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El nuevo BMW X5 estrena cinco tecnologías de propulsión distintas, incluso hidrógeno

La marca bávara es la que mejor está digiriendo la electrificación, y está mostrando el camino a sus vecinos

El nuevo BMW X5 estrena cinco tecnologías de propulsión distintas, incluso hidrógeno

El nuevo BMW X5.

Se la juegan. En BMW lanzan la quinta generación de su icónico X5 y se han fajado hasta el punto de presentarlo con cinco opciones de motorización distintas, para dejar contento hasta al conductor más retorcido y caprichoso. Pero si esa es una fuerte apuesta, han rodeado a todos esos motores de un giro copernicano a un coche que va disparado a ser una máquina de ingresos para BMW.

Porque si BMW es la alemana que mejor está digiriendo la electrificación, con este SUV no se han olvidado de todos los que aún piensan en su coche de toda la vida, sin inventos. Para ellos han puesto sobre el asfalto —y caminos de tierra— al legendario X5, un modelo que va a enseñar el camino a su industrial vecindario.

El nuevo BMW X5 estrena generación con la mayor transformación de toda su historia. Aquel que en 1999 inauguró la familia de todocaminos de la marca llega ahora convertido en el primer modelo bávaro que se vende en cinco sabores: gasolina, diésel, híbrido enchufable, eléctrico y, más adelante, hidrógeno. Los bávaros se han quedado con todos los boletos de lotería, por si con alguno les toca El Gordo.

La metamorfosis se nota en el morro antes que en ningún otro sitio. El frontal abandona la horizontalidad previa y muestra una parrilla de doble riñón vertical que puede iluminarse. Está flanqueada por unos faros con firma luminosa en forma de doble equis que integran las luces de cruce y los intermitentes. El conjunto sigue el nuevo lenguaje Neue Klasse. Gustará más o gustará menos, pero que es novedoso y rompedor no lo duda nadie.

Las superficies se han limpiado de aristas y las manillas tradicionales han desaparecido en favor de unos discretos tiradores integrados en la carrocería. Ahora basta meter el dedo tras el aletín para que la puerta, de accionamiento eléctrico, se abra sola. Con 4.994 milímetros de largo, dos metros de ancho y 3.035 de batalla, el porte solo puede definirse con una palabra: imponente.

Y cambios atrás para restar masividad

Por detrás, la zaga insiste en la idea de anchura. Los pilotos, mucho más finos que antes, se estiran hacia el centro sin llegar a unirse. Una gráfica luminosa colorea la escena con sus propias secuencias de bienvenida y despedida. El portón conserva la luneta practicable, una rareza cómoda que sobrevive a la moda, mientras los voladizos cortos refuerzan esa silueta musculosa sin parecer pesada.

Si por arriba se corona con un techo panorámico que ahora puede abrirse, por abajo, unos pasos de rueda esculpidos reclaman llantas grandes, de 21 a 23 pulgadas. La versión más deportiva, el M60e, se distingue por sus faros M Yellow, sus llantas exclusivas de 22 pulgadas y cuatro salidas de escape.

Dentro, el salpicadero rompe con la clásica orientación al conductor y se extiende en horizontal, recorrido por esa banda de luz ambiental que ordena el conjunto. BMW mezcla superficies de cristal con un material inédito en un automóvil: la pizarra natural, que estrena como revestimiento decorativo antes que ningún otro fabricante del mundo. Las tapicerías van desde el cuero Merino hasta la alternativa vegana Veganza.

La verdadera revolución, sin embargo, es digital. El nuevo BMW Panoramic iDrive sustituye el cuadro de mandos por el Panoramic Vision, una proyección que cruza toda la base del parabrisas. Se complementa con un head-up display tridimensional y una pantalla central táctil de 17,9 pulgadas. Todo funciona sobre el estreno del BMW Operating System X, gobernable por voz gracias a un asistente potenciado con inteligencia artificial y la tecnología de Amazon Alexa+.

