtad del PNV»

P.- Felipe González.

R.- Fue la consolidación de la democracia. El problema de Felipe González es que empezó siendo la consolidación de todos los derechos y terminó en el GAL, Filesa, Malesa… La corrupción se hizo fuerte. El problema de Felipe González fue la corrupción. Acabó muy mal.

P.- José María Aznar.

R.- Tuvo un gran mérito: unir a la derecha. Si esto ocurriera ahora, tendría alguna posibilidad de gobernar Feijóo. Sabíamos que la extrema derecha estaba en el seno del PP, lo sabíamos todos, pero era una convivencia pacífica, por llamarlo de alguna manera. Aznar se equivocó con la guerra de Irak y esa fue su tumba. Era un político de derechas, que no tenía complejos, pero no valoró el apoyo a la guerra. Y, luego, la boda de su hija. Eso marcó su mandato. No era simpático, pero sí un gobernante serio.

P.- Zapatero.

R.- Con Zapatero empezó la laxitud, el buenismo. Se empezó a instalar en la política española el todo el mundo es bueno. Ese buenismo, y esa forma de entender la política, ha derivado en otra cosa. A Zapatero la periodista María Antonia Iglesias le llamaba Bambi. Sin embargo, el Bambi hizo lo suyo. Él siempre creerá que fueron injustos con él, pero a Zapatero le perdió la falta de criterio en las cuestiones básicas del Estado.

P.- Rajoy.

R.- Ha sido un gran gestor. Lo que le pasó a Mariano Rajoy no pasaría hoy, en absoluto: una moción de censura. Imagínate que hoy a Sánchez le apoya el PNV y mañana le hace una moción de censura. No era un gran orador, pero sí un hombre tranquilo. Aunque también sembró la discordia. Dejó que se pelearan Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Las peleas que él provocó acabaron con su mandato. Y, sobre todo, la deslealtad del PNV, que él no vio venir. Toleró muchas cosas. Cuando se rodeó la sede de Ferraz (sede del PSOE) me acordé yo de cuando se rodeó la sede del PP después del 11-M y se llamó asesino al presidente del Gobierno. Tenemos una memoria selectiva y solo vemos el partido que nos interesa. Que eso lo hagan los propios, no me extraña, pero que eso lo hagamos periodistas, no hay derecho.

«El error de Sánchez es creer que sus actuales socios le ampararán cuando los necesite»

P.- Pedro Sánchez.

R.- Le ha tocado el modelo Frankenstein. Rubalcaba lo definió perfectamente. Ese modelo ha sido una perdición. En autonomías y ayuntamientos estábamos acostumbrados a pactos antinatura, pero cuando se acepta esto a nivel nacional hay un antes y un después. El gravísimo error de Pedro Sánchez ha sido creer que sus socios actuales de gobierno le van a amparar cuando lo necesite. Son insaciables. Puigdemont desde Francia le está insultando al presidente del Gobierno. Las amistades peligrosas de Sánchez no son las de Felipe González; son estas. Porque quieren cargarse el modelo de Estado, la monarquía parlamentaria, el modelo de Estado. ¿Sabes cómo se soluciona esto? Votando, votando y votando. Mientras los ciudadanos voten lo que hay, pues es lo que tenemos.

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