Un cine, solo para el acompañante

Al acompañante también le dan lo suyo. Y lo suyo es una pantalla en formato 21:9 desde la que puede ver vídeos, jugar o seguir una retransmisión deportiva incluso con el coche en marcha. Para que el conductor no caiga en la tentación, una cámara interior vigila su mirada y oscurece el panel en cuanto detecta que aparta la vista de la carretera, aunque sea un instante. El sistema monta un agente de la Guardia Civil entre los dos asientos delanteros que está pendiente de los desmanes al volante.

Bajo esa carrocería se esconde la gama más amplia que ha ofrecido nunca un BMW. La base la forman dos motores de seis cilindros en línea de tres litros con hibridación ligera de 48 voltios: el X5 40 xDrive de gasolina, con 400 caballos capaces de firmar el 0 a 100 en 5,3 segundos, y el diésel X5 40d xDrive, que se queda en 313 caballos pero ofrece un par más generoso.

Los híbridos enchufables suben el listón. El X5 50e xDrive combina el seis cilindros de gasolina con un motor eléctrico para alcanzar los 489 caballos y rodar hasta 102 kilómetros sin gastar una gota de combustible. Por encima se sitúa el X5 M60e xDrive, que dispara la potencia conjunta hasta los 612 caballos y firma el 0 a 100 en 4,5 segundos, sin renunciar a un centenar de kilómetros eléctricos. Ambos ruedan en modo cero emisiones hasta los 140 por hora.

‘Electroshock’

Pero la gran novedad atiende al nombre de iX5 60 xDrive, el primer X5 completamente eléctrico. Estrena la sexta generación de la tecnología eDrive, con arquitectura de 800 voltios, dos motores y 578 caballos que mueven una volcánica batería de 141 kilovatios hora con celdas nuevas. La cifra que marea es la de la autonomía: hasta 845 kilómetros homologados. Y admite cargas de hasta 460 kilovatios, suficientes para pasar del 10 al 80% en apenas 23 minutos.

La quinta pata, la más exótica, tardará en llegar. En 2028 debutará el iX5 Hydrogen, primer modelo de serie de la marca movido por una pila de combustible desarrollada junto a Toyota. Su sistema almacena el hidrógeno en unos depósitos planos integrados en el piso que no roban espacio al habitáculo, y promete cerca de 750 kilómetros de autonomía. BMW deja así abierta cada puerta tecnológica para adaptarse a un mundo que todavía no ha decidido cómo quiere moverse.

El chasis acompaña la ambición. Toda la gama monta suspensión adaptativa de serie y, en opción, una neumática con regulación de altura y dirección integral activa que gira las ruedas traseras hasta 3,2 grados para encoger el coche en maniobras. Las versiones electrificadas pueden sumar el control de balanceo activo, mientras que el iX5 estrena el sistema Heart of Joy.

Peso alto, sensación dinámica

El reparto de pesos cercano al 50:50 y la batería alojada en el piso del eléctrico anticipan un aplomo notable, y la dirección a las cuatro ruedas promete encoger un coche que ronda los cinco metros. Sobre el papel, el X5 conserva la vocación dinámica que siempre lo distinguió de los todocaminos más conformistas.

En seguridad y asistencias, el salto es igual de marcado. De serie llegan el crucero adaptativo, el mantenimiento de carril y la frenada automática de emergencia, y entre las opciones figura un ayudante capaz de circular sin manos en autopista hasta 130 por hora, gestionar glorietas, semáforos e incorporaciones e incluso cambiar de carril con solo mirar el retrovisor.

La producción arrancará en agosto en la planta estadounidense de Spartanburg, la misma que fabrica el X5 desde 1999 y que ahora estrena allí su primer coche eléctrico. Las primeras unidades, de gasolina y gasóleo, llegarán a España a finales de este 2026, mientras que los enchufables y el eléctrico habrá que esperarlos hasta comienzos de 2027. Los precios, de momento, son el único dato que BMW se guarda.

Lo que está claro es que el X5 ya no es un SUV más, sino el escaparate donde BMW exhibe todo lo que sabe hacer en el camino hacia la era eléctrica. No elige bando porque no quiere dejar a nadie fuera, y en esa ambición residen a la vez su mayor virtud y su mayor riesgo. 27 años después, el coche que inventó el segmento vuelve a intentar reinventarlo.

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